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lunes, 17 de octubre de 2011

El hambre de los pobres


Una de las pancartas de la manifestación del 15-O en Barcelona decía "Todo que ganar. Nada que perder". Y no es cierto. Al acabar fui atravesando el centro de la ciudad y era casi más difícil atravesar las calles comerciales que la manifestación. Masas encandiladas en las tiendas, jóvenes, sobre todo, comprando cosas que no necesitan a un precio muy superior a su valor; y ya Machado dijo lo que había que decir de quien confunde ambas cosas.

Aún tenemos mucho más que perder.  El mapa de los lugares donde hubo manifestaciones ayer lo ilustra. Parece ser que fueron 951 ciudades en 82 países. Ahí, donde no hay puntos rojos (África y Asia, sobre todo) es donde tienen mucho más que ganar que que perder; porque para perder tienen poco, ni la vida, que se les escapa cada segundo. No es que pasen hambre; es que el hambre es su vida (mil millones de personas se van a dormir todos los días con hambre). Hace tiempo que no vivimos de otra cosa más que del hambre de los pobres, solo que los pobres ahora somos nosotros. ¿O no? Cuando el mundo estaba a nuestros pies el sistema no nos parecía tan malo, y no queríamos enterarnos de que vivíamos del hambre de los pobres, y así seguimos. Pero la culpa siempre es de los demás, nunca de nuestra codicia. 
Bien está manifestarse, pero hemos salido tarde. Teníamos que habernos echado a la calle cuando todavía atábamos los perros con longanizas, y no cuando nos hemos comido la longaniza, los perros están muertos o vagan sin saber a dónde ir y la cuerda ya solo sirve para ahorcarse. 
PS: No me gustan lemas como "que no nos representan" (a ti quizá no, pero a otras personas, sí) ni ideas como esa de que "los políticos no sirven para nada y tendrían que irse todos a su casa". Eso ya lo hemos vivido y era bastante peor. Cuidado con lo que pedimos.


domingo, 2 de octubre de 2011

Me siento ciudadano antes que mujer


Honor y gloria a Clara Campoamor y el resto de las mujeres que nos hicieron la vida un poco más fácil y mejor, también a lo hombres. Ochenta años después, a veces parece que fue anteayer. Gracias sufragistas.


sábado, 7 de mayo de 2011

Zarandajas éticas


He debido de perderme algún momento histórico; uno en el que la humanidad ha decidido que aquellas puñeteras leyes y acuerdos redactados tras el horror de la Segunda Guerra Mundial para intentar que el horror fuera un poco menos cruel. Y ahora resulta que la caza y captura, el asesinato extrajudicial y sumario, y la eliminación del cadáver del ejecutado son actos políticos bendecidos por representantes democráticos de los ciudadanos de unos cuantos países. Es más, le damos vueltas a si ha sido una ilegalidad (la inmoralidad más vale que ni la pronunciemos) o un acto de guerra; mira con qué burdo tirabuzón lingüístico dejamos en orden la vida y la muerte. Y los gobiernos asienten y los ciudadanos se inmutan poco y el Tribunal Penal Internacional silba.

Eso era solo el final. Para llegar al momento culminante de la acción salvadora, se ha utilizado la tortura, esa bajeza de la que habíamos renegado y habíamos aborrecido. Y ahora no solo parece bien sino que se presume de su eficacia. Luego condecoran al escuadrón que voló en la noche, asaltó la casa de un sospechoso en Pakistán, lo mató y arrojo su cuerpo al mar; escuela pinochetista con última tecnología. A partir de ahora, nada impide que a cualquier sospechoso de un crimen muy horrible nos lo quitemos de en medio cuanto más rápido mejor. Espero que haya un listo que defina sospechosohorriblemuy y rápido. Incluso, poniéndonos cínicos, que se atrevan con útil.

Funcionábamos con unas normas (convicciones para algunos) que dificultan la lucha contra los malos pero que nos hacían mejores. ¿Y ahora? 


lunes, 21 de marzo de 2011

Egipcios - y 4-



De todos esos egipcios históricos he ido acordándome a medida que se sucedían hechos  asombrosos (he visto cosas que vosotros no creeríais). Pero hay dos personas de volvían a mi memoria una y otra vez.

Farid  debe de tener alrededor de 45 años, y quizá algún hijo más del que tenía cuando lo conocí. Profesor de árabe, uno de esos egipcios orgullosos de su pasado, del remoto y del cercano, discutidor, de los que heredaron del periodo del renacimiento árabe (el primero, la nahda, porque quizá este sea el segundo) la pasión por opinar y conocer las opiniones de los demás, y la devoción por la prensa y los intelectuales, y el dolor de no ser lo que podrían ser. En la clase de lengua de los medios de comunicación se soltaba y se divertía. El primer día de clase nos hizo entender que Mubarak era un tirano y su hijo Gamal, un sinvergüenza. Ese día yo aprendí dos palabras nuevas: nacionalización y orgullo; y nos dio para trabajar un artículo del periódico de la oposición que hablaba de un preso preventivo acusado de injurias al presidente. Empezaba a opinar sobre cualquier cosa y cuando quería indicar que lo siguiente no se podía decir se ponía las manos cruzadas sobre la boca y hacía como el que se empeña sin éxito en abrir la boca. Otras veces dejaba una frase a medias y se pasaba el índice por el cuello,  con ese gesto que todo el mundo entiende como una ejecución. Y así, entre risas y gestos, nos contaba la historia de Egipto y diseccionaba los intríngulis políticos. Debe de estar feliz.

El otro es Zakaria Ibrahim. No sé si es el fundador, pero desde luego, sí el ideólogo de at-tanbura. Tocaban (tocan) los miércoles por la noche en un café de Port Said (en realidad, en  Port Fuad que es la parte de la ciudad que queda al otro lado del canal de Suez). A lo largo de, al menos, tres horas iban subiendo y bajando hombres al escenario. Se añadían a una canción o empezaban una nueva, a cantar o a bailar. Se reían, hacia bromas, entre ellos y con un público en el que todos se conocían y coreaban las canciones. Zakariya me contó que en origen el grupo salía de los trabajadores del canal, de aquellos que tuvieron el orgullo de estar en el tajo cuando se nacionalizó (otra vez las dos palabras: orgullo y nacionalización) y que la mayoría de las canciones hablaban de eso, de resistencia, de lucha, de dignidad, del opresor, de libertad. No sé si habrán vivido estos dos meses con la amargura del que ve vencida su revolución, con la  ilusión del que nunca deja de ser revolucionario o con la indiferencia del que ya ha visto el mundo patas arriba una vez.


