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domingo, 26 de febrero de 2012

¡Qué arte!


Las Brecas. Ana (de espaldas) y Rocío López Segovia

Un tipo hecho y derecho, médico, profesor o notario se transforma durante diez días en un bufón. Se disfraza de algún personaje hilarante, se pone una peluca, se pinta un par de círculos rojos en los mofletes, se cuelga un pito y se lanza a la calle, con unos compañeros igual de serios. Y así van cantando por las esquinas, sin más intención que pasarlo bien, divertir a la gente y demostrar su ingenio. Son los carnavales de Cádiz. Se han pasado días y días escribiendo músicas y letras, que son un prodigio de la rima y la sorna; e ideando un tipo (una concepto más cercano a la caracterización teatral que al disfraz) en el que la imaginación y el ingenio son más importantes que los medios. Así, una caja de galletas con un tablero de parchís se convierten en un bonete de graduación universitaria, uno estropajos resultan perfectos adornos de un traje militar, dos botellas de litro y medio de refresco hacen un submarinista y con un trozo de espuma y una tela rosa con lentejuelas  un mujer se transforma en una breca.

El Llanito Solitario; un romancero de Gibraltar

Todo ese esfuerzo  está destinado a sacarle punta a los temas más candentes o a contar con ironía una historia inventada. El objetivo es que el público se ría, pero se equivoca quien piense que todo va de cachondeo. Los gaditanos se toman muy en serio los carnavales, de modo que las risas contrastan con el silencio reverencial que guardan los espectadores de cualquier chirigota, comparsa o romancero; y cuando no es así, siempre hay un amo’scushá que reconviene, con tanta gracia como firmeza, a quien no muestra el debido respeto por la comparsa y por el público. Entre chirigota, un vasito aquí o una cervecita allá, y a buscar la siguiente comparsa. Nunca se sabe en qué esquina cantan ni a qué hora, que para eso se llaman chirigotas ilegales; quizá muchas están menos preparadas que las comparsas del teatro Falla, pero la frescura de la calle suple las eventuales deficiencias.  Y a pesar del mucho manzanilla y la mucha cerveza que se trasiegan y de la cantidad de gente, es impresionante ver cómo avanzan las noches sin empujones ni broncas.
Era inevitable que Urdangarin, la crisis y el naufragio del Costa Concordia fueran los temas estrella, porque una chirigota de calle te hace en media hora editoriales más certeros que muchos periódicos. Pero tampoco iba a escaparse un tipo llamado Cayetano Martínez de Irujo, entre cuyos méritos está montar a caballo (parece ser que no muy allá), tener título nobiliario y ser hijo de su madre, la duquesa de Alba, que como posee una cantidad ingente (indecente) de tierras, se hace con una enorme cantidad de dinero en concepto de subvenciones a la agricultura. Señoritos de toda la vida, el niño opina  que los andaluces son unos vagos y que no tienen ánimo de progresar. Como era de esperar, le han salido chirigotas por todas las esquinas de Cádiz; lógico: trabaja más un chirigotero preparando los cuplés que el tipo ese en toda su vida, y con bastante más arte, porque el señor marqués de Salvatierra (mira tú lo que ha progresado él para ser marqués) es un rato lacio, que hasta para insultar hay que tener gracia.  
El señorito está acostumbrado a la prensa rosa, a elegir en cuál de los palacios de su mamá va a vivir y a manejar pasta larga, pero no tendrá en su vida ni el ingenio ni el arte de rimar dos coplas, ¡como para hacer análisis sociológicos con sentido! Sus juicios zafios y chapuceros son especialmente sangrantes en Cádiz, donde la tasa de paro, una de las más altas de España, supera el 30 % (sí, claro que hay economía sumergida). A la ruina de los astilleros se va sumando el de la pesca, y el turismo no es suficiente para remontar; así que con el trabajo, pocas bromas, aunque se rían de todo y sean felices con unas papas aliñás. Les queda el carnaval; mejor que los japoneses no lo entiendan o se lo esquilmaran a los gaditanos como los atunes.


