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miércoles, 2 de noviembre de 2011

La amargura



Handala es el dibujo de un niño, cuyo creador, Nayi_al-Alisiempre representó de espaldas, sin cara y mudo, como el mundo ve a Palestina. Hasta el nombre es simbólico; handala es el nombre árabe de la tuera (o coloquíntida), una planta propia del desierto cuyos frutos son tan amargos que, dicen los beduinos, ni los camellos muertos de hambre y sed se comen. Y por esas características, en la poesía preislámica árabe la tuera es una metáfora de la amargura por el abandono y la desolación por la soledad.

Ahora resulta que el reconocimiento por parte de la Unesco de Palestina es suficiente para que EE. UU. deje de pagar su cuota a ese organismo internacional y para que  Israel construya nuevos asentamientos de colonos. Que Israel se haya pasado por el forro todas las resoluciones de la ONU no da ni para un tirón de orejas (de embargos y sanciones ya ni hablamos). Claro, pertenecer a la Unesco es más criminal y cruel que las detenciones arbitrarias, las torturas en las cárceles israelíes, arrasar los cultivos, arrancar los olivos y echar a la gente de su casa. Tiene bastante lógica que ante las respuestas al intento de Abbas de obtener el reconocimiento internacional, los palestinos crean que Hamás es más eficaz.

El niño Handala o la calabaza de la tuera podrían estar en medio de la bandera Palestina. No hay nada que represente mejor a los palestinos que la amargura.

PS: Los órganos de gobierno de la Unesco votan (según procedimientos acordados por todos sus miembros) e Israel, como no le gusta el resultado, suspende la entrega a la Autoridad Nacional Palestina de los impuestos que recauda en su nombre, tal como se acordó en la conferencia de Oslo; o sea, que además, son unos ladrones. Shylock parece el ejemplar más noble del pueblo judío. 

sábado, 9 de julio de 2011

Indignidad, sin más


Para los habitantes de los países sudamericanos, y muchos africanos y asiáticos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) resulta una de las instituciones más crueles y déspotas que el Primer Mundo haya inventado; porque, junto con el Banco Mundial, se dedica a empobrecer a la gente para reflotar la economía de los países. Dicen que una vez se le ocurrió a alguien en el FMI proponer que se repartiera la riqueza en un Estado en bancarrota; sus compañeros llamaron a una ambulancia y, de vez en cuando, alguien lo visita en el hospital psiquiátrico donde lo internaron.  
Chirstine Lagarde pasa a ejercer el lugar de una persona inmoral (DSK) para intentar darle un aire ético a la institución y al cargo. Parece ser que es un esfuerzo tremendo comprometerse a cumplir con “los más altos estándares de conducta ética”, así que por ese concepto, le suben el suelo el 11 %, y se pone en un sueldo de 323.234  anuales (iba a escribir «unos 300.000» pero me he dado cuenta de que con el pico hay mucha gente que vive, e incluso bien).
Me temo que la ética según el FMI consista en que Lagarde no puede retozar con un mulato macizorro en una playa tropical. No importa porque, amén de otros complementos, por si no le llega para las necesidades del cargo, le dan unos 5.000  para gastos (se te hace una carrera en las medias antes de entrar a una reunión y te compras unas en los chinos, has olvidado recargar el del móvil y le pones 5 en un cíber…); pues con ese suplemento puede contratar a quien sea, pero que sea de postín, profesional y muy discreto; nada de levantarle la falda ni bajarle los pantalones por los pasillos a un empleado de hotel, encima inmigrante. Y alto estándar ético cumplido. Porque hay otras maneras de joder a un africano (al continente entero, de hecho), y el FMI las conoce todas y bien. Está pasando, ahora mismo.
Es más que probable que en el FMI la ética no tenga nada que ver con vivir con cierta austeridad y tener algo de empatía con los condenados de la Tierra. El FMI se ocupa, entre otras cosas de reequilibrar la economía de los países y echar una mano en situaciones críticas (resumen de la verborrea de la página oficial), pero lo que se gastan en funcionamiento interno no está para echar una mano. El cuerno de África vuelve a pasar por una situación de hambruna y los campos de refugiados se desbordan de miseria y necesidad, justo ahora que por aquí arriba tampoco nos va nada bien y puestos a recortar, lo primero son los de casa y la caridad, si eso ya la atenderemos con lo que nos sobre.
Sí, todo es muy obvio; y quizá me ha quedado demagógico, ¿y qué? La rabia y el dolor me impiden razonar bien.

lunes, 31 de enero de 2011

La violencia y la burla




Desde hace años los cibercafés del mundo árabe están llenos de chavales (y chavalas, por si hace falta aclararlo). Amman, Rabat, Damasco, Alejandría, El Cairo están llenas de cíbers; y también Moroni, Tetuán, Sanaa, Niamey y Nuackchot. Hay una o dos generaciones de árabes que han descubierto el mundo a través de Internet. Algunos lo usan para relacionarse con el chico o la chica que les gusta saltándose unas normas sociales que les impiden hablar libremente por la calle con personas de otro sexo; otros buscan comunidades islámicas para compartir su visión de la religión, otros juegan y trastean. Sí, se han saltado un paso, ese en el que la gente se cultivaba en los libros y ganaba experiencias viajando. Tampoco saben que una vietnamita no solo es una mujer de Vietnam ni esconden panfletos bajo el colchón. Pero saben que hablar con el mundo y contar lo que pasa y lo que están haciendo es la clave.

Es emocionante seguir los grupos de facebook, como Todos somos Jálid Saíd (es más activo en la versión árabe, pero saben que es importante mantener una versión en inglés) o Nawaat, que también está en facebook. Es emocionante ver como han sorteado los intentos de colapsar las comunicaciones, como circulan los consejos para defenderse de la policía en las manifestaciones o como se organizan para no verse implicados en pillajes y saqueos que nada tienen que ver con ellos. Y ver que han ido desarrollado lenguajes, y escriben en inglés, en árabe formal o en dialecto, con alfabeto árabe o con letras latinas a las que añaden números que "transliteran" los fonemas árabes sin equivalentes en aes, bes y erres; como sea, pero hablan y se dan ideas y comparten visiones e información.

