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domingo, 12 de febrero de 2012

Guerras o camellos



Anagrama del partido del Gbierno
La historia (reciente) del Chad es parecida a la de todos los países subsaharianos. Tras la independencia se enfrentan diversos grupos étnicos y gana uno de ellos (los tubus). Con la ayuda francesa organizan un engendro que quiere parecer un Estado. Al cabo de poco, alguien quiere ser presidente, y quien ya lo es no está de acuerdo; así que se van sucediendo golpes de Estado —en el mejor de los casos— o guerras —en el peor—. Mientras, puede que haya algún conflicto más o menos violento con países vecinos. Al mismo tiempo diversos países europeos intentar sentar sus reales en el país africano y hacerse con todo los recursos que puedan (a lo cual  ayudan con gusto los poderes nacionales); desde hace unos años, a los europeos se añaden los chinos y, en muchos casos, Irán y Arabia Saudí. De todo eso, la mayoría de la población no se entera (caso óptimo) o le cae el sufrimiento, el dolor, más pobreza y menos esperanzas (caso más habitual). Fin de la historia.   
tanque libio abandonado en el Ennedi
Eso es lo que sale en las enciclopedias, en los periódicos y la descripción que solemos hacer de un país africano. Pero cuando andas de aquí para allá y vas cruzándote gente, la pregunta es si esas personas se enteraron de que entraban en guerra, o de que se firmaba una paz, o de que se adjudicaba la construcción de una refinería o la explotación de un mineral. O si tenían una opinión sobre las relaciones con Libia y con Sudán. O si esperarían que algo mejorara cuando dejara de haber tanques circulando por su desierto. O si tendrían alguna razón (aparte de ganarse la vida) para pegar tiros a favor de un presidente o de su sustituto.

munición libia en el Ennedi
Hay hombres que se dejaron media vida en algún bando y con las armas en la mano. De ellos, algunos han conseguido reconvertirse en alguna otra cosa; quizá chófer, comerciante o alguna otra cosa en la capital. Hay vidas desde las que es difícil volver a ser pastor de camellos, tratante sí, pero pastor no, y siempre con las armas a mano.  Otros se quedaron en ese juego de soldaditos de papel, ni siquiera de plomo. Y para demostrar que mandan y pueden, de vez en cuando montan un desfile, militar.

Muros del cuartel de Fada. Día de desfile







En la explanada que se abre ante el cuartel y que hace de plaza mayor de Fada hay una tribuna permanente, de cemento. A las 8 de la mañana ya están sentados en ella los notables del pueblo y otras fuerzas vivas, supongo; en unas sillas de plástico, un sofá de terciopelo azul, y algún taburete. Para amenizar la espera, por los altavoces suena música africana (percusión), y frente a la tribuna y sus autoridades un soldado baila siguiendo ese ritmo. El pueblo está paralizado. El mercado no ha abierto y la gente anda por la plaza. Al cabo de un rato, la hilera de soldados, que esperaban relajados y observando a su compañero, adopta un aire marcial y se cuadran. Por la puerta del cuartel aparece un coche, que recorre  unos cincuenta metros. Baja un tipo, al que el uniforme le va muy estrecho. Un soldadito avanza hacia él con la cabeza exageradamente elevada hacia el cielo y caminando a grandes zancadas; cada vez que deja caer un pie al suelo lo hace como si quisiera hacer retumbar la tierra; solo que el suelo es de arena y el resultado es polvo y patadón torpe en vez de autoridad y aire marcial. 

El jefe después del saludo del soldadito, se sacude el uniforme y empieza a pasar revista a la tropa. A media hilera le suena el móvil; se para, lo saca del bolsillo y se pone a hablar. Al cabo de un rato aparece otro coche, más oficial, más oscuro, con lunas tintadas, rodando en el mismo desierto. Baja un tipo. Todos se cuadran, más. Saludos y parabienes. En la tribuna se ponen en pie. La música hace rato que ha cambiado a marcha militar, ¡lástima!, y nadie baila. Cuando acaba la representación, cuatro soldados cogen el sofá marrón de la tribuna y lo llevan para el cuartel. Abren los puestos del mercado y los habitantes de Fada vuelven a lo de todos los días. 
Los nómadas del Ennedi saben que cualquier día entre sus camellos y el pozo siguiente puede haber una docenas de tanques. Igual los camellos son objetivos estratégicos ¡y ellos sin enterarse!