PS: Hay una antología excelente de chirigotas en http://www.youtube.com/user/vivacai?feature=watch. Y si se sigue buscando por youtube se encuentran joyas,entre ellas algunas de  comparsas memorables del concurso oficial, como http://www.youtube.com/watch?v=LtrRCTx_KY8. 

domingo, 5 de febrero de 2012

Gominolas curativas

Los intentos de desenmascarar estafas en forma de terapias, timos bajo el aspecto de duros a cuatro pesetas y mentiras disfrazadas de insondable misterio son casi todos inútiles. Una de las razones es que todos tendemos a seguir a los nuestros en vez de escuchar a los otrosLa segunda razón es que en todas las sociedades hay una minoría formada e informada, ávida de conocimiento y crítica, y una mayoría (de personas buenas, no me cabe duda) acrítica, inculta (la ciencia es cultura) y con tendencia a creer en cosas que aparezcan como sobrenaturales e incomprensibles (sobrenatural = yo no lo sé; incomprensible = yo no lo comprendo). Las sociedades son así y en eso se basa su funcionamiento. Chamanes, brujos, sanadores, adivinos, astrólogos y sacerdotes, con sus respectivos misterios, sabidurías ocultas, milagros, rituales, dioses y poderes, los ha habido siempre; y seguirá habiéndolos porque es más fácil aceptar que reflexionar, y da menos problemas seguir la bola que cuestionar, y resulta más relajado creer que estudiar, y es menos angustioso vivir con certezas ajenas que con preguntas propias, y se es menos raro abriendo la boca que el cerebro. Así que la superchería no se discute; por supuesto, los que creen en una superchería la llaman fe (la de los demás sigue siendo superchería, claro). 
Por eso ante las teorías creacionistas, que sin sonrojo se exponen en un ciclo de conferencias de la Universidad de Granada1 o ante la cátedra de Homeopatía de la Universidad de Zaragozahay poco que dialogar: o crees o no; pero si no crees, por lo menos hay que presentar batalla. En esa batalla se empeñó Escépticos,un estupendo programa de televisión de la ETB que ha comprado la 2Mientras llega3ver el programa dedicado a la homeopatía da entre vergüenza ajena y una rabia que no puedes con ella, cuando un farmacéutico cae en la cuenta de que está contando mentiras, o cuando esa responsable de empresa de homeopatía le da un manotazo a su director médico para que se calle.
Nadie que crea (del verbo creer a ciegas) en la homeopatía dejará de usarla por ver un programa de televisión. En realidad, es posible que solo sirva para que los que ya sabíamos todo eso nos digamos unos a otros «¡¿ves, ves?!», pero hay que aprovechar todas las oportunidades para combatir (desenmascarar y ridiculizar) a los charlatanes. Debería hacerlo la educación (no será en esta legislatura; el ministro Wert ya ha enseñado la patita), pero los medios de comunicación (más si son públicos) pueden ir haciendo labor de zapa, ya que los Gobiernos no ponen firmes a los mentirosos —personas y empresas— que se lucran de la ignorancia y, a menudo, de la desesperación de un enfermo. Por eso el programa de José Antonio Pérez, presentado por Luis Alfonso Gámez tiene un mérito extraordinario. 
Yo voy a pasarme por la farmacia donde suelo comprar; a ver si tengo que cambiar de boticario y explicarle al mío que lo hago porque no me fío de chamanes que venden crecepelos.
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1 El ciclo de conferencias vale por créditos en diversas licenciaturas. Lo organiza un seminario creado por el rectorado y tiene entre sus objetivos "Fomentar el conocimiento, desarrollo y divulgación del pensamiento cristiano católico en el ámbito de competencia de la Universidad de Granada, como un servicio a la sociedad de nuestro tiempo"; ¡con un par!
2 La cátedra en cuestión está patrocinada por una multinacional que vende productos homeopáticos y que hace que en una facultad de medicina pública se enseñe que unos preparados que no han demostrado su acción en ningún ensayo clínico ni se someten a ningún control de la Agencia Española del Medicamento tienen propiedades terapéuticas.
3 Parece ser que La 2 pasará todos los programas de Escépticos…, excepto el de las religiones; pero para eso está Internet.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Dignidad