Los egipcios parecen tener mucha prisa para cerrar etapas (quizá algunos quieren coger el control antes de que los demás se organicen). Hoy han votado en referéndum algunos cambios en la Constitución. La propuesta de la junta militar y de los Hermanos Musulmanes ha obtenido más del 70 % de los votos; y la propuesta es de unos cambios mínimos que da la posibilidad de que esos dos grupos mantengan todo el control. No parece un buen principio, y tampoco es cosa de organizar una revolución cada año. Sin embargo, cuando hace unos meses mucha gente solo iba a votar previo cobro de una cantidad que variaba según el barrio donde tocara votar, hoy los egipcios han ido a votar en masa y han hecho colas ordenadas y tranquilas; a la vista de eso, las naves en llamas más allá de Orión y los rayos C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäusser son una fruslería.

PS: Los partidarios del no querían una Constitución completamente nueva, que hubiera un gobierno de transición, para que el proceso no se produjera bajo el mando de la junta militar y que se dejara pasar algo de tiempo para que se organizaran los partidos políticos y pudieran dar a conocer sus propuestas. Las reformas aprobadas establecen que ni un cristiano ni una mujer pueden ser presidentes del país y mantiene que la sharíaa es la fuente de la legislación.

domingo, 6 de marzo de 2011

Egipcios -3-



Qásim Amín  (1865-1908) bebió de las fuentes de Abduh (y de al-Afgani, un personaje controvertido al que algunos consideran un intelectual y abnegado luchador, mientras que otros lo tienen por un cantamañanas y ególatra impostor). La particularidad de Amín es que se empapa no solo de positivismo (eso lo hacen muchos) sino, también, de darwinismo; eso lo lleva ―en un peligroso y poco acertado ejercicio de sociobiología avant la lettre― a interpretar la decadencia de las sociedades islámicas como el resultado de la selección natural. Opina que en la lucha por la supervivencia la ignorancia conduce a la inferioridad y sitúa el principio de esa ignorancia en la familia, en la que, dice, imperan relaciones de tiranía; y para revertir tal situación, hay que cambiar el núcleo, que es, a la vez, el elemento más débil: la mujer. La solución la resume en educación y consideración social. Habla de que la mujer debe salir del aislamiento del hogar y que debe vestir sin velo. Y todo eso lo escribe alrededor de 1900 y en Egipto (en dos libros, aquí reducidos a tres frases). No recibe aplausos, pero tampoco lo obligan a callarse, y eso es una medida del aire que se respira. Se ha imbuido de positivismo y cree que la mejor sociedad es la que se basa en el conocimiento y en la ciencia. No deja de ser musulmán, pero, como otros intelectuales liberales, tiene como objetivo paragonar la sociedad egipcia con las europeas. Hoy lo tacharían de traidor a la patria y de neocolonialista.

En ese grupo está también Lutfi as-Sáyyid (1872-1963), menos radical y más nacionalista que Amín; cree que lo que sea Egipto lo será por su historia y no por la religión que predomine en su sociedad. También tiene más carga política. El poder crea sujetos sin derechos, y el despotismo de los poderosos alimenta el servilismo de los ciudadanos y su sumisión mental: ese es el problema (eso podría ser la formulación intelectual de una expresión de uso corriente, al menos hasta ahora, en Egipto: ma aaleish; algo así como ‘no importa’ o ‘da lo mismo’). Y habla de fortaleza, confianza en sí mismos e independencia de espíritu. Las autocracias y los sentimientos no generan naciones fuertes, dice; así que la ley debe basarse en el acuerdo, y la unidad, en los intereses comunes. Pero para él, Europa no es el único modelo. Egipto tiene un pasado milenario y glorioso; esos elementos culturales y el territorio es lo que da cohesión, sin necesidad de apelar a la religión. La educación proporcionará libertad; y en concreto, la educación y la liberación de la mujer darán bienestar a la nación. Incluso si lo dijera hoy parecería revolucionario.

Ali Abd ar-Ráziq (1888-1966), de formación y carrera clásicas, era juez islámico y ulema de al-Azhar, si bien es cierto que creció en un ambiente liberal y racionalista. De hecho, estudió en Oxford, y estuvo relacionado con Abduh y con  Lutfi as-Sáyyid. En 1925, escribe un libro titulado El islam y los fundamentos del poder (trad. J. A. Pacheco. Universidad de Granada, 2007) en el que afirma que el califa no es un jefe político, por lo que si la comunidad hallara una forma de gobierno que le sea más conveniente que el califato, habría que adoptarla para defender mejor la ley de Dios. Su tesis es que el islam no obliga a tener un sistema político ni de gobierno determinados, sino que, por el contrario, da libertad para que una sociedad organice su Estado según las condiciones y las demandas sociales y económicas con las que  se encuentre en cada momento. Dicho en términos actuales, está defendiendo el laicismo de las sociedades islámicas. No hay herejía en la libertad ni contaminación colonialista en la democracia; pueden decidir cómo quieren gobernarse. El Consejo Supremo de Ulemas de al-Azhar intervino de oficio y lo inhabilitaron como ulema y como juez. Lo acusaron de radical; muy al contrario, seguía, y de manera ortodoxa, la tradición islámica de opinión y argumentación, pero las ejerció con cuatro elementos en contra. Sus iguales, los ulemas (ignorantes y miedosos); su sociedad (mucho tiempo en la pobreza y el subdesarrollo); los otros políticos liberales (ven que pueden hacerse con el espacio político que deje); y Europa, donde quien conoce el libro, lo desprecia (por intentar mantener privilegios ya insalvables se pierden oportunidades futuras; los últimos treinta años son un ejemplo).

Abd ar-Raziq es, quizá, el último intelectual que escribe con libertad (y lo pagó caro : paso el resto de su vida de chupatintas en ministerios, condenado al ostracismo). Luego llegaron nacionalistas como Saad Zaglul, sectarios pseudoreformistas como Rachid Ridà y Hassan el-Bannà, y una revolución, la de los Oficiales Libres, demasiado populista y preocupada por ese quitate tú pa’ponerme yo que tanto les gusta a muchos militares como para atender a esos tres factores que tanto habían repetido quienes reflexionaron en cómo construir un Egipto moderno: la educación, la mujer y (cierto) laicismo.

lunes, 7 de febrero de 2011

Egipcios -1-


Rifaa Rafii at-Tahtawi (1801-1873) era un imán educado en al-Azhar y destinado a enseñar en al-Azhar, pero se cruzó en su camino la decisión de Muhammad Ali de mandar unas misiones educativas a París. Ali se daba cuenta de que Egipto se quedaba atrás y necesitaban jóvenes formados. Pero mandar unos jóvenes egipcios a París era una empresa arriesgada, al menos sin un líder espiritual, alguien que velara por que no se descarriarán. Ahmad al-Attar, un magebrí  que había estado en contacto con franceses, dirigía al-Azhar y cuando le preguntaron por alguien que pudiera ir con la primera misión de estudiantes, recomendó a at-Tahtawi.