domingo, 5 de febrero de 2012

Gominolas curativas

Los intentos de desenmascarar estafas en forma de terapias, timos bajo el aspecto de duros a cuatro pesetas y mentiras disfrazadas de insondable misterio son casi todos inútiles. Una de las razones es que todos tendemos a seguir a los nuestros en vez de escuchar a los otrosLa segunda razón es que en todas las sociedades hay una minoría formada e informada, ávida de conocimiento y crítica, y una mayoría (de personas buenas, no me cabe duda) acrítica, inculta (la ciencia es cultura) y con tendencia a creer en cosas que aparezcan como sobrenaturales e incomprensibles (sobrenatural = yo no lo sé; incomprensible = yo no lo comprendo). Las sociedades son así y en eso se basa su funcionamiento. Chamanes, brujos, sanadores, adivinos, astrólogos y sacerdotes, con sus respectivos misterios, sabidurías ocultas, milagros, rituales, dioses y poderes, los ha habido siempre; y seguirá habiéndolos porque es más fácil aceptar que reflexionar, y da menos problemas seguir la bola que cuestionar, y resulta más relajado creer que estudiar, y es menos angustioso vivir con certezas ajenas que con preguntas propias, y se es menos raro abriendo la boca que el cerebro. Así que la superchería no se discute; por supuesto, los que creen en una superchería la llaman fe (la de los demás sigue siendo superchería, claro). 
Por eso ante las teorías creacionistas, que sin sonrojo se exponen en un ciclo de conferencias de la Universidad de Granada1 o ante la cátedra de Homeopatía de la Universidad de Zaragozahay poco que dialogar: o crees o no; pero si no crees, por lo menos hay que presentar batalla. En esa batalla se empeñó Escépticos,un estupendo programa de televisión de la ETB que ha comprado la 2Mientras llega3ver el programa dedicado a la homeopatía da entre vergüenza ajena y una rabia que no puedes con ella, cuando un farmacéutico cae en la cuenta de que está contando mentiras, o cuando esa responsable de empresa de homeopatía le da un manotazo a su director médico para que se calle.
Nadie que crea (del verbo creer a ciegas) en la homeopatía dejará de usarla por ver un programa de televisión. En realidad, es posible que solo sirva para que los que ya sabíamos todo eso nos digamos unos a otros «¡¿ves, ves?!», pero hay que aprovechar todas las oportunidades para combatir (desenmascarar y ridiculizar) a los charlatanes. Debería hacerlo la educación (no será en esta legislatura; el ministro Wert ya ha enseñado la patita), pero los medios de comunicación (más si son públicos) pueden ir haciendo labor de zapa, ya que los Gobiernos no ponen firmes a los mentirosos —personas y empresas— que se lucran de la ignorancia y, a menudo, de la desesperación de un enfermo. Por eso el programa de José Antonio Pérez, presentado por Luis Alfonso Gámez tiene un mérito extraordinario. 
Yo voy a pasarme por la farmacia donde suelo comprar; a ver si tengo que cambiar de boticario y explicarle al mío que lo hago porque no me fío de chamanes que venden crecepelos.
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1 El ciclo de conferencias vale por créditos en diversas licenciaturas. Lo organiza un seminario creado por el rectorado y tiene entre sus objetivos "Fomentar el conocimiento, desarrollo y divulgación del pensamiento cristiano católico en el ámbito de competencia de la Universidad de Granada, como un servicio a la sociedad de nuestro tiempo"; ¡con un par!
2 La cátedra en cuestión está patrocinada por una multinacional que vende productos homeopáticos y que hace que en una facultad de medicina pública se enseñe que unos preparados que no han demostrado su acción en ningún ensayo clínico ni se someten a ningún control de la Agencia Española del Medicamento tienen propiedades terapéuticas.
3 Parece ser que La 2 pasará todos los programas de Escépticos…, excepto el de las religiones; pero para eso está Internet.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Viva Las Vegas



Iba a ser muy difícil que el actual Gobierno de la Generalitat hiciera algo que me gustara, por dos razones básicas; la primera es que son nacionalistas y no me gusta la política basada en sentimientos, argumentada con la idea de nosotros y los otros y administrada por criterios patrióticos; la segunda es que yo soy de izquierdas. Sé que la afirmación queda antigua, pero es lo que soy; y CiU es de derechas, y más cuando gobiernan (cuando son oposición intentan disimular un poco para ganar simpatías): a veces y en algunos aspectos son tan de derechas que llegan a ser xenófobos, machistas y elitistas, y muy moralistas. Los bufones (peligrosos) más aparatosos de esa ideología, en estos momentos, son Duran i Lleida i el conseller Ruiz, pero hay un movimiento más discreto y no menos peligroso.

Nos contaron nosequé del gobierno de los mejores, de una sociedad basada en la excelencia y nos bombardearon con la milonga del estudio, el esfuerzo y la enjundia intelectual, que se había acabado la sociedad del ladrillo y la especulación nos dijeron. ¡JA! Por si el plan Bolonia no fuera a convertir la universidad en una fábrica de secretarias, dependientes, teleoperadores y curritos varios (en una palabra, aunque sea antigua, proletarios) con un baño de culturilla (los graduados), por un lado,  y, por otro, un coto de caza selecto (los posgraduados y masterizados); y por si no fuera suficiente vender playas, sangría, afterhours y croquetas congeladas refritas para que venga toda Europa a emborracharse, ahora a alguien (alguien con poder) se le ha ocurrido una idea brillante para revitalizar la economía catalana y que volvamos a ser una sociedad admirada por el mundo.

El brillante plan es un «macrocomplejo de ocio» tipo Las Vegas. La pena es que los cerebros que velan por el desarrollo de Cataluña no son los únicos que aspiran a conseguir semejante don del cielo. La Comunidad de Madrid dice que ellos ya lo tienen apalabrado; lo están tramando, por lo visto, Esperanza Aguirre y Miguel Sebastián, así que el asunto sobrepasa las ideologías (y, desde luego, las ideas).  Así que estamos de enhorabuena: pelotazo urbanístico, el Pepe Isbert de turno saludando a los americanos desde el balcón, promoción del derroche, homogenización (aborregamiento ) de gustos y comportamientos, hordas en peregrinación al templo de la horterada y mogollón de puestos de trabajo con el solo requisito de saber poco, pensar menos y estar callado. La excelencia, la cultura, la investigación y el desarrollo las dan los casinos, hoteles, tiendas, restaurantes y campos de golf, y nosotros sin saberlo.

El ideal de todo facha político y económico: una población de mastuerzos. Pobres diablos que se deslomen a currar para gastarse la pasta a partir de las seis y en los fines de semana en ese eufemismo que se llama ocio-y-cultura y que antes se denominaba pan-y-circo. Sí, me quejo de todo, a pesar de que, como me ha hecho ver un amigo, el proyecto nos ofrece una ventaja estupenda: ya no habrá que ir a Las Vegas para casarse disfrazo de Elvis.