Mujabarat (mukhabarat, مخابرات) es una palabra que inquieta en todo el mundo árabe (alude a los servicios de información del aparato de Estado); cuando alguien la pronuncia en voz baja en un café y dirige la mirada con disimulo hacia una esquina, los que la oyen cambian de conversación. Pero parece ser que no andaban mucho por los cíber. Los jóvenes sí, y se han cansado de que su mundo se reduzca a la pantalla de un ordenador.  Y han descubierto una nueva manera de hacer caer dictadores; la más parecida a la ideada por Albert Cossery  (escritor egipcio en francés) en La violencia y la burla, que consiste en ridiculizar al tirano: hace tiempo que Mubarak y Ben Ali son grotescos (y Buteflika y M-VI y al-Assad, y Gaddafi y Saleh, y al-Bashir y...), y estos jóvenes están poniéndolos en ridículo con un ordenador. Ahora el mundo ya no tiene excusa para no saber lo que pasa allí. Por cierto, ¿quién es Catherine Ashton?

PS: Quería decir cosas de Túnez pero pensé que era mejor esperar a que las cosas se serenaran un poco. Entonces estalló Egipto. Quizá haya que esperar, pero nadie me quita esta emoción.

sábado, 15 de enero de 2011

Nunca vi Agadez



El Sahel está poniéndose difícil; para los extranjeros, para sus habitantes siempre lo ha sido. Hace días que estoy rabiosa. La muerte me enfurece. Los dos franceses secuestrados en Niamey y asesinados me han dolido y enfurecido más que otros secuestrados, quizá porque hace poco yo andaba comiendo y desayunando por el barrio de Plateau, donde los secuestraron. Ha sido AQMI, de quien dicen que no ejecuta acciones sucias directamente, sino que subcontratan bandas de las habituales en la zona, de las que siempre se han encargado del tráfico ilegal de lo que sea (drogas, personas, coches, armas). Ahora se han hecho más crueles, porque sacan mucho más provecho. Hablan de Dios, de creencias y justicia, y no saben más que de dinero y privilegios. Hay que echarse a temblar en cuanto alguien grita la palabra Dios, muy cerca siempre anda otra: muerte, y su más real y cruel realidad.

¡Ah, el desierto! Ese sí que es un territorio descarnado. Los viejos de Tamanraset, en algún momento de cierta locuacidad cuentan de cuando se hacía el correo a camello entre Tam y Agadez, y trabajaban para los franceses o para la resistencia, sin más ley que sobrevivir al desierto, y a la pobreza y a los enemigos, que nunca faltan. Ahora van (algunos) en coches todo terreno, pero es la misma vida, y pueden hablar de la miseria que muerde a los habitantes del sur de Argelia y del norte de Níger, y de cómo el petróleo, el gas, el uranio y todo lo que haya valioso pertenece a alguien que está al otro lado del mar, del de arena y del de agua, en otro continente, en otra vida. Los tuareg tenían por símbolo un árbol, el del Teneré, y un camión lo arranco de cuajo. Testimoniaba la vida dura y tenaz,  casi milagrosa, en el desierto; la tenacidad imprescindible, los seres vivos enjutos y sobrios que lo habitan. Ahora ese tronco reseco está en el Museo Nacional, junto a una sala donde se explica la extracción del uranio y la riqueza que encierra. Y a otra con restos de dinosaurios, que murieron porque ya no tenían qué comer, allí, en ese mismo desierto. Es el museo de las metáforas, aunque pueda parecer que está llenos de elementos realistas e, incluso, de realidades.

Yo me muero por ir a Agadez y a Bilma, y por recorrer los desiertos del Aír y del Teneré (valga la redundancia porque Teneré significa, en tamasheq, desierto), pero han decidido que no, en nombre de algún dios, por lo visto, y de una religión que ni conocen ni les interesa. No saben que ese dios que no se les cae de la boca dicen que dice «¡Haced el bien! Tal vez así prosperéis». Con que fueran a la mezquita aljama de Niamey a leerlo sería suficiente.

martes, 7 de diciembre de 2010

El gran salto


Llevo días con esa imagen en la cabeza, no es constante, pero se me aparece de vez en cuando, en situaciones y en lugares insospechados, sin avisar, sin que nada la anuncie. Cuando creo que ya no volverá, asoma de nuevo y me rasga los párpados. No se me borra la imagen de un Mario Monicelli decrépito, con la fragilidad que desprenden los ancianos. No consigo dejar de imaginarlo con esos camisones humillantes de los hospitales, buscando a tientas la ventana adecuada y una silla a la que poder encaramarse para alcanzar a su objetivo. No puedo cesar de pensar en un viejo extenuado por un cáncer terminal y agotado por la lucidez que no te muestra más horizonte que la desesperanza. No se me agota la pena de sospechar la desazón de sentirse abandonado en el último momento y ya para siempre. No me abandona la rabia de intuir la angustia de decidir que para sortear el dolor buscarás dolor y que no habrá sosiego y calor en el  último segundo. Quiero pensar que se imaginó una escena cómica en la que un anciano casi ciego tropieza, consigue a duras penas subirse a la silla y con la última fuerza darse el impulso suficiente para saltar por la ventana.



Con la rabia de pensar que la dignidad de Monicelli y su combativa integridad no hayan merecido algo más de compasión, me encuentro con el reportaje que le dedican a un ciudadano llamado Carlos Santos, quizá menos combativo, pero no  menos íntegro. Sí, sí que hay formas más dignas de morir. 

lunes, 18 de octubre de 2010

Mujeres importantes



Parece ser que hay once mujeres chinas muy ricas. Supongo que la noticia tiene cierta relevancia macroeconómica, aunque no sé si porque hay muchas mujeres chinas ricas o porque hay solo algunas mujeres chinas que son ricas pero estén entre las más ricas del mundo. Yo, que sigo analizando la cuestión de la riqueza y su reparto con un sesgo ligeramente proletario, deduzco que hay once mujeres chinas especuladoras o explotadoras (o ambas cosas), porque creo que nadie se hace muy rico trabajando. Quizá haya algún ejemplo de eso que llaman hombres hechos a a sí mismos, que de la nada y solo con el esfuerzo personal han llegado a la riqueza, el reconocimiento social y, quizá, hasta la educación y la cultura. Tal vez haya algunos que han tenido mucha suerte —es decir, que han pegado un pelotazo—, y es posible que algunos de ellos, consciente de lo inmerecido de su posición, crean que deben devolver algo a la sociedad e intentar equilibrar la injusticia de un mundo que pasa de la gran sequía a la gran remojá en cuestión de kilómetros, sin ir más lejos, en los catorce que separan África de Europa.