Maruja Ruiz Martos es una mujer como tantas, de un barrio obrero (sí, ya sé que queda antiguo), que las pasó canutas y por eso se metió en la lucha vecinal; y cuando empezó a irle un poco mejor, siguió en la lucha, porque de lo que se trataba era de que a todos les fuera mejor. Por eso, a pesar del orgullo de verse reconocida, cuando el Ayuntamiento de Barcelona le dio la medalla de honor de Barcelona, Maruja pensó muy bien qué hacer y cómo hacerlo. Y lo hizo: Se plantó en la ceremonia y rechazó la medalla.


La cara y la pose del alcalde Trias es la viva imagen de la torpeza y la desvergüenza, que quedarían un poco disimulada si no tuviera al lado a Maruja. Ella, una vez que hizo saber que no podía aceptar una condecoración de un Gobierno que recorta, precisamente, aquello que ella ha intentado conseguir toda la vida, evitó por segunda vez que le pusieran la medalla y se fue con sus vecinos, elegante, digna, grandiosa.

Maruja no fue  al a escuela, y por eso ha dicho en una entrevista: «Si nuestros hijos no pueden educarse y nuestros enfermos no pueden curarse ¿qué nos queda a los pobres? Cada palabra que pronuncia esta mujer es una lección, y, por lo visto, cada gesto y cada acción, también. Aquí hay diez minutos impagables de emoción y épica a cargo de Maruja la de Nou Barris. 
Si esta entrevista empieza a formar parte de currículum evaluable en las escuelas y universidades, quizá algún día Goldman, Sachs, Moody, Standard, Poors y unas docenas más de gentuza indecente (entre la que hay banqueros, negociantes, políticos y mercenarios sociales) tengan que esconderse y decir en voz muy baja a qué se dedican, como los leprosos morales que son.  

sábado, 12 de noviembre de 2011

Viva Las Vegas



Iba a ser muy difícil que el actual Gobierno de la Generalitat hiciera algo que me gustara, por dos razones básicas; la primera es que son nacionalistas y no me gusta la política basada en sentimientos, argumentada con la idea de nosotros y los otros y administrada por criterios patrióticos; la segunda es que yo soy de izquierdas. Sé que la afirmación queda antigua, pero es lo que soy; y CiU es de derechas, y más cuando gobiernan (cuando son oposición intentan disimular un poco para ganar simpatías): a veces y en algunos aspectos son tan de derechas que llegan a ser xenófobos, machistas y elitistas, y muy moralistas. Los bufones (peligrosos) más aparatosos de esa ideología, en estos momentos, son Duran i Lleida i el conseller Ruiz, pero hay un movimiento más discreto y no menos peligroso.

Nos contaron nosequé del gobierno de los mejores, de una sociedad basada en la excelencia y nos bombardearon con la milonga del estudio, el esfuerzo y la enjundia intelectual, que se había acabado la sociedad del ladrillo y la especulación nos dijeron. ¡JA! Por si el plan Bolonia no fuera a convertir la universidad en una fábrica de secretarias, dependientes, teleoperadores y curritos varios (en una palabra, aunque sea antigua, proletarios) con un baño de culturilla (los graduados), por un lado,  y, por otro, un coto de caza selecto (los posgraduados y masterizados); y por si no fuera suficiente vender playas, sangría, afterhours y croquetas congeladas refritas para que venga toda Europa a emborracharse, ahora a alguien (alguien con poder) se le ha ocurrido una idea brillante para revitalizar la economía catalana y que volvamos a ser una sociedad admirada por el mundo.