PS: Sí, ya sé que esta entrada me ha quedado un poco marxista; ¿y qué? Estoy harta de fachas y reaccionarios.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Gusanos silenciosos



De todos los daños que puede causarte alguien cercano el peor es la mentira. Un día se te mueren y te encuentras con el cadáver de alguien que no conoces aunque pertenezca a un muerto conocido. Y ya no hay nada que hacer. Durante años has hablado de esto y lo otro, y resulta que le importaban asuntos de los que no tenías ni idea, personas que ni sabías que existieran, diversiones que ni sospechabas. Te han hecho creer que sus obsesiones eran unas, y eso solo eran los cortinones que ocultaban otros sentimientos. Y todo por no hablar, por no decir, por creer que algo está mal y seguir con ello y ser tan cobarde de no defender que cada cual puede hacer de su capa un sayo y de su vida un rato menos doloroso.
Se miente, se calla y se oculta por vergüenza o por miedo; por cobardía, siempre. Hipócritas que creen que lo que hacen está mal y en vez de no hacerlo, se esconden. Humillan a quien los acompaña en los dos lados de su existencia, porque todos parecen ser indignos de saber la verdad de la otra cara de su vida. Mentiras. Y si había una, ¿por qué no cien? Se van, con ellas; y ya no hay preguntas posibles. Esas que hubieras hecho. Todas las que no te hicieron. Ya está. Ahí te quedas y arréglatelas como puedas con las mentiras. 


domingo, 27 de marzo de 2011

Cerebros (lipo)succionados


Una tarde noche de viernes. Una pareja en la treintena. Él camina a zancadas largas un poco por delante  y va dice: “Corre, que llegamos tarde”. Ella, detrás, responde “pues yo no puedo ir más deprisa”, mientras camina con pasos cortos, casi a saltitos, en un equilibrio muy inestable que pone de manifiesto que la muchacha tiene unos tobillos y unas rodillas de acero.

Es una imagen común. Hombres con camisa o camiseta, vaqueros, chupa o americana, deportivas, todo normal y cómodo. A su lado, mujeres con zapatos de tacón altísimo, anticipo de inevitables juanetes; faldas que dificultan el paso, vestidos de tirantes en invierno, la uñas, la cara y el pelo denotan horas de la vida dedicadas a ser más algo que los demás; o en muchos casos, los ahorros o un crédito consagrados a poner trozos de carne que no tenía o a quitar otros que creía sobrantes.

Este vídeo (en Periodismo Humano) analiza el papel del cuerpo femenino en la televisión italiana. Me temo que la estupidez no esté tan limitada. Esa berlusconización de la mujer ha trascendido la televisión y las fronteras italianas. Da lo mismo si es un programa de humor, un concurso o una tertulia, y es igual si salen al cine y a comerse una hamburguesa o si se trata de una fiesta de famosos; el aspecto de las mujeres se parece cada vez más a esa estética de puticlub: que se marquen ojos felinos, que brillen los labios carnosos, que aparezca el borde de los senos por el escote, que el pelo se agite, que el culo quede respingón, que los muslos se marquen… y ellos con camiseta y zapatillas, tan cómodos.

PS: El asunto lo remata la diferente consideración de la edad en ellos y ellas; aunque encalabrina, de tan obvio que es, aburre.

sábado, 12 de marzo de 2011

La efímera actualidad


Hasta ayer para todos los periódicos, televisiones, periodistas free-lance, blogueros y twitteros no había más noticia que Libia. Pero va y se produce un terremoto en Japón. En ese preciso instante en Ras Lanuf debieron de sentarse a beber un té Gaddafi y los resistentes libios; es probable que entonaran cantos fraternos, porque si no, no se entiende (yo no lo entiendo) que Libia ya no sea noticia, que no salga en las primeras planas que la inútil Unión Europea haya vuelto a adoptar una posición miserable y que ya no veamos ni oigamos conexiones con los corresponsales que intentan ser testigos de  la ignominia en Libia.

Un terremoto provoca destrucción y dolor. Y todo el mundo ofrece su ayuda (al menos de momento y con la impresión del momento, porque ahí está Haití: ni más ni menos, como antes). Pero un terremoto es un accidente (DRAE: Suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas); ni se puede evitar ni se puede modificar ni es injusto. La tiranía y la guerra, sí. Dejar de hablar y, sobre todo, de actuar, sobre el crimen de Gaddafi, nos convierte en complices necesarios. Pero tantos días hablando de lo mismo nos aburre, ya no es emocionante como aquello de la plaza, ¿te acuerdas? Sí, hombre, en un país de esos, Marruecos o Túnez; no calla, que estaba el museo ese de los faraones.

En Libia siguen muriendo y sufriendo. En Yemen también tienen un campamento, contra el que ayer cargó la policía con gases, porras y fuego real. Llevan casi un mes en Sanaa intentando echar a otro tirano, además de una guerra civil larvada en el norte y otra en el sur. En Bahrein, siguen dale que te pego empeñados en protestar. En Marruecos no se conforman con lo que ha ofrecido el rey. En Arabia Saudí, a la que se les ha ocurrido rechistar les han dado sopas con honda. En Argelia la oposición intenta organizarse y, cada vez que salen a la calle, Bouteflika se encarga de que haya más policías manifestantes. En Túnez siguen intentando cambiar el país, ni más sin menos. Y en Egipto casi ni han empezado, pero, eso sí, ya se pueden hacer cruceros por el Nilo.

Estos árabes… ya no nos dan esas imágenes tan emotivas de la gente en la calle, ya no nos sobresaltan con sus muertos y heridos, ya no nos dejan que les tengamos lástima. Pero ha habido un terremoto en Japón, menudo festín para el periodismo. 