El imán llega a París en 1826. Se queda cinco años, en los que estudia una especie de bachillerato, lee todo lo que pudo, y, sobre todo, observa. Al volver convence a Muhammad Ali de que cree una escuela de traductores. Él mismo se dedicará a la traducción sin descanso, convencido que que Egipto necesita todo el conocimiento europeo. Una de las cosas que ha aprendido es que en Egipto habían gobernado grandes faraones y que su país tenía una historia larga y rica que en el resto del mundo estudiaban, pero que nadie en Egipto conoce. Entra como traductor en las escuelas de Artillería Medicina (en esta acaba impartiendo clases de anatomía). No tiene límites, quiere saber de todo y escribir, para que los egipcios puedan aprender. Tras cuatro años semiproscrito en Sudán, vuelve, ya con Ismaíl  como jedive del Imperio otomano,  lo nombran asesor del Gobierno en materia de educación, En ese periodo hace que la imprenta estatal publique los clásicos árabes (como Ibn Jaldún).

Dice at-Tahtawi que el islam es compatible con la sociedad contemporánea. Cree que el sistema de gobierno ideal es una autocracia limitada por la sharíaa, la cual debe adaptarse a los tiempos, y entiende que debe haber separación de poderes, si bien piensa en algo más parecido a los estamentos medievales que a Montesquieu; los ulemas deben ser un contrapoder del rey y deben conocer los saberes modernos para poder adaptar las leyes. El asunto socava los cimientos del sistema porque implica reformar las instituciones educativas islámicas, empezando por al-Azhar, de donde él ha salido y que es (entonces y después) paradigma del inmovilismo. Propone una sociedad inspirada en los científicos (había trabajado unos años en los sistemas de irrigación del Nilo). Defiende la libertad individual de acción y de empresa y una justicia basada en la equidad y en la aplicación de leyes justas.

Impresionado por la sociedad europea, es partidario de una idea decimonónica del progreso (producción y acumulación de riquezas) motivado por el patriotismo, que es la base de las virtudes políticas; ese progreso requiere que los ciudadanos crean en las virtudes sociales y las practiquen; y a eso solo se llega por la educación, en la que hay que incorporar los nuevos conocimientos. El problema de las sociedades islámicas es que han perdido tales virtudes por culpa de gobernantes corruptos. Propugna una enseñanza primaria universal porque, afirma, una persona que sabe leer y escribir puede estudiar, aprender las innovaciones que atañan a su oficio y mejorar en él, no importa lo simple y humilde que sea. Además, el pueblo debe participar activamente en el proceso de gobierno, pero para eso debe estar educado. También cree que las mujeres deben educarse, porque una mujer está capacitada para trabajar, pero para eso necesita estudiar, y porque así educará mejor a sus hijos.

Anteayer, el portavoz de al-Azhar, dimitió de su cargo. Quería ir a la plaza at-Tahrir a manifestarse contra el régimen y por la libertad del pueblo egipcio, pero era su postura personal y no la de la institución, si bien quiso insistir en que el islam prohíbe toda forma de injusticia. Se llama Muhammad Rifaa at-Tahtawi y es descendiente de aquel imán que fue a París.

PS: El libro donde relata su experiencia en París es Tajlis al-Ibriz fi Taljis Bariz (versión en inglés: An imam in Paris) y aunque su prosa puede resultar un poco pesada para el gusto occidental, resulta casi tierno ver a ese hombre admirado porque todas las calles tengan alcantarillas o por los muebles y paredes pulcros y cuidados de las casas). 
Las transliteraciones de los nombres y otros términos árabes de esta entrada son una simplificación que busca la similitud fonética con el original al ser leídas con el valor fonético de las letras en español.

lunes, 31 de enero de 2011

La violencia y la burla




Desde hace años los cibercafés del mundo árabe están llenos de chavales (y chavalas, por si hace falta aclararlo). Amman, Rabat, Damasco, Alejandría, El Cairo están llenas de cíbers; y también Moroni, Tetuán, Sanaa, Niamey y Nuackchot. Hay una o dos generaciones de árabes que han descubierto el mundo a través de Internet. Algunos lo usan para relacionarse con el chico o la chica que les gusta saltándose unas normas sociales que les impiden hablar libremente por la calle con personas de otro sexo; otros buscan comunidades islámicas para compartir su visión de la religión, otros juegan y trastean. Sí, se han saltado un paso, ese en el que la gente se cultivaba en los libros y ganaba experiencias viajando. Tampoco saben que una vietnamita no solo es una mujer de Vietnam ni esconden panfletos bajo el colchón. Pero saben que hablar con el mundo y contar lo que pasa y lo que están haciendo es la clave.

Es emocionante seguir los grupos de facebook, como Todos somos Jálid Saíd (es más activo en la versión árabe, pero saben que es importante mantener una versión en inglés) o Nawaat, que también está en facebook. Es emocionante ver como han sorteado los intentos de colapsar las comunicaciones, como circulan los consejos para defenderse de la policía en las manifestaciones o como se organizan para no verse implicados en pillajes y saqueos que nada tienen que ver con ellos. Y ver que han ido desarrollado lenguajes, y escriben en inglés, en árabe formal o en dialecto, con alfabeto árabe o con letras latinas a las que añaden números que "transliteran" los fonemas árabes sin equivalentes en aes, bes y erres; como sea, pero hablan y se dan ideas y comparten visiones e información.

Mujabarat (mukhabarat, مخابرات) es una palabra que inquieta en todo el mundo árabe (alude a los servicios de información del aparato de Estado); cuando alguien la pronuncia en voz baja en un café y dirige la mirada con disimulo hacia una esquina, los que la oyen cambian de conversación. Pero parece ser que no andaban mucho por los cíber. Los jóvenes sí, y se han cansado de que su mundo se reduzca a la pantalla de un ordenador.  Y han descubierto una nueva manera de hacer caer dictadores; la más parecida a la ideada por Albert Cossery  (escritor egipcio en francés) en La violencia y la burla, que consiste en ridiculizar al tirano: hace tiempo que Mubarak y Ben Ali son grotescos (y Buteflika y M-VI y al-Assad, y Gaddafi y Saleh, y al-Bashir y...), y estos jóvenes están poniéndolos en ridículo con un ordenador. Ahora el mundo ya no tiene excusa para no saber lo que pasa allí. Por cierto, ¿quién es Catherine Ashton?

PS: Quería decir cosas de Túnez pero pensé que era mejor esperar a que las cosas se serenaran un poco. Entonces estalló Egipto. Quizá haya que esperar, pero nadie me quita esta emoción.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Lecciones africanas


Uno de los wikilieaks del día es que el presidente de Sudán escondió en bancos británicos 6.800 millones de euros. Parece ser que en muchos países africanos hay corrupción.  ¡Vaya! por fin hemos dado con uno de los mayores impedimentos para que los africanos vivan con dignidad y sin hambre. El otro es la codicia y la falta de escrúpulos del llamado primer mundo, o sea, nosotros. Para que el presidente de Sudán tenga esa pasta en bancos británicos necesita colaboradores, como los bancos que no le hacen ascos a su dinero. Entre ellos está el Lloyds, cuyo rescate han pagado los ciudadanos a escote. Igual el tiparraco este pone algo para agradecer los servicios prestados por Europa, porque esa pasta no se la hace un africano si no cuenta, no solo con la aquiescencia, sino con la participación activa de empresas y gobiernos europeos. Luego nos reímos de ellos y decimos que están en párvulos de democracia, porque al día siguiente de laselecciones, hay golpe de Estado y vuelve al poder el presidente que había. Con el consiguiente lío, fíjate, otra vez a localizar la capital de Costa de Marfil.