El brillante plan es un «macrocomplejo de ocio» tipo Las Vegas. La pena es que los cerebros que velan por el desarrollo de Cataluña no son los únicos que aspiran a conseguir semejante don del cielo. La Comunidad de Madrid dice que ellos ya lo tienen apalabrado; lo están tramando, por lo visto, Esperanza Aguirre y Miguel Sebastián, así que el asunto sobrepasa las ideologías (y, desde luego, las ideas).  Así que estamos de enhorabuena: pelotazo urbanístico, el Pepe Isbert de turno saludando a los americanos desde el balcón, promoción del derroche, homogenización (aborregamiento ) de gustos y comportamientos, hordas en peregrinación al templo de la horterada y mogollón de puestos de trabajo con el solo requisito de saber poco, pensar menos y estar callado. La excelencia, la cultura, la investigación y el desarrollo las dan los casinos, hoteles, tiendas, restaurantes y campos de golf, y nosotros sin saberlo.

El ideal de todo facha político y económico: una población de mastuerzos. Pobres diablos que se deslomen a currar para gastarse la pasta a partir de las seis y en los fines de semana en ese eufemismo que se llama ocio-y-cultura y que antes se denominaba pan-y-circo. Sí, me quejo de todo, a pesar de que, como me ha hecho ver un amigo, el proyecto nos ofrece una ventaja estupenda: ya no habrá que ir a Las Vegas para casarse disfrazo de Elvis.

PS: Sí, ya sé que esta entrada me ha quedado un poco marxista; ¿y qué? Estoy harta de fachas y reaccionarios.

domingo, 2 de octubre de 2011

Me siento ciudadano antes que mujer


Honor y gloria a Clara Campoamor y el resto de las mujeres que nos hicieron la vida un poco más fácil y mejor, también a lo hombres. Ochenta años después, a veces parece que fue anteayer. Gracias sufragistas.


domingo, 31 de octubre de 2010

Josefina



Ni el trabajo ni el pan ni la libertad ni el futuro se regalan. Marcelino Camacho



Hay pocas cosas que me conmuevan más que la integridad y la firme decisión de ser lo que se es y lo que se quiere ser; y me admira la tozuda resistencia contra los ecos fatuos del poder. No estoy segura de que yo pudiera con ellos.

De las imágenes aparecidas a propósito de la muerte de Marcelino Camacho, esta es una perfecta declaración de principios: su mujer, un amigo, su ideología y la marquesina de un autobús. Es la escueta descripción de la vida de un hombre que a esas altura podía tener despacho, coche, cargo honorífico, lugar reservado y unas cuantas prebendas. Sin embargo, parece seguir obstinado en defender algo para todos y anhelar para sí solo lo necesario para vivir. No viene al caso si lo hizo bien o mal; solo hablo de la persistente convicción de que o nos salvamos todos o no se salva nadie, de la decisión tenaz de levantar la voz por los más débiles y de una manera de vivir convencidamente honrada y entregada.

Y con todo, las imágenes que me han emocionado son las de Josefina Samper, su mujer. Ella era quien tejía los famosos marcelinos, esos jerséis de lana gorda con cremallera y cuello alto que inventó porque él tenía la garganta delicada y en la cárcel siempre estaba con faringitis. Luego siguió tejiéndolos; y él siguió llevándolos toda la vida. También ella, con toda la dignidad de una mujer sin bótox ni peluquería. Murió su marido y supo que tenía que estar ahí, aguantando el tirón con entereza, como estuvo siempre. Se puso una chaqueta de lana y fue para allá, a agradecer a todo el mundo que fueran a despedirse. Para ser la persona más digna de todos los que pasaron no necesitaba ni trajes negros ni gesto alguno, le bastaba su vida entera. Luego se volvió a su casa.