PS: Justo es reconocer el contundente editorial de hoy de El País.

sábado, 15 de enero de 2011

Nunca vi Agadez



El Sahel está poniéndose difícil; para los extranjeros, para sus habitantes siempre lo ha sido. Hace días que estoy rabiosa. La muerte me enfurece. Los dos franceses secuestrados en Niamey y asesinados me han dolido y enfurecido más que otros secuestrados, quizá porque hace poco yo andaba comiendo y desayunando por el barrio de Plateau, donde los secuestraron. Ha sido AQMI, de quien dicen que no ejecuta acciones sucias directamente, sino que subcontratan bandas de las habituales en la zona, de las que siempre se han encargado del tráfico ilegal de lo que sea (drogas, personas, coches, armas). Ahora se han hecho más crueles, porque sacan mucho más provecho. Hablan de Dios, de creencias y justicia, y no saben más que de dinero y privilegios. Hay que echarse a temblar en cuanto alguien grita la palabra Dios, muy cerca siempre anda otra: muerte, y su más real y cruel realidad.

¡Ah, el desierto! Ese sí que es un territorio descarnado. Los viejos de Tamanraset, en algún momento de cierta locuacidad cuentan de cuando se hacía el correo a camello entre Tam y Agadez, y trabajaban para los franceses o para la resistencia, sin más ley que sobrevivir al desierto, y a la pobreza y a los enemigos, que nunca faltan. Ahora van (algunos) en coches todo terreno, pero es la misma vida, y pueden hablar de la miseria que muerde a los habitantes del sur de Argelia y del norte de Níger, y de cómo el petróleo, el gas, el uranio y todo lo que haya valioso pertenece a alguien que está al otro lado del mar, del de arena y del de agua, en otro continente, en otra vida. Los tuareg tenían por símbolo un árbol, el del Teneré, y un camión lo arranco de cuajo. Testimoniaba la vida dura y tenaz,  casi milagrosa, en el desierto; la tenacidad imprescindible, los seres vivos enjutos y sobrios que lo habitan. Ahora ese tronco reseco está en el Museo Nacional, junto a una sala donde se explica la extracción del uranio y la riqueza que encierra. Y a otra con restos de dinosaurios, que murieron porque ya no tenían qué comer, allí, en ese mismo desierto. Es el museo de las metáforas, aunque pueda parecer que está llenos de elementos realistas e, incluso, de realidades.

Yo me muero por ir a Agadez y a Bilma, y por recorrer los desiertos del Aír y del Teneré (valga la redundancia porque Teneré significa, en tamasheq, desierto), pero han decidido que no, en nombre de algún dios, por lo visto, y de una religión que ni conocen ni les interesa. No saben que ese dios que no se les cae de la boca dicen que dice «¡Haced el bien! Tal vez así prosperéis». Con que fueran a la mezquita aljama de Niamey a leerlo sería suficiente.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Atunes y elecciones, o el que venga detrás que arree


Día de elecciones y yo sin decidir. Ni dejar de escuchar el parloteo de los candidatos ni no mirar las chorradas en forma de vídeo me ha ayudado a serenarme y saber qué tengo que hacer. Me siento insultada por las campañas electorales, y no solo por esta, que ha sido como si nos llamaran lelos un minuto sí y al siguiente también. Me irrita que piensen que mis decisiones depende de cuatro voces mal dadas en la tele, de unos carteles con sonrisas impostadas y de unas frases tópicas y mal dichas. O creen que soy idiota o son ellos los idiotas; ninguna de las dos opciones me lleva a querer que me representen.

Y en esas andaba cuando me encuentro con una noticia sobre la pesca del atún rojo.  En resumen: a)  todo el mundo sabe que quedan pocos y cada vez menos; b) hay gente que saca pasta (mucha) de todo esto y dice que a ellos no les toquen un céntimo; y c) los políticos a quien corresponde tomar decisiones pasan de a) y aplican b). Los que gritan a), a partir de los datos que proporcionan los científicos, son los ecologistas; a mí me parece que deberían ser los economistas (esos adivinos a toro pasado incapaces de prever problemas y proponer soluciones pero expertos en analizar hechos consumados y prescribir remedios que no han funcionado jamás) porque de lo que va esta noticia es de gestión de recursos, o sea, de riqueza o pobreza.

Oí decir a un pescador que no entendía que cuantos más peces se necesitaban, porque eran más pescadores, menos daba el mar; y luego decía algo de un tal Dios, al que debía de imaginarse fabricando merluzas. De los que viven de la pesca no pido conocimientos de dinámica de poblacionesn, pero sí que entiendan la fábula de la gallina de los huevos de oro. Me da lo mismo lo que le pase al atún rojo dentro de cincuenta años (creo que el sushi no es nada del otro mundo). En realidad, casi me da lo mismo lo que le pase al mundo dentro de cincuenta años; y si me me empeño, me da lo mismo lo que le pase dentro de cincuenta días, pero hay que ser gilipollas para destruir lo que te da de comer.

Lo que me ha hecho ver la luz y decidir, por fin, cómo ejercitar mi derecho al voto ha sido el papel desempeñado por los políticos. No digo yo que los representantes del pueblo tengan que ser inteligentes; ni siquiera albergo la esperanza de que unos pocos sean brillantes y tengan ideas (e ideología). En el caso de los que deciden sobre la gestión de la pesca del atún no espero que estudien el ciclo vital de esa especie ni que entiendan qué es el saldo demográfico, pero a alguien que toma mi voz y decide por mí cómo va a ser el mundo le exijo que sea valiente, y que sabiendo que tiene que hacer algo no haga lo contrario. 