El caso es que hay mujeres con más pasta de la que podrán gastarse en toda su vida. Alguien elabora una lista y publican en los medios de comunicación de todo el mundo nombres y apellidos, y dedicación principal (habrá que ver cómo cuantifican y suman, porque la gente muy rica, por definición y por codicia, dicen bastante menos de lo que hay y ocultan lejos  de todo lo que se parezca a un inspector de hacienda bastante más de lo que enseñan). Ya me imagino que le da igual al redactor, a quien ha preparado la lista y a las señoras, pero quiero decir que a mí esas mujeres no me importan nada.

Lo que me gustaría saber es quiénes son las más pobres. ¿Es que no van a buscarlas? ¿Nadie va a decir dónde están, cómo se llaman y a qué se dedican? ¿O es que son tantas que  no saben por dónde empezar los hacedores de listas? Una sugerencia: pueden darse una vuelta por África; tienen para no parar de escribir el nombre de las mujeres más pobres del mundo, es decir, de mujeres importantes. Si serán importantes que veneramos la tierra que pisan y, sobre todo, lo que hay debajo. 

PS: Los chinos se han apuntado a hacerse los amos de África, por varias vías. La primera es hacerse con las contratas de las infraestructuras (supongo que a cambio de cuantiosos sobornos, costes ínfimos y rendimientos inauditos). La segunda es la de los pequeños negocios y la presencia creciente pero paulatina. Se comportan como en Europa: integración nula y nada de reivindicaciones ni de hacerse visibles. 
Hay que reconocerles que montar un todo a cien en África, 
donde todo es a uno, tiene su mérito.

sábado, 31 de julio de 2010

Ligerezas estivales



La semana pasada se formaron colas en todo el mundo para apoyar la guerra más cruel y el exterminio más impune en la República Democrática del Congo. Los partidarios españoles de esas barbaridades estaban muy bien representados en la Gran Vía de Madrid. Presumían orgullosos de llevar ocho o diez horas esperando para colaborar en el expolio de ese país africano. Como premio, conseguían un teléfono con nombre propio Iphone 4. Nadie que hace una cola de ocho horas necesita imperiosamente para trabajar o para vivir un móvil nuevo. Lo que quizá sí necesitan para entender el mundo es trabajar una temporada en las minas de coltán del Congo. Porque ese es el asunto: el coltán, el mineral que necesitamos para nuestros teléfonos y otras aplicaciones tecnológicas, y que exigimos con un empeño digno de defender los derechos humanos, pero no un teléfono, que en la mayoría de las conversaciones que oigo al azar por la calle solo servirá para decir sandeces.
La ONU recibió una lista de veintidós empresas que parecen implicadas en el comercio ilegal de coltán. Alguna habrá que sea legal,pero yo ya no me creo nada. Que parezca legal y limpio solo significa que saben cómo conseguir certificaciones oficiales, no que esas certificaciones digan la verdad (los ensangrentados diamantes africanos se comercializan en el mundo entero con certificaciones israelíes de cumplir todas las condiciones legales; pero ya sabemos el valor que da Israel a la verdad, a la vida y a la codicia, eterno Shylock). Entre esa empresas está Talison, australiana, con códigos éticos e invocaciones al desarrollo sostenible; y con algún otro plan; para echarse a temblar. Ahora se ha dividido en dos: Talison litio y Taliso tantalio. El 80% de las reservas conocidas de coltán del mundo están en África, y de ellas, el 80% en el Congo. Por lo que respecta al litio, hace pocas semanas se anuncio que habían descubierto ingentes reservas en Afganistán, que hay países que deberían tener por himno aquello de «si naciste pa martillo del cielo te caen los clavos». ¡Vaya karma el de los afganos! Hacen que parezca una bendición tener el clima de Benidorm y que te dejen la costa alicatada hasta el techo.
La lástima es que no haya minas de cerebros en algún país del Tercer Mundo. Si así fuera nos lanzaríamos a explotarlas y expoliarlas, y haríamos largas colas para comprarnos uno, y quién sabe si incluso alguien intentaría usarlo. Las reservas mundiales de decencia y sentido común están todas en el Primer Mundo, me temo, y los códigos éticos y las normas medioambientales deben de impedir su explotación, o quizá es que son materias contaminantes; de otra manera no se explica que circulen tan poco y que no haya campañas promocionales para su uso.
PS1:Guglear «coltan blood youtube» lleva a información abundante y detallada, pero, aviso, te fastidian el vermut.
PS2: Hace unos días volcó un barco en la RP del Congo y murieron 138 personas (por lo menos; en eso barcos nunca se sabe cuántos van, sé de lo que hablo), todos africanos, sí,que murieron aplastados y ahogados. Además, ha habido un terremoto de grado 5,7 en Irán. Y las inundaciones causadas por el monzón han obligado a 400.000 personas a abandonar sus hogares en Afganistán y Pakistán; sí, los afectados de ambos sucesos son musulmanes y asiáticos, todos pobres. Los periodistas han decidido, como siempre, que la importancia de los muertos está directamente relacionada con la nacionalidad y la religión.

sábado, 5 de junio de 2010

Protagonistas y secundarios


Ayer se avistó un ejemplar de ballena gris en la costa frente a Barcelona. Se trata de una especie propia del Pacífico y que desapareció del Atlántico norte hace unos trescientos años, dicen. Ahora va y aparece una en el Mediterráneo. Hace unos diez días estaba en las costas israelíes, de donde se piró, y nada que te nadarás llegó a Barcelona. He aquí una prueba fehaciente de la inteligencia de los cetáceos: la ballena debió de olerse el percal y dijo, aquí se va a quedar Rita la cantaora y una flotilla, porque si me quedo, además de recibir la del pulpo a manos de los israelíes, luego me van a mangonear todos los medio de comunicación.