PS: Eso ocurría un día antes de celebrarse el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, otro ejemplo de dignidad y voluntad de pensar y decir, llorado por otra Josefina (Manresa), una mujer morena resuelta en lunas.

sábado, 17 de julio de 2010

El barro de los ídolos


Así, en general, a mí me parece que la humanidad es idiota y que las personas tienden a la hijoputez. Creo, de verdad, que la naturaleza humana es ser codiciosos, petulantes, egoístas y soberbios. Lo que me impide que me comporte como Michael Douglas en Un día de furia es que también creo (y lo compruebo a menudo) que hay personas —muchas— que se empeñan en superar el instinto de esa naturaleza y ser generosas, solidarias y humildes. Eso requiere un esfuerzo cotidiano —gigantesco, supongo— y constante, como un entrenamiento que no se puede descuidar ni un solo día de tu vida, en aquellas personas que tienen la posibilidad de tocar mucha pasta, de presumir mucho y de pavonearse ante el prójimo.

Hay personas que lo logran y otras que no. La corriente general no ayuda; la sociedad, los medios y todas esas cosas; o sea, nosotros. Las personas eligen sus ídolos y sus héroes; les dan dinero y gloria, y, si además son jóvenes y guapos (en realidad con que tengan pasta, sean jóvenes y salgan en la tele ya casi todo el mundo los ve guapos), idolatran su imagen, imitan su aspecto, los siguen en Facebook y hacen cola para verlos. Y les ponemos alfombras y focos, o los sacamos en autobús aplaudidos por una masa enfervorizada y rendida.

Hasta yo sé quiénes son Casillas, Torres, Puyol, Villa, etc., y Vicente del Bosque, que es el que más me gusta de los flamantes campeones. Es solo que quiero aprenderme y no olvidar los nombres de las personas que han recibido (y merecido) los premios Nacionales de Investigación de este año: María Antonia Blasco Marhuenda (Biología), Enrique Castillo Ron (Ingenierías), Salvador Barberá Sánchez (Derecho y Ciencias Económicas y Sociales), Ignacio Bosque Muñoz (Humanidades) y Carlos Martínez Alonso (Medicina). Como con los futbolistas que se han llevado la gloria, es posible que haya otros que los merecieran pero el seleccionador tenía que elegir y ahí está el equipo que ha ganado la liga este año.

Y a esto he llegado por una noticia que me ha hecho saltar las lágrimas de emoción. Enrique Castillo Ron es ingeniero de caminos y matemático, lo cual, afirmo y sostengo, es mucho más importante y difícil que ser futbolista o cantante, y, además, requiere mucho más esfuerzo e inteligencia (un currículum vale más que mil palabras); por no hablar de la diferencia entre fallar un penalti o dar un mal concierto y equivocarse en los cálculos de un puente o no recordar bien cuál es el tratamiento más adecuado para una neumonía. Enrique Castillo tiene 64 años, así que podría esperar tranquilamente la jubilación en su posición de catedrático de universidad, pero no; anda pensando cómo aplicar lo que sabe a la cooperación. Y dice que no hay otra opción que destinar el dinero del premio a un proyecto de ayuda al desarrollo en Togo y Benín. ¡Con un par!

Que no digo yo que los futbolistas de la selección (cuyos sueldos suelen ser discretos y comedidos) no se merezcan que les den seiscientos mil euros, a cada uno, por hacer algo tan importante como ganar el mundial y por dedicar toda una vida de estudio y esfuerzo a mejorar la vida de los demás. Pero a mí me gustaría que pasearan a Enrique Castillo en un autobús y que le dedicaran (también a los otros premiados) horas de televisión, estatuas, calles y homenajes variados. Y, sobre todo, que fuera modelo de adolescentes y recién estrenados adultos. Mientras eso llega, hoy necesitaba dejar en algún sitio mi emoción, mi homenaje y mi agradecimiento a la inteligencia de los que se enfrentan a la naturaleza humana y ganan por goleada.