PS 1: Otra gilipollez, ya que estamos. Entre las noticias destacadas del día no están unas elecciones que sí pueden ser un clave para el mundo de los próximos cincuenta años. Las hacen en Egipto, y hay que ser corto de miras para no entender que nos afectan. Le honra la excepción a Público, que ha tenido a bien mandar un corresponsal que lo cuenta y lo explica.

PS 2: Y como no hay dos sin tres, me pregunto por qué no haypolíticos con enjundia, que no sean guiñoles de unos partidos que a lo más que aspiran es a no perder escaños, que piensen algo y lo digan, aunque se equivoquen, y crean que su trabajo consiste en cambiar algo y mejorarlo, y que su negociado es de de las personas y las sociedades y no el de los mercados.

sábado, 17 de julio de 2010

El barro de los ídolos


Así, en general, a mí me parece que la humanidad es idiota y que las personas tienden a la hijoputez. Creo, de verdad, que la naturaleza humana es ser codiciosos, petulantes, egoístas y soberbios. Lo que me impide que me comporte como Michael Douglas en Un día de furia es que también creo (y lo compruebo a menudo) que hay personas —muchas— que se empeñan en superar el instinto de esa naturaleza y ser generosas, solidarias y humildes. Eso requiere un esfuerzo cotidiano —gigantesco, supongo— y constante, como un entrenamiento que no se puede descuidar ni un solo día de tu vida, en aquellas personas que tienen la posibilidad de tocar mucha pasta, de presumir mucho y de pavonearse ante el prójimo.

Hay personas que lo logran y otras que no. La corriente general no ayuda; la sociedad, los medios y todas esas cosas; o sea, nosotros. Las personas eligen sus ídolos y sus héroes; les dan dinero y gloria, y, si además son jóvenes y guapos (en realidad con que tengan pasta, sean jóvenes y salgan en la tele ya casi todo el mundo los ve guapos), idolatran su imagen, imitan su aspecto, los siguen en Facebook y hacen cola para verlos. Y les ponemos alfombras y focos, o los sacamos en autobús aplaudidos por una masa enfervorizada y rendida.

Hasta yo sé quiénes son Casillas, Torres, Puyol, Villa, etc., y Vicente del Bosque, que es el que más me gusta de los flamantes campeones. Es solo que quiero aprenderme y no olvidar los nombres de las personas que han recibido (y merecido) los premios Nacionales de Investigación de este año: María Antonia Blasco Marhuenda (Biología), Enrique Castillo Ron (Ingenierías), Salvador Barberá Sánchez (Derecho y Ciencias Económicas y Sociales), Ignacio Bosque Muñoz (Humanidades) y Carlos Martínez Alonso (Medicina). Como con los futbolistas que se han llevado la gloria, es posible que haya otros que los merecieran pero el seleccionador tenía que elegir y ahí está el equipo que ha ganado la liga este año.

Y a esto he llegado por una noticia que me ha hecho saltar las lágrimas de emoción. Enrique Castillo Ron es ingeniero de caminos y matemático, lo cual, afirmo y sostengo, es mucho más importante y difícil que ser futbolista o cantante, y, además, requiere mucho más esfuerzo e inteligencia (un currículum vale más que mil palabras); por no hablar de la diferencia entre fallar un penalti o dar un mal concierto y equivocarse en los cálculos de un puente o no recordar bien cuál es el tratamiento más adecuado para una neumonía. Enrique Castillo tiene 64 años, así que podría esperar tranquilamente la jubilación en su posición de catedrático de universidad, pero no; anda pensando cómo aplicar lo que sabe a la cooperación. Y dice que no hay otra opción que destinar el dinero del premio a un proyecto de ayuda al desarrollo en Togo y Benín. ¡Con un par!

Que no digo yo que los futbolistas de la selección (cuyos sueldos suelen ser discretos y comedidos) no se merezcan que les den seiscientos mil euros, a cada uno, por hacer algo tan importante como ganar el mundial y por dedicar toda una vida de estudio y esfuerzo a mejorar la vida de los demás. Pero a mí me gustaría que pasearan a Enrique Castillo en un autobús y que le dedicaran (también a los otros premiados) horas de televisión, estatuas, calles y homenajes variados. Y, sobre todo, que fuera modelo de adolescentes y recién estrenados adultos. Mientras eso llega, hoy necesitaba dejar en algún sitio mi emoción, mi homenaje y mi agradecimiento a la inteligencia de los que se enfrentan a la naturaleza humana y ganan por goleada.

domingo, 16 de mayo de 2010

Espíritu deportivo


Ante un certamen literario o un festival de cine, esperamos que los premios se los lleven los mejores, o, al menos, las obras que nos han gustado más. Porque para eso son los premios: para distinguir la excelencia, para señalar a aquellas obras o personas que destacan y que merecen ser recordadas y aclamadas. Pero, por alguna razón que se me escapa, ese mecanismo simple y lógico no funciona con el deporte. Cuando de competición deportiva se trata, y a pesar de ser meros espectadores, esperamos que ganen unos que identificamos como los nuestros; y no es porque repartan sus beneficios, (muy elevados en algunos deportes) con nosotros, ni las glorias ni las prebendas (que tampoco son escasas). Son los nuestros porque necesitamos sentirnos miembros de alguna tribu, parece ser; debe de ser ese incontrolable miedo a sentirse solo ante el mundo, esa espantosa desolación de sufrir en soledad y de no poder compartir las alegrías.