Nunca se sabe si los buenos eran los depuestos o los golpistas. En Níger hubo un golpe de Estado en febrero de este año. Que si el anterior quería perpetuarse en el poder, que si había cambiado las estructuras políticas contra la Constitución...  como si a los nigerinos les importara la Constitución (alrededor del 80% de analfabetismo, puesto 161 en el Índice de Desarrollo Humano). Dicen por Niamey que el presidente depuesto era nacionalista, que quería recortar los privilegios de Francia en la explotación del uranio y darle más bola a China (cuando nos demos cuenta, toda África será China). También dicen que el golpista, en realidad, tiene la muy buena intención de modernizar el país e ir modificando costumbres y comportamientos tradicionales que tanto lastran su desarrollo. Con lo que sabemos (con lo que sé) de Níger es imposible hacerse una opinión.
Hay algún indicio en Niamey de que la corrupción también allí es un problema, y extendido.  Si no fuera así, no se le habría ocurrido a alguien poner unos carteles gigantes y muy didácticos; ya hace tiempo, habida cuenta de su estado actual. No sé cuántas personas, de las que sabían leerlo, prestaron suficiente atención al cartel de marras para partirse la caja al llegar a la última consecuencia anunciada: «Retirada de los inversores extranjeros»; esos que nada tienen que ver con la corrupción. No me consta que en las ciudades españolas vayan a poner unos carteles como este, a pesar de que aquí contamos con la ventaja de saber leer. 

domingo, 28 de noviembre de 2010

Atunes y elecciones, o el que venga detrás que arree


Día de elecciones y yo sin decidir. Ni dejar de escuchar el parloteo de los candidatos ni no mirar las chorradas en forma de vídeo me ha ayudado a serenarme y saber qué tengo que hacer. Me siento insultada por las campañas electorales, y no solo por esta, que ha sido como si nos llamaran lelos un minuto sí y al siguiente también. Me irrita que piensen que mis decisiones depende de cuatro voces mal dadas en la tele, de unos carteles con sonrisas impostadas y de unas frases tópicas y mal dichas. O creen que soy idiota o son ellos los idiotas; ninguna de las dos opciones me lleva a querer que me representen.

Y en esas andaba cuando me encuentro con una noticia sobre la pesca del atún rojo.  En resumen: a)  todo el mundo sabe que quedan pocos y cada vez menos; b) hay gente que saca pasta (mucha) de todo esto y dice que a ellos no les toquen un céntimo; y c) los políticos a quien corresponde tomar decisiones pasan de a) y aplican b). Los que gritan a), a partir de los datos que proporcionan los científicos, son los ecologistas; a mí me parece que deberían ser los economistas (esos adivinos a toro pasado incapaces de prever problemas y proponer soluciones pero expertos en analizar hechos consumados y prescribir remedios que no han funcionado jamás) porque de lo que va esta noticia es de gestión de recursos, o sea, de riqueza o pobreza.

Oí decir a un pescador que no entendía que cuantos más peces se necesitaban, porque eran más pescadores, menos daba el mar; y luego decía algo de un tal Dios, al que debía de imaginarse fabricando merluzas. De los que viven de la pesca no pido conocimientos de dinámica de poblacionesn, pero sí que entiendan la fábula de la gallina de los huevos de oro. Me da lo mismo lo que le pase al atún rojo dentro de cincuenta años (creo que el sushi no es nada del otro mundo). En realidad, casi me da lo mismo lo que le pase al mundo dentro de cincuenta años; y si me me empeño, me da lo mismo lo que le pase dentro de cincuenta días, pero hay que ser gilipollas para destruir lo que te da de comer.

Lo que me ha hecho ver la luz y decidir, por fin, cómo ejercitar mi derecho al voto ha sido el papel desempeñado por los políticos. No digo yo que los representantes del pueblo tengan que ser inteligentes; ni siquiera albergo la esperanza de que unos pocos sean brillantes y tengan ideas (e ideología). En el caso de los que deciden sobre la gestión de la pesca del atún no espero que estudien el ciclo vital de esa especie ni que entiendan qué es el saldo demográfico, pero a alguien que toma mi voz y decide por mí cómo va a ser el mundo le exijo que sea valiente, y que sabiendo que tiene que hacer algo no haga lo contrario. 

PS 1: Otra gilipollez, ya que estamos. Entre las noticias destacadas del día no están unas elecciones que sí pueden ser un clave para el mundo de los próximos cincuenta años. Las hacen en Egipto, y hay que ser corto de miras para no entender que nos afectan. Le honra la excepción a Público, que ha tenido a bien mandar un corresponsal que lo cuenta y lo explica.

PS 2: Y como no hay dos sin tres, me pregunto por qué no haypolíticos con enjundia, que no sean guiñoles de unos partidos que a lo más que aspiran es a no perder escaños, que piensen algo y lo digan, aunque se equivoquen, y crean que su trabajo consiste en cambiar algo y mejorarlo, y que su negociado es de de las personas y las sociedades y no el de los mercados.

domingo, 31 de octubre de 2010

Josefina



Ni el trabajo ni el pan ni la libertad ni el futuro se regalan. Marcelino Camacho



Hay pocas cosas que me conmuevan más que la integridad y la firme decisión de ser lo que se es y lo que se quiere ser; y me admira la tozuda resistencia contra los ecos fatuos del poder. No estoy segura de que yo pudiera con ellos.

De las imágenes aparecidas a propósito de la muerte de Marcelino Camacho, esta es una perfecta declaración de principios: su mujer, un amigo, su ideología y la marquesina de un autobús. Es la escueta descripción de la vida de un hombre que a esas altura podía tener despacho, coche, cargo honorífico, lugar reservado y unas cuantas prebendas. Sin embargo, parece seguir obstinado en defender algo para todos y anhelar para sí solo lo necesario para vivir. No viene al caso si lo hizo bien o mal; solo hablo de la persistente convicción de que o nos salvamos todos o no se salva nadie, de la decisión tenaz de levantar la voz por los más débiles y de una manera de vivir convencidamente honrada y entregada.