miércoles, 7 de julio de 2010

Pijos sin fronteras


He dejado reposar una noticia un mes a ver si, como me aconseja todo el mundo, le doy menos importancia a las cosas que no me afectan directamente y sobre las que no tengo ninguna influencia. Pero nada, estoy cabreada como el día, hace ya un mes, que salió la noticia de que un tipo que se llama Custodio da forma al primer «beach club» de Barcelona. No a un club de playa, no, a un beach club , no se vaya a pensar alguien que será algo parecido a los antiguos baños de San Sebastián o al Atlético Barceloneta. ¡De ninguna de las maneras! Será un sitio cool, en la onda, con un chill out y todo. Que nadie se ponga nervioso; ya han dicho que no será un club privado sino que podrá entrar todo el mundo. ¡Nos ha jodido mayo con las flores! Solo faltaría que esos pijos de tres al cuarto, ignorantes y socialmente prescindibles pudieran montar un club privado en un espacio que la Constitución dice que es público y para el disfrute de todos los ciudadanos.

Y sin embargo, sospecho que «todo el mundo», en inglés debe de significar gente con mucha pasta, banal en su existencia y en su trabajo, y tan estulta que cree que llevar ropa de marca confiere buen gusto y distinción. Que el Santo Ángel Custodio, patrón de la policía, vele por los que llevan su nombre, por su panda, y por el muy tontolaba y pijotero Ayuntamiento de esta ciudad. Porque del club, de la playa y de su todo el mundo cuidarán un montón de guardas jurados y todo tipos de seguratas, tal como ya ocurre en la zona de esa mierda de hotel W, que, con la aquiescencia de los politicastros municipales nos ha secuestrado agua, arena, espacio, cielo y calles. Prueben a ir con aspecto de indigente a las inmediaciones del hotelito de marras. 

miércoles, 23 de junio de 2010

Afinidades no elegidas


Hay un lugar en Barcelona en el que Abd el-Qádir (sufí y resistente anticolonialista) hace esquina con Alfonso X el Sabio y ambos abrazan el parque de las Aguas. La calle del emir argelino es estrecha, con pocas casas y situada en un barrio con pocos vecinos que compartan cultura con Abd el-Qádir. Por casualidad (creo) enfrente del rótulo de la calle hay un supermercado de nombre Faizan, que deduzco correligionario, en el más estricto y original sentido de la palabra. Pero a mí lo que me gusta es que esté codo con codo con Alfonso el Sabio.
No sé si los vecinos de la calle serán conscientes de lo ilustre del personaje. Tampoco sé a quién se le ocurrió dedicarle una calle y en esa zona de la ciudad. Yo lo hubiera puesto mirando al mar, a su mar, a nuestro mar, al mismo mar que lo llevaría hasta su casa. Tan venerado que lo cantan y le cantan los artistas más aplaudidos, en Argel y en París. He visto interpretar esta canción a la orquesta municipal de Tetuán, mientras la gente aplaudía y cantaba con auténtico fervor, y para que un marroquí jalee a un argelino....

Hay días que esta ciudad es muy hermosa y calles que parecen un acto de justicia. A mí me toca vivir en una dedicada a un general, con el que Abd el-Qádir hubiera hecho buenas migas porque también se dedico a darle sopas con honda al gabacho invasor. Cerca de mi casa está la calle donde Ramón y Cajal descubrió la teoría de la neurona. Al lado del portal tiene una pequeña placa, que ningún guiri se detiene a mirar (y por la zona pasan unos miles). Yo siempre que ando cerca, voy hasta la puerta, me detengo ante ella y hago una leve inclinación de cabeza, honor y reconocimiento a las personas importantes. Me parece tener claro a quien le debo homenajes, aunque no tengan estatuas.

sábado, 24 de abril de 2010

De ciencia o de letras

Leo en un suplemento cultural la reseña de José Manuel Sánchez Ron (de hecho, sus reseñas son de las pocas que leo porque no me parecen publicidad) sobre el libro Física para futuros presidentes. El crítico parte de que no es posible tomar decisiones en el mundo actual sin saber física. Cierto, hay que saber de energía nuclear, circulación general atmosférica, rayos y ondas de todo tipo, dinámica de fluidos y unas cuantas cosas más para adoptar medidas no solo de gestión sino, también de gobierno.