Hace unas semanas me encontré, sábado por la tarde, en un bar de esos con pantalla gigante en la que se veía el partido de fútbol del equipo local, en riesgo de sufrir una debacle, por lo visto. Como no me interesa el fútbol, me dediqué a observar a la gente; que había de todos los niveles sociales y culturales era predecible; que se mezclaban edades no es ninguna sorpresa; que los había más educados y otros más energúmenos es lógico; y que lo que los unía a todos era la más absoluta ausencia de deseo de justicia y de razonamiento sensato es la constatación de la obviedad. Todos comentaban lo mal que jugaba el equipo que querían que ganara. Pregunté si el otro jugaba bien y me dijeron que sí. Entonces pregunté que si el otro jugaba bien y se lo merecía porqué no deseaban que ganara.

Creo que fue una suerte (para mí) que estuvieran demasiado ocupados en el partido y no tuvieran ganas de hablar conmigo. Pero me ha quedado ese desasosiego que me mordisquea el esófago cada vez que descubro una nueva señal de que el mundo es un lugar inhóspito. No me resulta fácil entender ese sentimiento de pertenencia a la tribu; en general, no me resulta fácil comprender las adhesiones incondicionales. No obstante, algunas me parecen bastante inocuas; pero me da miedo pensar qué pasaría si se aplicara ese deseo de que ganen los nuestros por encima de méritos y de justicia en el reparto de premios, por ejemplo (y vamos a partir de que no pasa), en las oposiciones a catedrático, en la adjudicación de plazas de cirujanos, en la convocatoria de bibliotecarios y en la selección de personal para cubrir las plazas de guarda de seguridad de un banco. Y si queremos que gane la mejor película y el mejor cirujano, ¿por qué no queremos que gane el mejor equipo o el atleta más esforzado y de más cualidades?

No sé si somos conscientes de que aquel caballeroso y elegante que gane el mejor no solo era una expresión de buenas maneras, sino el deseo de que la justicia se impusiera sobre la fortuna y de que se reconocieran los méritos de los más aptos; eso que la evolución y la selección natural resuelve sin alharacas. La irracionalidad de querer que los nuestros ganen solo porque son los nuestros es una especie de nepotismos social peligroso, que da mucho miedo cuando, además, se junta con un que se jodan y se pudran, dedicado a los que no son los nuestros; esos otros que, a veces, son más listos, más preparados y juegan mejor.

lunes, 10 de mayo de 2010

volcanes islandeses

¡Tantos planes! Tenía yo tantos planes. Escribiré esto para el blog, contestaré el correo de fulano, colgaré unas fotos, revisitaré una web,… Y trabajaré, claro. Pues no. Mi ordenador es mi Eyjafjalla particular (ya podríamos inventarnos un nombre sensato para ese volcán islandés). Infección total, agonía lenta, muerte, ligera resurrección (gracias a los buenos oficios de mi psicólogo de cabecera, ¡gracias!, que también ejerce de informático), que tiene la pinta de ser solo ese último aliento antes del desenlace definitivo.

Y trabajo los ratos que puedo y ando de ocupa por los ordenadores de amigos y vecinos, y ni pienso en el blog ni en las fotos ni en las crónicas ni en los correos debidos. ¡Será posible! Lo primero que he intentado rescatar, en un descuido de la bestia y en modo reparación de fallos, es la carpeta con toda la información de facturas recibidas y entregadas, como se acerca lo de la renta, necesitaré lo del año pasado; y si se me pierde la info de este año, ya verás; ¡Ah y lo del IVA! Cosas de autónomos.

Tenía varias temas de los que quería hablar y decir un par de cosas bien dichas, pero cuando un volcán islandés entra en erupción, el mundo se para. Será que somos un poco limitados.

PS: Una cosa sí quiero decir: cuando crees que el mundo se confabula contra ti y que al despertarte empieza la pesadilla, ¡Oh Gregor!, hay gente que te echa una mano y te ayuda a poner las cosas en su sitio en riguroso orden de importancia. Esos son los amigos. Los demás, conocidos y saludados, que diría Pla, prescindibles.

domingo, 28 de febrero de 2010

Ni contigo ni sin ti

Hay historias que solo se cuentan de noche y en la radio, que de tan reales como la vida misma, son la puta vida misma. En las noches de sueño agitado, en ese dormirse y despertarse, y pensar que no pasa el tiempo y que esa duermevela inesperada no acabará nunca, estiro el brazo hasta el botón del radio-despertador; entonces sumo las emociones ajenas a las propias y resto de mis dolores los de los demás; también multiplico los puntos de vista y, si la noche se hace eterna, divido la angustia entre mi historia y las de otros. Además, Fernando Lázaro Carreter era asiduo oyente del Hablar por Hablar, y confieso que siento un íntimo regocijo en compartir con él esa afición forzada, aunque yo no vaya a engendrar jamás una joya del estilo de El dardo en la palabra.

Hay noches en las que las voces de la radio, en vez de ese runrún de efecto somnífero son como un hierro candente atravesando las entrañas. Eso me ocurrió hace un par de noches. Contaba aquella mujer que desde hace unos cinco años vive en la misma casa que su marido, sin que haya no ya vida de pareja (sea eso lo que sea en cada caso y en cada casa) sino tampoco una relación personal. La historia parecía interesante; la mujer hablaba con voz serena y parecía sugerir un acuerdo amistoso de compartir vivienda y, de alguna manera, servirse de apoyo mutuo (conozco alguna pareja que vive así con un grado de alegría y satisfacción más que notable). Pero, como si hubiera necesitado calentar la boca y entibiar el corazón, tras algunos minutos, la mujer empezó a soltar todo el peso que llevaba encima.