Y con todo, las imágenes que me han emocionado son las de Josefina Samper, su mujer. Ella era quien tejía los famosos marcelinos, esos jerséis de lana gorda con cremallera y cuello alto que inventó porque él tenía la garganta delicada y en la cárcel siempre estaba con faringitis. Luego siguió tejiéndolos; y él siguió llevándolos toda la vida. También ella, con toda la dignidad de una mujer sin bótox ni peluquería. Murió su marido y supo que tenía que estar ahí, aguantando el tirón con entereza, como estuvo siempre. Se puso una chaqueta de lana y fue para allá, a agradecer a todo el mundo que fueran a despedirse. Para ser la persona más digna de todos los que pasaron no necesitaba ni trajes negros ni gesto alguno, le bastaba su vida entera. Luego se volvió a su casa.

PS: Eso ocurría un día antes de celebrarse el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, otro ejemplo de dignidad y voluntad de pensar y decir, llorado por otra Josefina (Manresa), una mujer morena resuelta en lunas.

lunes, 23 de agosto de 2010

Aprendices de Padrino


Julian Assange tiene una biografía interesante, de la que el hito más reciente es haber proporcionado a través de wikileaks bastante más información sobre Afganistán de la que el Gobierno estadounidense (los grupos de presión, las multinacionales, los generales y algún financiero) quería que supiéramos; y mucho más de lo que sabremos, porque wikileaks se hizo con tal cantidad de documentos que no hay quien se los lea y los procese.

De los documentos se apoderó un soldado de veintidós años que dice que lo hizo por «ideología», porque «estaba insatisfecho con ciertas políticas militares y quería dañar la política exterior de EE. UU.». Yo creo que el tío está para que lo encierren y será el típico loco con gorro de Napoleón. También es para temblar que el Pentágono cree que el pájaro le birló cientos de miles de documentos clasificados, mails, videos y vaya usted a saber qué otros secretos; el Pentágono lo «cree», cuando los documentos andan por ahí de boca en boca, es decir, de web en web. Y se los ha afanado un tipo al que le rebajaron el rango por pelearse con un amigo pero le dejaron toda esa información que se supone que es peligrosa si no se mantiene en secreto. A Manning lo tienen en un centro de retención de Kuwait, pero me imagino que al psicólogo y al jefe de personal del departamento para el que trabajaba los han dejado en el desierto de Kuwauit, sin centro y sin nada.

Y mientras, a Julian Assange le encasquetan dos acusaciones de violación en Suecia, de la noche a la mañana, sin que se sepa ni a quién ha violado ni cuándo. Y de la mañana a la noche, la fiscalía anula la acusación y dice que ha sido un error. Assange, dice que ya lo habían avisado de posibles acusaciones falsas y que probablemente fueran de carácter sexual. Lo de matar al mensajero no es nuevo, y ya se sabe que en la guerra lo primero que muere es la verdad. Que quieran ocultar información, que sean torpes y que ni por asomo se les ocurra que la transparencia es la característica básica y primordial que los gobernantes deben a la sociedad democrática que les ha dejado el poder un ratito son asuntos que no sorprenden y casi ya ni indignan. Ahora bien, esta vez los métodos son donvitocorleónicos.

Pero no nuevos. A no se sabe quién de la CIA se le ocurrió difundir un video trucado en el que se vería a Saddam Hussein fornicando con un joven (homosexualidad + pederastia, todo en uno); hubiera sido un juego de metanarración y metahistoria que el video lo acompañaran unos poemas de Abu Nuwas. También se les ocurrió montar unos videos con Bin Laden borracho; y también a esto le hubiera ido bien algo de Abu Nuwas. No es la mala uva de la idea lo que me trastorna, no. Lo que me encalabrina* son los temas elegidos para hacer quedar a alguien como un ser repugnante: sexo y alcohol (drogas); no perdamos tiempo en citar el alcoholismo de Bush ni los presidentes pichabravas… Y ahora, con Obama al frente, dos acusaciones de violación (sexo, otra vez) para machacar a Julian Assange. ¡Que aburrimiento y que hartazgo! ¡Qué enfermos están! Lo de la cabeza de caballo en la cama parece una manera honrada, limpia y abierta de hacerte saber que has cabreado a alguien.


* He aprendido el verbo encalabrinar, y lo voy a usar a troche y moche porque me va de perlas para compendiar lo que me pasa, con sus diversas acepciones, de una en una o, a veces, varias al tiempo. Es más, quizá encalabrinamientos sería un buen nombre para este blog, por que ahora ya me encalabrino aunque no me suba a la gavia.

sábado, 24 de abril de 2010

De ciencia o de letras

Leo en un suplemento cultural la reseña de José Manuel Sánchez Ron (de hecho, sus reseñas son de las pocas que leo porque no me parecen publicidad) sobre el libro Física para futuros presidentes. El crítico parte de que no es posible tomar decisiones en el mundo actual sin saber física. Cierto, hay que saber de energía nuclear, circulación general atmosférica, rayos y ondas de todo tipo, dinámica de fluidos y unas cuantas cosas más para adoptar medidas no solo de gestión sino, también de gobierno.

No es lo mismo gestionar que gobernar, aunque la mayoría de los gobernantes (de los políticos) actuales se conformen con la primera tarea. Piensan que con rodearse de buenos técnicos (el primo de Rajoy que sabía de cambio climático) y dejándose asesorar ya están salvados y pueden tomar decisiones. Siempre me ha inquietado que un montón de personas (presidentes de países) firmen acuerdos sobre cómo detener un virus sin saber qué es un virus o sobre protección medioambiental sin entender cómo funciona una red trófica. Así que me parece buena idea que los gobernantes lean un libro (divulgativo y de cuatrocientas páginas) sobre física; me gustaría que también leyeran uno de ecología (no de ecologismo), uno de matemáticas, uno de química, uno de farmacología, uno de geología, algo de microbiología y de genética…

Leo también que las multinacionales de la alimentación intentan presionar a los médicos para que recomienden sus alimentos funcionales (los que además de alimentar se supone que proporcionan salud, como si no fuera eso lo que tiene que hacer todo alimento) en competencia con eso buitres que se ven en los ambulatorios, dispuestos a obsequiar a nuestros médicos con viajes y estancias en hoteles de lujo (en forma de congresos) a cambio de que nos prescriban sus fármacos, sin que nosotros recibamos (ni exijamos) explicaciones (no doctrina) sobre la necesidad de tomarlos.

Así que ya puestos, sería conveniente que los ciudadanos también leyeran sobre ciencia. He visto pocas actitudes más paletas que eso de decir «es que yo soy de letras» para desentenderse de todo conocimiento científico y desinteresarse de… todo; porque cómo funciona la vida y el mundo (con todos los artilugios y fenómenos que usamos) lo explica la ciencia (quizá la literatura enseñe a vivir, pero no explica la vida). Y sin embargo, muchas personas no tienen ningún interés en entender esos menajes publicitarios sobre alimentos que obran maravillas en su cuerpo, detergentes que hacen cosas sobrenaturales y cremas que contienen sustancias y moléculas prodigiosas; ni cómo puede ser que un volcán bloquee (o no) un continente, por qué hay países que parecen condenados a que el destino los machaque a terremotos, a qué se debe esa manía de ir a pescar a Somalia (y porqué la alteración del fondo del mar que provocan las redes de arrastre lleva a la desaparición de los peces) y que no es posible dedicar la selva a cultivos después de talar los árboles.