No es lo mismo gestionar que gobernar, aunque la mayoría de los gobernantes (de los políticos) actuales se conformen con la primera tarea. Piensan que con rodearse de buenos técnicos (el primo de Rajoy que sabía de cambio climático) y dejándose asesorar ya están salvados y pueden tomar decisiones. Siempre me ha inquietado que un montón de personas (presidentes de países) firmen acuerdos sobre cómo detener un virus sin saber qué es un virus o sobre protección medioambiental sin entender cómo funciona una red trófica. Así que me parece buena idea que los gobernantes lean un libro (divulgativo y de cuatrocientas páginas) sobre física; me gustaría que también leyeran uno de ecología (no de ecologismo), uno de matemáticas, uno de química, uno de farmacología, uno de geología, algo de microbiología y de genética…

Leo también que las multinacionales de la alimentación intentan presionar a los médicos para que recomienden sus alimentos funcionales (los que además de alimentar se supone que proporcionan salud, como si no fuera eso lo que tiene que hacer todo alimento) en competencia con eso buitres que se ven en los ambulatorios, dispuestos a obsequiar a nuestros médicos con viajes y estancias en hoteles de lujo (en forma de congresos) a cambio de que nos prescriban sus fármacos, sin que nosotros recibamos (ni exijamos) explicaciones (no doctrina) sobre la necesidad de tomarlos.

Así que ya puestos, sería conveniente que los ciudadanos también leyeran sobre ciencia. He visto pocas actitudes más paletas que eso de decir «es que yo soy de letras» para desentenderse de todo conocimiento científico y desinteresarse de… todo; porque cómo funciona la vida y el mundo (con todos los artilugios y fenómenos que usamos) lo explica la ciencia (quizá la literatura enseñe a vivir, pero no explica la vida). Y sin embargo, muchas personas no tienen ningún interés en entender esos menajes publicitarios sobre alimentos que obran maravillas en su cuerpo, detergentes que hacen cosas sobrenaturales y cremas que contienen sustancias y moléculas prodigiosas; ni cómo puede ser que un volcán bloquee (o no) un continente, por qué hay países que parecen condenados a que el destino los machaque a terremotos, a qué se debe esa manía de ir a pescar a Somalia (y porqué la alteración del fondo del mar que provocan las redes de arrastre lleva a la desaparición de los peces) y que no es posible dedicar la selva a cultivos después de talar los árboles.

La fama de cenutrios siempre la ha tenido la gente de ciencias, pero lo cierto es que casi todas las personas que yo conozco de ciencias tiene una cultura notable (leen, van a exposiciones y a conciertos, ven películas, saben algo de historia, viajan…) y, desde luego, no presumen de no saber nada de letras. Será porque entender cómo se duplica el ADN y que dependemos de que estén bien situadas esas míseras cuatros bases nitrogenadas da un baño de realidad y humildad que aleja de las grandilocuencias (algún científico pedante también conozco). Sí, es muy conveniente que los gobernantes aprendan algo de ciencia; y más aún que se apliquen los gobernados, para no ser manipulados por magos y alquimistas de esos que atesoran conocimientos vetados a los mortales. Por eso y porque hay que ser muy inculto para no considerar que la ciencia es cultura. Es difícil dejar de ser un patán sin conocer el segundo principio de la termodinámica, aunque te hayas leído todo Proust, todo Schopenhauer y entiendas a Joyce.