Ella sigue cocinando, lavando, planchando y «todo lo demás de la casa». Él ni se lo impone ni se lo pide; ni siquiera le dirige la palabra desde hace años. Ella le ha preguntado varias veces si quiere que se vaya, y él se encoge de hombros y le responde que haga lo que le dé la gana. Cuando aparece alguno de los dos hijos que tienen (ya no viven en casa), él mantiene una conversación trivial pero cotidiana, como la de tantas familias; cuando se van, vuelve a ignorarla. Ella solo sale de casa los sábados para ir a la compra; no tiene fuerza para ir a ningún sitio ni amigas que la llamen ni otra familia que le pregunte ni la requiera en ningún acontecimiento. Él sale y entra, va a trabajar, y ella está segura de que, como es normal —dijo— tendrá alguna amiga por ahí. Ella tiene independencia económica (¿algún tipo de pensión?; contó que había trabajado toda la vida); de hecho es ella quien paga la comida; en la cuenta de él se cargan la luz, el teléfono, el gas y ese tipo de gastos.

Una vez, y aquí ya se le había roto la voz, se fue a un balneario un par de semanas y pensó que lo mejor que podía hacer era no volver. Pero al cabo de una semana ya estaba en casa: lo echaba de menos porque lo quiere mucho y no puede vivir sin él… Le duele como un puñetazo cada vez que pasa a su lado y ni la mira ni le habla, como si fuera un mueble. Entre sollozos aclaró que no hay malos tratos, jamás los ha habido. Si al menos le dijera que se marche… que no quiere verla ni saber nada de ella… cree que estaría mejor muerta. Yo, hipando al mismo ritmo que ella, pensé que mejor sería que se muriera él. Y esa noche ni sumé ni resté ni multipliqué ni dividí; me dieron las tantas derivando e integrando que el mundo es un lugar muy feo en el que cuesta mucho quedarse.



sábado, 20 de febrero de 2010

¡Mandan hormonas!

La invocación a la libertad y la voluntad es un mecanismo de autoafirmación y autocomplacencia tan frecuente y universal como, probablemente, necesario para sentirse algo más que moléculas orgánicas tocadas por la vara, casi siempre azarosa —y un poco necesitada— de la evolución, la cual en el caso de la especie humana, ha adornado ese cúmulo químico con un cerebro de notables prestaciones, incluso, en algunos individuos, prodigioso. Pero al final somos moléculas, sobre todo al final; y lo que es más simple, estamos gobernados por las hormonas.
Entre las noticias que producen cierta estupefacción (no cabreo, indignación, dolor o rabia), están las relacionadas con Jacob Zuma y con Tiger Woods. El primero, presidente de Sudáfrica, se ha casado por quinta vez, convive con tres de sus mujeres y tiene alrededor de 20 hijos (los mismos que tuvo Bach, por cierto). El señor presidente afirma que hay mucha gente que tiene amantes y un montón de hijos a los que no reconocen, y que él ama a sus esposas y está orgullosos de sus hijos; parece ser que las esposas y los hijos no tienen queja. Está orgulloso es de sus tradiciones y su cultura, y como no cree estar haciendo mal, no se esconde. Claro que hay sudafricanos que lo critican, al presidente y a la cultura que representa (salvaje, primitivo, anticuado, machista, etc., dicen); son blancos o cristianos, y antes de señalar con el dedo deberían hacer examen de conciencia, acto de contrición y, sobre todo, propósito de enmienda, para dejar de joder al mundo, más que nada.
El tal Tiger Woods es un golfista (evitaremos los juegos de palabras fáciles) de élite, lo que significa que gana más pasta de la que va a poder gastarse en toda su vida. El tipo anda con un montón de mujeres además de la legítima; de hijos no se sabe cuántos tiene,porque además ya se sabe que una carrera inmune a la crisis es parir un hijo de un ricacho. Eso le ha supuesto un escándalo tratado en todos los medios de comunicación (tanto en la sección de deportes como en la de cotilleos), tener que apartarse del deporte, que los patrocinadores lo borrarán de sus nóminas y anuncios, un tratamiento médico y una auto de fe público que ríete tú de la Santa Inquisición. Y todo por hacer lo mismo que Jacob Zuma pero mintiéndole a todo el mundo. Se han quejado la mujer, los hijos, la suegra, las amantes, un par de putas que frecuentaba en bares, los deportistas, los clubes de fans y muchos que no tienen nada que ver con ese señor pero que tienen opinión sobre dónde deben estar los calzoncillos y las bragas de todo el mundo, aunque no se paran diez segundaos a pensar donde deberían estar el dinero, los soldados, los buitres financieros, las constructoras especuladoras, los políticos corruptos y los curas pederastas.
La biología manda que el macho fecunde tantas hembras como pueda. La hembra, una vez fecundada, durante nueve meses no puede generar nuevos individuos, pero el macho sí. Se trata de la pervivencia de la especie y nuestro funcionamiento hormonal es el producto de la evolución, precisamente porque ha resultado más favorable para tal pervivencia. La comprensión de esta conjunción de hormonas y evolución ayuda a entender un poco cómo funcionan los individuos machos de la especie humana. Otra cosa es que luego lleguen a pactos y acuerdos con una hembra, con la familia y con la sociedad para modificar el comportamiento innato y pasar toda la vida, o el mayor tiempo posible, con la misma hembra o, en cualquier caso, que sus relaciones sean monógamas; pero son convenciones (quizá adecuadas y convenientes) que van contra la biología, de hecho, las vamos cambiando a lo largo de la historia.
Así que Jacob Zuma y Tiger Woods siguen el dictado de las hormonas en vez de las convenciones sociales. Solo que uno es honrado y el otro no; uno no engaña a nadie y el otro teje una vida de mentiras y sordidez; uno va repartiendo alegría y, quizá felicidad, y el otro provoca sufrimiento, vergüenza y codicia. Y ambos dan tema de conversación en periódicos y tertulias, no por la actividad que les da relevancia social, ni siquiera por su postura ética, sino por su actividad sexual: por sus hormonas. Que en las sociedades primitivas los hombres sean polígamos puede que sea un signo de inteligencia, y de humildad: la libertad y la voluntad se inclinan ante las hormonas. Yo conozco algunos hombres con los que no soy compatible en régimen de exclusividad, pero que no me importaría tener a tiempo parcial (y a sus mujeres por amigas); creo que a ellos también les parece una lástima no ser zulúes.