Israel practica el terrorismo de Estado, tiene un ejército entrenado para matar sin piedad, lanzan ataques indiscriminados y desproporcionados, se ceban con civiles inocentes y a la primera de cambio cargan contra civiles indefensos que no han hecho nada. Y por lo visto, hay gente (medios de comunicación) que de todo eso acaban de enterarse ahora. Ahora que las víctimas han sido unas personas occidentales, o sea, de los nuestros. Y nos rasgamos las vestiduras, y dedicamos programas de radio, reportajes de televisión y miles de páginas, y opinan todos los contertulios y analistas (que no han estado en Israel ni han hablado jamás con un palestino) y se reúne la ONU (para no hacer nada) y la UE se plantea si tiene que hacer algo (y llega a la conclusión de que no).

Así que se nos ha caído el lirio de la mano, porque hasta ahora no se había visto semejante arranque de indignación ciudadana, popular, de las fuerzas vivas e incluso de algún poder fáctico. Como si en la operación Plomo Fundido (enero 2009) el ejército israelí no hubiera matado a mil trescientos (1.300) palestinos. Como si no murieran todos los días desde hace años de ataques preventivos o de castigo, y de hambre y tristeza, de desatención médica, de desesperanza y humillación.  Esos muertos aburridos y cansinos de tanto morirse que salen en la prensa porque hay que sacarlo todo, pero en la tertulia de la radio que no nos quiten un ratito de charla sobre el mundial de fútbol (ese circo en el que veintitrés españoles sin vergüenzas y sin escrúpulos si hacen bien su trabajo se van a llevar 600.00 euros; si lo hacen mal, solo 60.000).

Ehud Barak lo ha dejado claro: «En Oriente Próximo no hay compasión con los débiles»; aplicación práctica de (cierta interpretación de) la Teoría de evolución que nos salva porque nosotros somos fuertes, y los otros son los otros. Y para corroborar como se las gastan, se nos pone al alcance un testimonio que pone los pelos de punta, el de Simcha Leventhal, que fue soldado en el ejercito israelí y luego fundó la ONG Rompiendo el Silencio, y dice lo primero que me parece sensato en muchos días: «No sólo hay que saber qué pasó con la flotilla; hay que plantear preguntas más allá, cómo se trata a los civiles en Gaza, la cuestión de la pesca… Es muy fácil colgarse de los incidentes. Hay que entender la vida cotidiana, lo que pasa día a día. Por más que duelan nueve muertos, las tragedias y las víctimas verdaderas, que son los palestinos, se producen todo el tiempo, y hay que ponerle mucha atención a eso […] La desintegración moral de Israel lleva 40 años […] está volviéndose una ideología, y ese es el peligro. […] Hay democracia. Los que hablan de los colonos se toman un descargo. La responsabilidad es de todos, no de ese veinte por ciento». Pero los periodistas no han tenido a bien hacerle entrevistas y que cuente su experiencia, su opinión y sus planes.

En un episodio de mi filósofo y oráculo favorito, House, un personaje le dice «No sabía que hubiera un área de la esperanza en el cerebro» y House le informa «No te preocupes, es muy pequeña». La mía, que debe de ser liliputiense, hoy, la ocupan esa solitaria ballena gris y Simcha Leventhal.

PS: Por cierto, que el apellido del asesino Ehud Barak coincide con el nombre del Nobel de la paz más injusto y manipulado de la historia Barack Obama (y con el presidente egipcio Hosni Mubarak) y cargan en su nombre con una palabra árabe (y de marcadas connotaciones islámicas; tiene que ver con la bendición de Dios). Yo agradecería que cumplieran los mandamientos en los que dicen creer, pero no temen ni los horrores del infierno ni los cuatro años y medio que el carnicero Ariel Sharon lleva como un geranio en la cama de un hospital.

viernes, 28 de mayo de 2010

Ciegos que no quieren ver


A mí se me han puesto los pelos de punta, pero confieso que no tanto al conocer la noticia como cuando he oído a una persona preguntar angustiada «¿dónde ha sido?» y, a continuación, exclamar aliviada «¡Ah, que susto!» al enterarse de que el atentado ha ocurrido en Paquistán y todos los muertos son paquistaníes.
Han sido más de ochenta personas muertas al instante, pero serán muchas más, porque unos tipos —defensores de que lo que ellos piensan es lo mejor (estúpido, pero soportable) y de que el resto del mundo debe pensar lo mismo— se han liado a tirar granadas en un recinto en el que había 1.500 personas dedicadas a sus creencias, sus aficiones y sus intereses sin molestar a nadie.

Ha sido en dos mezquitas en Lahore. Las víctimas son todas musulmanas (de la rama minoritaria ahmedi). Los atacantes también eran musulmanes (de la rama minoritaria talibán). Parece ser que en Pakistán ya han matado tres mil cuatrocientas personas, musulmanas todas. No está de más recordar de vez en cuando que la mayoría de las víctimas del terrorismo islamista (talibanes, al-Qaeda y franquicias diversas) son musulmanes; porque no nos entren paranoias y manías persecutorias, digo, y porque tengamos bien claro quiénes son los malos; y porque alguna vez sintamos algo de compasión por esas víctimas lejanas y algo de horror por el infierno que viven, aunque no lleguen hasta aquí sus gritos, aunque no sean de los nuestros.


domingo, 16 de mayo de 2010

Espíritu deportivo


Ante un certamen literario o un festival de cine, esperamos que los premios se los lleven los mejores, o, al menos, las obras que nos han gustado más. Porque para eso son los premios: para distinguir la excelencia, para señalar a aquellas obras o personas que destacan y que merecen ser recordadas y aclamadas. Pero, por alguna razón que se me escapa, ese mecanismo simple y lógico no funciona con el deporte. Cuando de competición deportiva se trata, y a pesar de ser meros espectadores, esperamos que ganen unos que identificamos como los nuestros; y no es porque repartan sus beneficios, (muy elevados en algunos deportes) con nosotros, ni las glorias ni las prebendas (que tampoco son escasas). Son los nuestros porque necesitamos sentirnos miembros de alguna tribu, parece ser; debe de ser ese incontrolable miedo a sentirse solo ante el mundo, esa espantosa desolación de sufrir en soledad y de no poder compartir las alegrías.