La fama de cenutrios siempre la ha tenido la gente de ciencias, pero lo cierto es que casi todas las personas que yo conozco de ciencias tiene una cultura notable (leen, van a exposiciones y a conciertos, ven películas, saben algo de historia, viajan…) y, desde luego, no presumen de no saber nada de letras. Será porque entender cómo se duplica el ADN y que dependemos de que estén bien situadas esas míseras cuatros bases nitrogenadas da un baño de realidad y humildad que aleja de las grandilocuencias (algún científico pedante también conozco). Sí, es muy conveniente que los gobernantes aprendan algo de ciencia; y más aún que se apliquen los gobernados, para no ser manipulados por magos y alquimistas de esos que atesoran conocimientos vetados a los mortales. Por eso y porque hay que ser muy inculto para no considerar que la ciencia es cultura. Es difícil dejar de ser un patán sin conocer el segundo principio de la termodinámica, aunque te hayas leído todo Proust, todo Schopenhauer y entiendas a Joyce.

domingo, 14 de marzo de 2010

Santas sin peana, heroínas sin estatua

El primer día que entré en la universidad, además de estar impresionada por un edificio antiguo de techos altísimos y pasillos en los que resonaban los pasos, me sentía cohibida y, al mismo tiempo, emocionada. Cierto que yo llegaba desde una pequeña ciudad en la que la universidad era casi un lugar mítico al que iban unos pocos privilegiados (con más inteligencia y con más dinero que los demás); cierto también que, con apenas diecisiete años, yo veía en ese lugar una promesa de horizontes abiertos casi infinitos; y todo eso, a pesar de que mis dos hermanos ya habían cursado sendas carreras (y uno de ellos daba clase en la facultad a la que yo acudía), que ante mis ojos había un montón de gente normal, que a los profesores (a muchos) ya se los trataba de tú y que por los pasillos circulaban tantas mujeres como hombres. Y aun así, yo estaba sobrecogida y emocionada.
Así que no puedo imaginarme cómo se sintieron Concepción Arenal, María Elena Maseras y Dolores Aleu, cuya historia cuenta el rector de la Carlos III en El País. La primera tiene alguna calle, pero las otras dos son muy poco conocidas, y la universidad de Barcelona, que tuvo el honor de tenerlas como alumnas (más o menos clandestinas), no les ha dedicado ni un aula (que yo sepa). Su vida no se estudia en ninguna parte ni sus historias se cuentan en televisión (se dedican a vidas interesantes e historias edificantes de señoras cuyo mérito es haberse casado con un señor famoso, ¡qué derroche de modernidad!). Esas fueron las pioneras, auténticas heroínas sociales (ser héroe en una guerra es mucho más fácil porque todo lo propicia). Pero las siguieron muchas otras, a partir de ese 8 de marzo de 1910 en el que el ministro de Instrucción Pública, el conde de Romanones (que nadie se confunda, era de todo menos bueno: montó la guerra de Marruecos para hacerse rico con la explotación de minerales e hizo pasar el ferrocarril en Guadalajara por tierras de su familia para sacarse un pasta con la expropiación, y ya sé que ambos hechos parecen sacados de noticias recientes) firmó la orden que autorizaba a las mujeres a matricularse en todas las instituciones docentes.
Al-Tahtawi fue un imán egipcio que Muhammad Alí mandó en 1826 con estudiantes a París para que actuara de asesor espiritual. Lejos de reducir su trabajo a esa función, se fijó en todo y llegó a unas cuantas conclusiones, que reflejó en un libro (no traducido al español) y en un intenso trabajo de propuestas pedagógicas que desarrolló ya a su vuelta a Egipto. Una de sus ideas fundamentales era que había que educar a las mujeres. No es que fuera un feminista desaforado y reivindicara derechos, sino que, decía, la mujer que estudia no pierde el tiempo en chorradas (andar cotilleando con las vecinas) y que, por otra parte, las mujeres eran (¿son?) quienes más influencia tenían en los hijos, de manera que su educación era una inversión de futuro imprescindible para un país. Y el mundo le da la razón: los países avanzan cuando sus mujeres se educan, adquieren cultura y derechos, y participan de la vida económica y social; por no hablar de situaciones realmente difíciles, en las que son las mujeres las que dan el callo para salir de la ruina (comprobado que tiene más coraje para iniciar proyectos y cumplen mejor la devolución de los créditos). Es importante entender que de que las mujeres estudien y tengan todo tipo de derechos se beneficia toda la sociedad (y no necesariamente ellas que, en primar instancia, asumen los derechos y no pierden ninguna de las obligaciones anteriores).
No conozco los nombres de las primeras (y la segundas y las terceras) mujeres que se matricularon en las universidades españolas ya con pleno derecho; derecho, sí, pero costumbre no, así que me imagino que la mayoría de ellas tuvo que pasar por discusiones y presiones familiares, por gestos sociales de desprecio, cuando no por el insulto. Desde muy pequeña, oí a mi madre decir que yo tenía que estudiar, para no depender de nadie, porque un hombre sin estudios podía ganarse bien la vida, pero una mujer, no (entonces todavía no había mujeres en profesiones cualificadas). Así que yo, que tan fácil lo tuve todo, siento un enorme agradecimiento por aquellas mujeres que se matricularon en la universidad hace cien años. Sus nombres merecerían ser materia de estudio, o, por lo menos, estar inscritos en una placa en cada una de las universidades españolas.

lunes, 1 de febrero de 2010

Machismos camuflados

Estudié en un instituto de provincias. Cuando asistieron a él mis hermanos, mayores que yo, era mixto. Pero cuando llegué yo, había aumentado el número de bachilleres y, como ya no cabían en el edifico viejo, hicieron otro; ante el dilema de cómo distribuirlos optaron por el segregacionismo. Así que fui al instituto femenino, si bien el patio de recreo era común. No es difícil imaginar el estado de enajenación con el que salíamos los adolescentes a ese patio de recreo, donde seguro que íbamos a encontrarnos con otras personas con sobredosis de hormonas, de las otras.

Nos costó más o menos, pero creo que casi todos (por si alguien no lo sabe, ese todos incluye mujeres y hombres, ya que en castellano el género masculino es el no marcado con sexo alguno) fuimos manejándonos con cierto desparpajo en situaciones en las que hubiera individuos masculinos y femeninos de la especie Homo sapiens. Incluso, con no poco esfuerzo, hemos ido consiguiendo que en muchos de los ámbitos en que no había mujeres, las haya, y que cada vez se sorprenda menos gente de que una mujer realice casi cualquier actividad y que asista a cualquier acontecimiento y que vuelva a la hora que quiera sola o acompañada y que se siente donde le de la gana aunque haya un hombre al lado, hasta en un bar y tomándose una copa.