lunes, 15 de febrero de 2010

Suspenso en historia

Vaya por delante, por si es necesario, que los talibanes me parecen unos hijos de puta; porque intentan imponer su visión del mundo y de la vida por la fuerza y, aunque no fueran por las buenas, porque su visión del mundo implica que una parte de la humanidad es inferior y merece menos derechos y menos dignidad; me refiero a las mujeres, y esto no tienen nada que ver con el feminismo, sino que se trata del más elemental rechazo de la discriminación de un grupo humano.

Estados Unidos, país en el que es posible que algunas personas opinen lo mismo que yo de los talibanes, lidera estos días el ataque definitivo en Afganistán, diz que para que los afganos puedan hacerse con el control de su país y un Gobierno civil gobierne su sociedad. Lo primero que he pensé es que tan brillante idea ha salido del mismo cerebro al que se le ocurrió tomar una foto de Llamazares para hacer el retrato robot de Bin Laden.

Si no lo he entendido mal, la cosa va de que avanzan con contundencia, convencen a la gente de que no apoye a los talibanes, que así quedan aislados por la población y diezmados por las fuerzas aliadas. El plan es inmejorable; la pregunta es por qué no lo han hecho antes. La respuesta, me temo, es que ya lo han intentado y nada de nada, los hijos de la madre de todos los integristas como el que oye llover, que ni se rinden ni nada.

Hay que ser muy tonto y muy ignorante para pensar que atacar por la fuerza una y otra vez a fanáticos islamistas va a dar algún resultado. Además, es necesario, para seguir adelante, que nadie se haya leído nada de historia del islam. El imbécil que lo ha planificado tampoco ha leído nada de historia reciente, porque Rusia lo intentó todo, pero claro que entonces Estados Unidos ayudaba a los talibanes; era su aliado, así que nadie mejor para conocer sus tácticas, sus estrategias, sus puntos débiles y sus más contundentes fuerzas, no todas ellas militares, por cierto.

De momento, las fuerzas aliadas se han cargado unos cuantos civiles y los talibanes les dan a los aliados sopas con honda a base de bombas caseras, contra la mayor potencia militar del mundo. Lo dicho, lo ha pensado un imbécil, y eso indigna mucho; o un Maquiavelo, y eso acojona.

lunes, 1 de febrero de 2010

Machismos camuflados

Estudié en un instituto de provincias. Cuando asistieron a él mis hermanos, mayores que yo, era mixto. Pero cuando llegué yo, había aumentado el número de bachilleres y, como ya no cabían en el edifico viejo, hicieron otro; ante el dilema de cómo distribuirlos optaron por el segregacionismo. Así que fui al instituto femenino, si bien el patio de recreo era común. No es difícil imaginar el estado de enajenación con el que salíamos los adolescentes a ese patio de recreo, donde seguro que íbamos a encontrarnos con otras personas con sobredosis de hormonas, de las otras.

Nos costó más o menos, pero creo que casi todos (por si alguien no lo sabe, ese todos incluye mujeres y hombres, ya que en castellano el género masculino es el no marcado con sexo alguno) fuimos manejándonos con cierto desparpajo en situaciones en las que hubiera individuos masculinos y femeninos de la especie Homo sapiens. Incluso, con no poco esfuerzo, hemos ido consiguiendo que en muchos de los ámbitos en que no había mujeres, las haya, y que cada vez se sorprenda menos gente de que una mujer realice casi cualquier actividad y que asista a cualquier acontecimiento y que vuelva a la hora que quiera sola o acompañada y que se siente donde le de la gana aunque haya un hombre al lado, hasta en un bar y tomándose una copa.

A mí, todo eso me parece un avance y una conquista. Y sé lo que digo porque he experimentado la frustración de no poder darle la mano a un hombre para saludarlo, no se fuera a creer que yo era una puta; y la rabia de sentirme como una apestada cuando han intentado que en un café me meta detrás de una cortina para que no me vea nadie. Pues parece ser que no, que eso no son logros. Ahora va y resulta que es una conquista que haya taxis exclusivos para mujeres, conducidos por mujeres, claro, para que yo no me sienta agredida ni en peligro ni intimidada, sobre todo por la noche si me encuentro un hombre al volante del taxi. No han dicho si pararan para coger a travestis, gasy y lesbianas.

No sé quién es el imbécil (es la imbécil, que aún es peor) a quien se le ha ocurrido que mandarnos al gueto nos da tranquilidad; el paso siguiente es decir que si nos quedamos en casa no nos intimidarán. Tampoco sé cuántas taxistas habrán aceptado conducir taxis en los que no puedan ir hombres; les aconsejo que miren bien si en el taxi han puesto lavadora y cocina, porque eso tiene pinta de trampa para osos. Yo desde luego, antes me hago el Camino de Santiago con tacón de aguja que subirme a un taxi rosa. Es que, además los pintan de rosa chicle; ¡encima de machistas, horteras!

PS1 Parece ser que en Londres ya funciona un servicio de ese tipo. Claro que Blair es inglés, así que la idea de que un inglés sea gilipollas no es nueva.
PS2 Leo que existe un servicio similar en la ciudad de Puebla, en México. Por supuesto, es una buena idea preventiva en situaciones extremas, como las de la salvaje violencia de género que se da en muchas ciudades de México y que no son para hacer bromas.