Hace unas semanas me encontré, sábado por la tarde, en un bar de esos con pantalla gigante en la que se veía el partido de fútbol del equipo local, en riesgo de sufrir una debacle, por lo visto. Como no me interesa el fútbol, me dediqué a observar a la gente; que había de todos los niveles sociales y culturales era predecible; que se mezclaban edades no es ninguna sorpresa; que los había más educados y otros más energúmenos es lógico; y que lo que los unía a todos era la más absoluta ausencia de deseo de justicia y de razonamiento sensato es la constatación de la obviedad. Todos comentaban lo mal que jugaba el equipo que querían que ganara. Pregunté si el otro jugaba bien y me dijeron que sí. Entonces pregunté que si el otro jugaba bien y se lo merecía porqué no deseaban que ganara.

Creo que fue una suerte (para mí) que estuvieran demasiado ocupados en el partido y no tuvieran ganas de hablar conmigo. Pero me ha quedado ese desasosiego que me mordisquea el esófago cada vez que descubro una nueva señal de que el mundo es un lugar inhóspito. No me resulta fácil entender ese sentimiento de pertenencia a la tribu; en general, no me resulta fácil comprender las adhesiones incondicionales. No obstante, algunas me parecen bastante inocuas; pero me da miedo pensar qué pasaría si se aplicara ese deseo de que ganen los nuestros por encima de méritos y de justicia en el reparto de premios, por ejemplo (y vamos a partir de que no pasa), en las oposiciones a catedrático, en la adjudicación de plazas de cirujanos, en la convocatoria de bibliotecarios y en la selección de personal para cubrir las plazas de guarda de seguridad de un banco. Y si queremos que gane la mejor película y el mejor cirujano, ¿por qué no queremos que gane el mejor equipo o el atleta más esforzado y de más cualidades?

No sé si somos conscientes de que aquel caballeroso y elegante que gane el mejor no solo era una expresión de buenas maneras, sino el deseo de que la justicia se impusiera sobre la fortuna y de que se reconocieran los méritos de los más aptos; eso que la evolución y la selección natural resuelve sin alharacas. La irracionalidad de querer que los nuestros ganen solo porque son los nuestros es una especie de nepotismos social peligroso, que da mucho miedo cuando, además, se junta con un que se jodan y se pudran, dedicado a los que no son los nuestros; esos otros que, a veces, son más listos, más preparados y juegan mejor.

jueves, 22 de abril de 2010

Más noticias de Somalia

Seguramente el problema es que yo estoy obsesionada, pero hoy he visto esta noticia Somalia y no estoy segura de que la haya visto nadie más. La ministra pide permiso al Parlamento para mandar unos soldados a entrenar al ejercito somalí y el Parlamento, e incluso sus compañeros de Gobierno, pasan de ella, de la propuesta y de todo, en plan bueno, vale, que no se diga que no hacenos nada por ese país que ¿dónde dices que está?.
No es mi ideal de solidaridad, pero entiendo que, tal vez, reforzar el Estado y sus instituticones es una manera de echarles una mano a los somalíes, a ver si no les dan por todas partes. Y no soy tan ingenua como para pensar que vayamos a ayudarlos más ni mejor. Quizá sería eficaz hacer un grupo en Facebook que se llame Señoras que se preocupan de Somalia y de otros africanos.
¡Vaya mierda de políticos, de medios de comunicación, de país, de sociedad y de mundo!

domingo, 28 de febrero de 2010

Ni contigo ni sin ti

Hay historias que solo se cuentan de noche y en la radio, que de tan reales como la vida misma, son la puta vida misma. En las noches de sueño agitado, en ese dormirse y despertarse, y pensar que no pasa el tiempo y que esa duermevela inesperada no acabará nunca, estiro el brazo hasta el botón del radio-despertador; entonces sumo las emociones ajenas a las propias y resto de mis dolores los de los demás; también multiplico los puntos de vista y, si la noche se hace eterna, divido la angustia entre mi historia y las de otros. Además, Fernando Lázaro Carreter era asiduo oyente del Hablar por Hablar, y confieso que siento un íntimo regocijo en compartir con él esa afición forzada, aunque yo no vaya a engendrar jamás una joya del estilo de El dardo en la palabra.

Hay noches en las que las voces de la radio, en vez de ese runrún de efecto somnífero son como un hierro candente atravesando las entrañas. Eso me ocurrió hace un par de noches. Contaba aquella mujer que desde hace unos cinco años vive en la misma casa que su marido, sin que haya no ya vida de pareja (sea eso lo que sea en cada caso y en cada casa) sino tampoco una relación personal. La historia parecía interesante; la mujer hablaba con voz serena y parecía sugerir un acuerdo amistoso de compartir vivienda y, de alguna manera, servirse de apoyo mutuo (conozco alguna pareja que vive así con un grado de alegría y satisfacción más que notable). Pero, como si hubiera necesitado calentar la boca y entibiar el corazón, tras algunos minutos, la mujer empezó a soltar todo el peso que llevaba encima.

Ella sigue cocinando, lavando, planchando y «todo lo demás de la casa». Él ni se lo impone ni se lo pide; ni siquiera le dirige la palabra desde hace años. Ella le ha preguntado varias veces si quiere que se vaya, y él se encoge de hombros y le responde que haga lo que le dé la gana. Cuando aparece alguno de los dos hijos que tienen (ya no viven en casa), él mantiene una conversación trivial pero cotidiana, como la de tantas familias; cuando se van, vuelve a ignorarla. Ella solo sale de casa los sábados para ir a la compra; no tiene fuerza para ir a ningún sitio ni amigas que la llamen ni otra familia que le pregunte ni la requiera en ningún acontecimiento. Él sale y entra, va a trabajar, y ella está segura de que, como es normal —dijo— tendrá alguna amiga por ahí. Ella tiene independencia económica (¿algún tipo de pensión?; contó que había trabajado toda la vida); de hecho es ella quien paga la comida; en la cuenta de él se cargan la luz, el teléfono, el gas y ese tipo de gastos.