A mí, todo eso me parece un avance y una conquista. Y sé lo que digo porque he experimentado la frustración de no poder darle la mano a un hombre para saludarlo, no se fuera a creer que yo era una puta; y la rabia de sentirme como una apestada cuando han intentado que en un café me meta detrás de una cortina para que no me vea nadie. Pues parece ser que no, que eso no son logros. Ahora va y resulta que es una conquista que haya taxis exclusivos para mujeres, conducidos por mujeres, claro, para que yo no me sienta agredida ni en peligro ni intimidada, sobre todo por la noche si me encuentro un hombre al volante del taxi. No han dicho si pararan para coger a travestis, gasy y lesbianas.

No sé quién es el imbécil (es la imbécil, que aún es peor) a quien se le ha ocurrido que mandarnos al gueto nos da tranquilidad; el paso siguiente es decir que si nos quedamos en casa no nos intimidarán. Tampoco sé cuántas taxistas habrán aceptado conducir taxis en los que no puedan ir hombres; les aconsejo que miren bien si en el taxi han puesto lavadora y cocina, porque eso tiene pinta de trampa para osos. Yo desde luego, antes me hago el Camino de Santiago con tacón de aguja que subirme a un taxi rosa. Es que, además los pintan de rosa chicle; ¡encima de machistas, horteras!

PS1 Parece ser que en Londres ya funciona un servicio de ese tipo. Claro que Blair es inglés, así que la idea de que un inglés sea gilipollas no es nueva.
PS2 Leo que existe un servicio similar en la ciudad de Puebla, en México. Por supuesto, es una buena idea preventiva en situaciones extremas, como las de la salvaje violencia de género que se da en muchas ciudades de México y que no son para hacer bromas.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Islam, islams

En Suiza han votado a favor de prohibir los alminares de las mezquitas.La medida es inteligente de cojones (digo por contraposicion a inteligente de cerebro): prohibir los alminares es la solución para acabar con el terrorismo islamista ¿Cómo no se le había ocurrido antes a nadie? Aquí algunos (que nunca fueron a Suiza de inmigrantes y no aguantaron el desprecio de los muy neutrales suizos, esos europeos que viven de tapar las vergonzosas fugas de capital de dictadores africanos y ricachones españoles) proponen hacer lo mismo ¿Y destruimos la Giralda o qué?

Shabana Chohdry es mujer, pakistaní y musulmana, y prefiere los valores de aquí para su hija; no se sabe si piensa eso por mujer, por pakistaní o por musulmana.

Hay otros musulmanes que prefieren definirse por una manera de ver la sociedad, la democrática , pero esos nunca salen en lo periódicos, ni en los de aquí ni en los de allá, salvo algún intento raro de contar cosas, importantes, que pasan, aunque no sean escandalosas.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Chorizos

En una conferencia sobre la culpa, Félix Pantoja, fiscal del tribunal supremo, expone una postura extraordinaria, en todas las acepciones de la palabra:  poco frecuente y estupenda. La idea consiste en utilizar herramientas como la satisfacción de la víctima en vez la cárcel, por varias razones. En muchos delitos, la víctima sale mejor librada si se la compensa de alguna manera que si el delincuente va la cárcel. Para quien debe pagar por su culpa, es más ejemplarizante hacer algo relacionado con su delito que simplemente estar encerrado (ya hemos comprobado más de lo necesario que la cárcel no rehabilita ni reinserta). Asimismo, para el Estado (nosotros) es más barato. Así que salimos ganando todos, la víctima, el delincuente y la sociedad.

Me viene a la cabeza la idea a la vista de corruptos varios en posiciones de mucho privilegio y poder. Para quien se haya llevado un céntimo a cambio de permitir, hacer, promover, aguantar, esconder o intervenir de cualquier manera en una corrupción urbanística, sugiero que se le aplique la compensación de la víctima. Es decir, que tenga que pagar la hipoteca de las personas que han comprado un piso en aquella urbanizacion o edificio en la que hubo corrupción Y, además, pico y pala, a construir pisos para albergar a todos los que están sin vivienda en su localidad.  Así hasta recompensar el montante afanado a razón de jornales de 50 euros.

Nada de mandarlos a la cárcel. Ya está bien de pagarles pensión completa, aunque sea en celda compartida. Por una vez en su vida, ¡que curren!

miércoles, 7 de octubre de 2009

Democracia farmacológica

Vi una entrevista con Teresa Forcades en el programa Singulars (en este enlace se puede ver el programa íntegro), de TV3. Me lo encontré zapeando y casi me lo pierdo, porque vi la toca y yo soy alérgica a toda manifestación religiosa. No me gusta que lo primero que me dice alguien, con su ropa o sus aditamentos, sea en qué tiene fe; yo soy más partidaria del por sus obras los conoceréis, frase que tiene dueño, mira qué paradoja,cercano a la toca en cuestión.

Pero me llamó la atención la vehemencia de aquella mujer, y que oí la palabra medicina o salud o algo así. El caso es que aquella mujer, además de monja, es doctora en Salud Pública, especialista en Medicina Interna (Univ. Nueva York), doctora en Teología; Master of Divinity (Univ. Harvard) —¡qué cosas hacen en Harvard!— , y autora, entre otros libros de uno que tiene el poco conciliador y menos ambiguo título de Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas, que se puede descargar (en catalán y en castellano) en la web de la editorial Cristianisme i Justícia; y que el nombre de la editorial no lleve a juicios apresurados, ni sobre este libro ni sobre otros; para mí que les pesa más la justica que ninguna otra cosa.

De aquella entrevista, a mí me quedó la convicción (razonada y razonable, nada que ver con la fe) de que Teresa Forcades es una persona inteligente, valiente, perseverante, comprometida y militante con la salud y el bienestar de las personas y, por ello, razonable y sensata en la apuesta por medidas que tengan esa salud por objetivo y no se rigan ni por condicionantes ideológicos ni, por supuesto, por intereses económicos; además es mujer y monja, y no sé si ambas condiciones tiene que ver con todo lo demás que es y con lo que hace.

Hoy, en El Periódico publica una entrevista con Teresa Forcades, doctora en Salud Pública (ya sé que me repito) en la que explica porqué el tratamiento que se le está dando a la gripe A es absurdo, y no evita acusar a las farmacéuticas y a los políticos de sacudirse la responsabilidad y trabajar por sus intereses (no por la salud).