Una vez, y aquí ya se le había roto la voz, se fue a un balneario un par de semanas y pensó que lo mejor que podía hacer era no volver. Pero al cabo de una semana ya estaba en casa: lo echaba de menos porque lo quiere mucho y no puede vivir sin él… Le duele como un puñetazo cada vez que pasa a su lado y ni la mira ni le habla, como si fuera un mueble. Entre sollozos aclaró que no hay malos tratos, jamás los ha habido. Si al menos le dijera que se marche… que no quiere verla ni saber nada de ella… cree que estaría mejor muerta. Yo, hipando al mismo ritmo que ella, pensé que mejor sería que se muriera él. Y esa noche ni sumé ni resté ni multipliqué ni dividí; me dieron las tantas derivando e integrando que el mundo es un lugar muy feo en el que cuesta mucho quedarse.



domingo, 17 de enero de 2010

De menú, compasión

La noticias —y las imágenes— de Haití son desoladoras. Las heridas, el hambre entre los escombros, niños vagando, solos para siempre, por la calle, el dolor, gente que busca a otra gente que ya no está, aquel bombero de Valladolid que ha encontrado un pequeño bajo las ruinas de una casa; todo eso, que hace exclamar al más insensible algunas palabras que expresen compasión, provoca que mucha gente ayude con algo de dinero y que los Estados y los Gobiernos de buena parte del mundo manden ayuda hospitales de campaña, comida, medicinas y se comprometan a echar una mano en la reconstrucción del país. La tercera pata de todo eso es que todos los medios de comunicación han mandado corresponsales a la tragedia (no a Haití, sino a la tragedia) para que nos informen a todas a horas y todos ellos de lo mismo: que es una tragedia.

Pero en Haití ya había una tragedia el día anterior al terremoto, y el mes anterior y el año pasado; y durante casi toda su existencia. La primera frase de todos los periodistas que hablan del terremoto es un inciso: «Haití, que es el país más pobre del mundo». En el IDH (índice de desarrollo humano), tienen peor nota muchos países africanos y el desalmado Yemen anda a la par, pero es cierto que Haití anda por la zona del indicador por la que cabalgan casi todos los jinetes del Apocalipsis y algún otro que cuando se escribió el libro aún no había aprendido a cabalgar.

La esperanza de vida de Haití es (o era) de 52,4 años, la tasa de mortalidad infantil del 57 ‰, la de menores de cinco año ronda el 76 ‰, la escolarización, el 50 %. Durante el año 2000, el sida fue la primera causa de muerte (en el 22,7 % de los muertos de entre 25 y 44 año), la segunda fueron las infecciones gastrointestinales, es decir, la falta de agua potable, y la tuberculosis da a diestro y siniestro.

Y todo eso no merecía titulares ni movilizaciones generales ni envíos masivos de ayuda ni solidaridad ni ojos atentos a los telediarios, entre otras cosas porque hacía mucho que no se hablaba de Haití en los telediarios (medios, en general). Parece que si no hay sangre, heridas abiertas, personas agonizantes entre los escombros, posibilidad de rescates heroicos y cifras grandes todas de vez, el estremecimiento mundial es menor.  Morirse poco a poco, de pobreza crónica, de abandono endémico, de miseria absoluta, de explotación de siglos, de tercermundismo, no está en el menú de la compasión, eso es de carta y ya hay que elegirlo y es más costoso. De justicia ni hablamos; solo la tenemos en los restaurantes de ricos.

Estados Unidos dice que va a hacerse cargo del país mientras sea necesario; con qué facilidad se inventan nuevas formas de colonialismo; seguro que hay buena voluntad, y seguro que alguien que ya tiene mucha pasta va a hacer un buen negocio. Un predicador evangelista —en realidad un hijo de puta con la maldad incrustada en los tuétanos— ha dicho que el pueblo de Haití se merecía el terremoto porque pacto con el diablo para conseguir la independencia. De lo que no dice nada es de con quién pactaron los estadounidenses que ocuparon el país entre 1915 y 1934 (por no ir más atrás), y luego los dictadores de la familia Duvalier y Aristide, y todos los asesinos y ladrones que han pasado por Haití.

No es que la desgracia siempre golpee a los más pobres; es que los más pobres tienen menos medios para combatir la pobreza y viven en los peores sitios, y ante la desgracia no tienen manera de atender las emergencias y encontrar soluciones. Es decir, que los desastres no tienen nada que ver con la providencia (la gobiernen Dios y el diablo, o la circulación general atmosférica y la tectónica de placas). La auténtica desgracia es la codicia que provoca pobreza; ante eso, el desastre es tan inmenso que solo cabe la desesperanza, a pesar de los bomberos, la compasión y los periodistas que hoy se ocupan de Haití.

PS1: Los optimistas que crean que esta es una oportunidad para ayudar al país a salir de la miseria y que puede haber una solución, etc. que se apunten en la agenda de 2015, por ejemplo, pensar unos minutos en Haití e informarse de cómo está el país y cuántos correponsales hablan de sus muertos sin sangre y sus miserias sin escombros.

PS2: Es posible que países como Burkina Faso, Somalia, Eritrea, Yemen, Blangladesh, etc. pongan a rezar a todos sus ciudadanos para tener un seísmo de más de 8 en la escala Richter. Caerán unos cuantos, pero les llovera la piedad y la ayuda internacional para la reconstrucción, que tanto y desde hace tanto tiempo necesitan.

lunes, 4 de enero de 2010

El horror, el horror (fotos de Emilio Morenatti)