Yo ya no pensaba vacunarme, por un razonamiento un poco simple: si todo el hemisferio sur ha pasado el invierno sin vacuna y sin grandes desastres, ni en términos absolutos ni en relativos (otro día hablamos de las infecciones intestinales por no tener agua potable, la malaria, etc.), creo que yo podré pasar con caldos, zumos, y antitérmicos y analgésicos genéricos. Pero es que, además, hay que ver cómo canta esto a que viene el lobo, que viene el lobo, o dicho de otra manera, cómprenme, oh Gobiernos cobardes y ciudadanos aprensivos, unas vacunas y unos tamifluses, que este año tengo la cuenta de resultados un poco delicada; y acuérdense de que las empresillas estas las dirigimos gente con muchos contactos en todas partes. Como bien sabe El jardinero fiel.

Para lo que de verdad es buena la vacuna de la gripe A y los antigripales hiperespecializados de última generación es para la salud de la farmacéuticas; para la nuestra, igual hay que recordar aquello de con medicación siete días y sin medicamentos, una semana.

sábado, 3 de octubre de 2009

Lo que se cocía en Copenhage

No sé si Obama defendió bien en Copenhage la candidatura de Chicago, pero si algo hizo mal, hay que disculparlo. Resulta que tenía en la cabeza otro asuntillo; nada, una fruslería, que no salió ayer en ningún periódico, telediario o tertulia política. Sale hoy en El País; resumida, la noticia es que Obama le ordenó a su jefe militar en Afganistán que acudiera con urgencia y emergencia a Copenhagen para ordenarle que no vaya por ahí diciendo que lo que se necesitan son más tropas para dar más caña.

Stanley McCrystal, el general en cuestión, es partidario de la consigna romana Si quieres la paz, prepara la guerra, y no para de decir y de escribir que hay que mandar más tropas. Obama, que no se sabe muy bien de que ideología es partidario pero no quiere pasar a la historia por llevar la misma política exterior que Bush, le tiene dicho que, mientras se lo piensa, no le manda más soldados, y, de paso, ahorra. Los republicanos, a los que les pirra la guerra (y la pasta que ganan muchos de ellos), le pagan los folios al general para que largue y no pare en informes en plan centurión romano.

A mí me parece (y podría hacer un repaso por la historia para argumentarlo) que los tanques no han conseguido nunca pacificar una región ni reunificar un país ni desarrollar una sociedad. Eliminar la pobreza (que siempre disminuye la corrupción) y aumentar la cultura (que lleva a relativizar los dogmas), sí.

Tanto oír hablar del valor del deporte para unir países y continentes, la fraternidad que despiertan las olimpiadas y el desarrollo que supone para un país celebrar unos juegos olímpicos me ha dado una idea que le regalo a Obama; le servirá para darle un toque original a su política exterior. Para el 2016 no llegan ya, pero yo creo que hay que preparar la candidatura de Kabul 2020, y la de Bagdad para el mundial de fútbol de 2018.

jueves, 1 de octubre de 2009

Mujer atropellada en la Jonquera

El 19 de septiembre murió atropellada una mujer. La prensa se hizo eco de la noticia. Es fácil encontrarla en Internet; basta poner en el buscador las palabras prostituta atropellada Jonquera, que aparecían en el titulares de la noticia de la mayoría de los medios de comunicación (excepto alguno raro, como soitu.es, entre cuyos méritos está enlazar con el blog de Gervasio Sánchez, otro de esos periodistas de pluma y cámara inteligente y ética admirable).

Así que la mayoría de los periodistas nos contaron que era prostituta, que era nigeriana, que trabaja en el putiferio de La Jonquera y que no tenía papeles (y por eso cruzó la carretera sin mirar y corriendo huyendo de la policía). Hoy, en La Vanguardia, en una sección llamada Colaboran, y que consiste en "la actualidad vista por los lectores", la presidenta de la Cruz Roja en Girona nos cuenta que la mujer que murió en La Jonquera atropellada —por un tipo que salió huyendo— se llamaba Ivie, tenía veintiún años, había llegado desde Nigeria, ejercía la prostitución y participaba en un taller formativo de la Cruz Roja porque quería buscar otro trabajo. Una historia vital, una persona que era, como todas, algo más que la profesión que ejercía.

A mí me interesaban esos datos, pero los periodistas buenos, eso que trabajan en los medios grandes, no los consideraron importantes. Quizá estoy paranoica, pero lo cierto es que me da rabia que solo me contaran que era prostituta y nigeriana, y me da rabia porque me parece que me manipulaban y creo que no era casualidad que ese tratamiento de la noticia coincidiera con las que ¿informaban? de que prostitutas nigerianas ejecicían su trabajo en la vía pública y acosaban a la gente en Barcelona.

La democracia pasa por la opinión, y para formarse una opinión hay que tener información. Va a ser fácil opinar que las prostitutas son desalmadas, tontas, agresivas, incívicas, peseteras... y si son nigerianas, ¡ni te cuento!, muy diferentes de, por ejemplo, los consejeros delegados de bancos nacidos en Bilbao (o en cualquier otro sitio).

PS La vida y el nombre de Ivie me interesarían lo mismo, o más, si no hubiera seguido ningún curso de nada o no hubiera querido cambiar de trabajo; y también si hubiera nacido en Groenlandia o en Burgos.

martes, 29 de septiembre de 2009

Uno de los nuestros

En un país europeo la policía han detenido a un señor acusado de drogar y violar a una menor de trece años, y perseguido por escapar de la justicia de Estados Unidos que pretendía castigar ese delito dese 1978. ¡Bravo! diríamos, un pedofilo a la trena. Ah, no, espera, que es Roman Polanski, artista.

Lo escribe mucho mejor Enric González en su columna. Yo solo quiero tener aquí escritos los nombres de personajes, artistas, intelectuales, ellos, que creen que la pedofilia es menos graves según quien ataca al menor, ya que hasta ahora se han relacionado con Polanski sin estremecerse ni un poco. Y ahora, que lo trincan, se ponen estupendos y dicen eso de ¡no hay derecho! en un arranque de corporativismo vergonzante. Y algunos añaden (el ministro de Cultura de Francia) que no tiene sentido detenerlo porque es una historia antigua; ni me quiero imaginar que opina este señor de la memoria histórica. Claro que su compañero de gabinete encargado de Exteriores dice que el asunto no le resulta simpático porque se trata de un personaje famoso de talento reconocido. Si yo fuera francesa, me preocuparía: el señor ministro piensa que si tienes problemas pero no te conocce nadie, que te den.

Aquí van algunos nombres de los tipejos que creen que es indignante que se detenga a un pedofilo : Debra Winger, Bernard-Henri Lévy, Milan Kundera, Pedro Almodóvar, Constantin Costa-Gavras, Bertrand Tavernier, Ettore Scola, Giuseppe Tornatore, Alejandro González Iñárritu, Julian Schnabel y Wim Wenders, Bernard Kouchner, Frédéric Mitterrand, entre otros.

Ninguno dice que no haya que perseguir y castigar a quien abuse de un menor, así que hay que colegir que lo que proponen es que para los famosos (porque gente con talento pero a la que nadie conoce hay mucha) o ricos no rigen ni leyes ni normas sociales.  Debe de ser la versión moderna del derecho de pernada.