Queda muy poco tiempo para disfrutar de las extraordinarias piezas de la exposición Los mundos del Islam en la colección del Museo Aga Khan, que se exhibe en el CaixaFòrum. Aunque había visto la exposición a trozos, ayer me fui a verla toda entera.  Es un auténtico placer ver tanta belleza y percibir el gran empeño en hacer cosas hermosas y útiles. Al salir, iba pensando en que la exposición es un buen argumento frente a aquellos que acusan al islam de todos los males del mundo. También pensé, como los pensamos todos los que nos interesamos por  la cultura árabe —tan ligada al islam—,  que tuvo momentos de esplendor, que este no es uno, desde luego, y que nos iría muy bien a todos, y especialmente a los árabes ya los musulmanes, que recordaran y emularan aquellos momentos históricos en que se medían por la capacidad de componer y recitar poemas o de construir astrolabios.
Con esa idea en la cabeza, se me cruzó en el camino el cartel que anunciaba la exposición de los premios Fotopres'09 y decidí aprovechar la ocasión.  Entré, me quedé clavada frente la primera pared, horrorizada, y hui a las otras paredes; las vi sin mirarlas y volví a la primera. Estuve un buen rato allí delante sin poder parar de llorar. Luego a mi casa a llorar; de dolor, de rabia, de impotencia, de desolación, de desconsuelo, de desesperanza.
En esa pared estaban las fotos que obtuvieron el primer premio. Diez fotos horrorosas, porque son el horror puro, el retrato perfecto del odio, de la maldad. Atónita, observaba cómo la gente podía mirar las fotos y comentar detalles técnicos y hablar de ellas. Yo solo podía llorar. Me gustaría que alguna de las personas, que las hay, que en todo ven algo positivo, se pusiera no ya delante de las mujeres retratadas, solo frente a las fotos, y me dijera un motivo para sonreír y ser feliz; a ver quién se atreve a ponerse ahí delante y ser optimista sin resultar cretino. Claro que ya sabía que eso ocurría y había visto otras imágenes; pero estas son capaces de petrificar toda la vida, todo menos las lágrimas. No es posible sostener la mirada de esas mujeres sin sentir un dolor insoportable y la perplejidad más absoluta.
Las fotos las hizo Emilio Morenatti (que no despiste el apellido; es de Cádiz), un fotoperiodista de los imprescindibles, que entre premio y premio, este verano perdió un pie en una explosión en Afganistán.  Lo he buscado en Internet, claro; su web está fuera de servicio. Entonces he ido al feisbuc, esa agenda moderna. Allí hay un grupo de apoyo al fotógrafo con veinticuatro miembros. No voy a comentar los que tienen personajes y personajillos, pero si las fotos de Morenatti muestran un mundo de horror, que no sepamos quién es nos deja ver qué feo es el mundo que hacemos.
PS: El segundo premio de Fotopres'09 muestra los horrores de la violencia tras las elecciones en Kenia, como podía haber ocurrido tras las elecciones en cualquier país africano, ese continente que nos queda tan lejos.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El olvido mata


Médicos sin fronteras lanzan una campaña cuyo lema es demoledor: «Enfermedad del olvido. La padecemos aquí, la sufren allí», y nos enseñan un mapa desgarrador, aunque no sorprendente. ¿Dónde están los enfermos olvidados? ¿Por (no tener) qué ridícula cantidad de dinero muere alguien?

Aquí nos sobra todo. Pues con una ínfima parte de lo que nos sobre, y sin movernos de casa, hay gente que puede vivir
  

domingo, 13 de diciembre de 2009

Desvergüenza patológica

Blair está enfermo, muy enfermo. Creo que las unidades psiquiátricas de todos los hospitales británicos deberían aunar esfuerzos para curarlo. Incluso todos los psiquiatras europeos, habida cuenta que ese desvergonzado criminal anda en misiones de paz en nombre de todos nosostros, ¡hay que joderse con el sarcasmo!

Después de haber satisfecho su egocentrismo y su soberbia y de haber ganado una cantidad nada despreciable de pasta, podía estarse callado; esperar que se sienta culpable de asesinato y se arrepienta de su estupidez y su maldad es demasiado pedir. El miserable mal bicho da una entrevista en la que dice que no se arrepiente de nada y que no cambiaría ninguna de sus decisiones, pero que admite que debió buscar otra razón para invadir Irak que aquella patraña de las armas de destrucción masiva. También dice que la fe (cristiana) le dio fuerzas para tomar esa decisión en la soledad del poder.

Para soledad la de los ochenta y seis muertos y ciento cincuenta y nueve heridos de anteayer. Sí anteayer, 12 de diciembre de 2009, y escribo la fecha completa por si alguien no recuerda que la guerra civil, que sufren los iraquíes desde la invasión del país en 2003, sigue viva. El 25 de octubre en otra serie de coches bomba murieron, al menos ciento cincuenta y cinco personas y hubo alrededor de 500 heridos; y en agosto… y en junio…

No, no es cuestión de números. Es cuestión de vergüenza. De lo que valen los muertos, las víctimas de las humillaciones, los heridos y los condenados a sufrir según donde estén. Y de sentir, al menos, dolor por la ignominia, y hasta un poco de culpa, que todos chupamos petróleo. Y de no olvidar, y de no aburrirnos del dolor ajeno y lejano.

Pero todo eso no va con Blair. En la crisis de Gaza de diciembre de 2008, Blair era enviado europeo par a Oriente Próximo (aunque el nombre del cargo no lo mencione, se supone que lo envían para buscar una solución que conduzca a la paz) pero decidió que debía pasar las navidades con su familia en Londres y asistir a la inauguración de una tienda de Armani; ¡y va a importarle lo que hizo en 2003! Es lo que tiene la desvergüenza crónica y aguda.

PS: Los adjetivos que adjudico a Blair son aplicables a Bush y Aznar, y aquel Durao Barroso que asomaba la patita en las Azores y ahora preside la Comisión Europea sin atisbo de rubor suyo... ni de ningún europeo, por lo que parece.
Después de escribir esta entrada veo que Ramón Lobo habla de lo mismo con menos rabia y mas argumentación.

viernes, 16 de octubre de 2009

Guerra

Por seguir con jinetes del Apocalipsis, digo. Resulta que en los últimos diez meses, España ha subido dos posiciones en la lista de potencias armamentísticas mundiales. Pero Gervasio Sánchez lo dice mejor en su blog y lo ilustra con esas sobrecogedoras fotos que hace de seres hermosos maltratados por la vida. Habrá quien vea una señal de prosperidad en aumentar el PIB, pero a mí, así, me da vergüenza, y rabia.

Más rabia. Esta la cuenta Joan Marcet en el estupendo blog que escribe desde Marruecos. Aviso que la foto produce horror, al principio, y una tremenda desolación, después. Una mujer quemada por su marido, por no atender a sus órdenes. Pero Marcet habla también de un movimiento de mujeres marroquíes que no se resignan. Yo me he emocionado de ver la foto de esas mujeres manifestándose llenas de coraje.

Entre tanta rabia, reconcilia con el mundo que haya periodistas decentes, como Gervasio y Joan, que ejercen su oficio con dignidad. Yo les agradezco que me hagan pensar en algo más que indignidades garbanzeras y maquiavelos locales.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Hambre

Según la ONU, ya hay más de mil millones de personas que pasan hambre.Lo publica 20 Minutos, pero en los periódicos importante, los que crean opinión, la persona más relevante del día es un tipejo que lleva un reloj de seis mil euros, no ninguna persona de esos mil millones. ¡Qué lástima que el hambre no sea rotativa!, como la presidencia de las comunidades de vecinos.

Cerca, tenemos gente que pasa hambre. Entre el dolor y la rabia, se puede hacer algo. El Banc d'Aliments (93 346 44 04) organiza una recogida de comida. Tan fácil como llevar arroz, pasta, legumbres, aceite o conservas a alguno de los puntos de recogida entre el 13 y el 17 de octubre o comprar vales de contribución a la campaña en los supermercados que participan (hay que pinchar en puntos de recogida).

¡Ah! y aunque se acabe esta campaña no se acaba la gente que pasa hambre. Que no  se acabe el dolor y la rabia.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Democracia farmacológica

Vi una entrevista con Teresa Forcades en el programa Singulars (en este enlace se puede ver el programa íntegro), de TV3. Me lo encontré zapeando y casi me lo pierdo, porque vi la toca y yo soy alérgica a toda manifestación religiosa. No me gusta que lo primero que me dice alguien, con su ropa o sus aditamentos, sea en qué tiene fe; yo soy más partidaria del por sus obras los conoceréis, frase que tiene dueño, mira qué paradoja,cercano a la toca en cuestión.

Pero me llamó la atención la vehemencia de aquella mujer, y que oí la palabra medicina o salud o algo así. El caso es que aquella mujer, además de monja, es doctora en Salud Pública, especialista en Medicina Interna (Univ. Nueva York), doctora en Teología; Master of Divinity (Univ. Harvard) —¡qué cosas hacen en Harvard!— , y autora, entre otros libros de uno que tiene el poco conciliador y menos ambiguo título de Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas, que se puede descargar (en catalán y en castellano) en la web de la editorial Cristianisme i Justícia; y que el nombre de la editorial no lleve a juicios apresurados, ni sobre este libro ni sobre otros; para mí que les pesa más la justica que ninguna otra cosa.

De aquella entrevista, a mí me quedó la convicción (razonada y razonable, nada que ver con la fe) de que Teresa Forcades es una persona inteligente, valiente, perseverante, comprometida y militante con la salud y el bienestar de las personas y, por ello, razonable y sensata en la apuesta por medidas que tengan esa salud por objetivo y no se rigan ni por condicionantes ideológicos ni, por supuesto, por intereses económicos; además es mujer y monja, y no sé si ambas condiciones tiene que ver con todo lo demás que es y con lo que hace.

Hoy, en El Periódico publica una entrevista con Teresa Forcades, doctora en Salud Pública (ya sé que me repito) en la que explica porqué el tratamiento que se le está dando a la gripe A es absurdo, y no evita acusar a las farmacéuticas y a los políticos de sacudirse la responsabilidad y trabajar por sus intereses (no por la salud).

Yo ya no pensaba vacunarme, por un razonamiento un poco simple: si todo el hemisferio sur ha pasado el invierno sin vacuna y sin grandes desastres, ni en términos absolutos ni en relativos (otro día hablamos de las infecciones intestinales por no tener agua potable, la malaria, etc.), creo que yo podré pasar con caldos, zumos, y antitérmicos y analgésicos genéricos. Pero es que, además, hay que ver cómo canta esto a que viene el lobo, que viene el lobo, o dicho de otra manera, cómprenme, oh Gobiernos cobardes y ciudadanos aprensivos, unas vacunas y unos tamifluses, que este año tengo la cuenta de resultados un poco delicada; y acuérdense de que las empresillas estas las dirigimos gente con muchos contactos en todas partes. Como bien sabe El jardinero fiel.

Para lo que de verdad es buena la vacuna de la gripe A y los antigripales hiperespecializados de última generación es para la salud de la farmacéuticas; para la nuestra, igual hay que recordar aquello de con medicación siete días y sin medicamentos, una semana.

sábado, 3 de octubre de 2009

Lo que se cocía en Copenhage

No sé si Obama defendió bien en Copenhage la candidatura de Chicago, pero si algo hizo mal, hay que disculparlo. Resulta que tenía en la cabeza otro asuntillo; nada, una fruslería, que no salió ayer en ningún periódico, telediario o tertulia política. Sale hoy en El País; resumida, la noticia es que Obama le ordenó a su jefe militar en Afganistán que acudiera con urgencia y emergencia a Copenhagen para ordenarle que no vaya por ahí diciendo que lo que se necesitan son más tropas para dar más caña.

Stanley McCrystal, el general en cuestión, es partidario de la consigna romana Si quieres la paz, prepara la guerra, y no para de decir y de escribir que hay que mandar más tropas. Obama, que no se sabe muy bien de que ideología es partidario pero no quiere pasar a la historia por llevar la misma política exterior que Bush, le tiene dicho que, mientras se lo piensa, no le manda más soldados, y, de paso, ahorra. Los republicanos, a los que les pirra la guerra (y la pasta que ganan muchos de ellos), le pagan los folios al general para que largue y no pare en informes en plan centurión romano.

A mí me parece (y podría hacer un repaso por la historia para argumentarlo) que los tanques no han conseguido nunca pacificar una región ni reunificar un país ni desarrollar una sociedad. Eliminar la pobreza (que siempre disminuye la corrupción) y aumentar la cultura (que lleva a relativizar los dogmas), sí.

Tanto oír hablar del valor del deporte para unir países y continentes, la fraternidad que despiertan las olimpiadas y el desarrollo que supone para un país celebrar unos juegos olímpicos me ha dado una idea que le regalo a Obama; le servirá para darle un toque original a su política exterior. Para el 2016 no llegan ya, pero yo creo que hay que preparar la candidatura de Kabul 2020, y la de Bagdad para el mundial de fútbol de 2018.