domingo, 14 de marzo de 2010

Santas sin peana, heroínas sin estatua

El primer día que entré en la universidad, además de estar impresionada por un edificio antiguo de techos altísimos y pasillos en los que resonaban los pasos, me sentía cohibida y, al mismo tiempo, emocionada. Cierto que yo llegaba desde una pequeña ciudad en la que la universidad era casi un lugar mítico al que iban unos pocos privilegiados (con más inteligencia y con más dinero que los demás); cierto también que, con apenas diecisiete años, yo veía en ese lugar una promesa de horizontes abiertos casi infinitos; y todo eso, a pesar de que mis dos hermanos ya habían cursado sendas carreras (y uno de ellos daba clase en la facultad a la que yo acudía), que ante mis ojos había un montón de gente normal, que a los profesores (a muchos) ya se los trataba de tú y que por los pasillos circulaban tantas mujeres como hombres. Y aun así, yo estaba sobrecogida y emocionada.
Así que no puedo imaginarme cómo se sintieron Concepción Arenal, María Elena Maseras y Dolores Aleu, cuya historia cuenta el rector de la Carlos III en El País. La primera tiene alguna calle, pero las otras dos son muy poco conocidas, y la universidad de Barcelona, que tuvo el honor de tenerlas como alumnas (más o menos clandestinas), no les ha dedicado ni un aula (que yo sepa). Su vida no se estudia en ninguna parte ni sus historias se cuentan en televisión (se dedican a vidas interesantes e historias edificantes de señoras cuyo mérito es haberse casado con un señor famoso, ¡qué derroche de modernidad!). Esas fueron las pioneras, auténticas heroínas sociales (ser héroe en una guerra es mucho más fácil porque todo lo propicia). Pero las siguieron muchas otras, a partir de ese 8 de marzo de 1910 en el que el ministro de Instrucción Pública, el conde de Romanones (que nadie se confunda, era de todo menos bueno: montó la guerra de Marruecos para hacerse rico con la explotación de minerales e hizo pasar el ferrocarril en Guadalajara por tierras de su familia para sacarse un pasta con la expropiación, y ya sé que ambos hechos parecen sacados de noticias recientes) firmó la orden que autorizaba a las mujeres a matricularse en todas las instituciones docentes.
Al-Tahtawi fue un imán egipcio que Muhammad Alí mandó en 1826 con estudiantes a París para que actuara de asesor espiritual. Lejos de reducir su trabajo a esa función, se fijó en todo y llegó a unas cuantas conclusiones, que reflejó en un libro (no traducido al español) y en un intenso trabajo de propuestas pedagógicas que desarrolló ya a su vuelta a Egipto. Una de sus ideas fundamentales era que había que educar a las mujeres. No es que fuera un feminista desaforado y reivindicara derechos, sino que, decía, la mujer que estudia no pierde el tiempo en chorradas (andar cotilleando con las vecinas) y que, por otra parte, las mujeres eran (¿son?) quienes más influencia tenían en los hijos, de manera que su educación era una inversión de futuro imprescindible para un país. Y el mundo le da la razón: los países avanzan cuando sus mujeres se educan, adquieren cultura y derechos, y participan de la vida económica y social; por no hablar de situaciones realmente difíciles, en las que son las mujeres las que dan el callo para salir de la ruina (comprobado que tiene más coraje para iniciar proyectos y cumplen mejor la devolución de los créditos). Es importante entender que de que las mujeres estudien y tengan todo tipo de derechos se beneficia toda la sociedad (y no necesariamente ellas que, en primar instancia, asumen los derechos y no pierden ninguna de las obligaciones anteriores).
No conozco los nombres de las primeras (y la segundas y las terceras) mujeres que se matricularon en las universidades españolas ya con pleno derecho; derecho, sí, pero costumbre no, así que me imagino que la mayoría de ellas tuvo que pasar por discusiones y presiones familiares, por gestos sociales de desprecio, cuando no por el insulto. Desde muy pequeña, oí a mi madre decir que yo tenía que estudiar, para no depender de nadie, porque un hombre sin estudios podía ganarse bien la vida, pero una mujer, no (entonces todavía no había mujeres en profesiones cualificadas). Así que yo, que tan fácil lo tuve todo, siento un enorme agradecimiento por aquellas mujeres que se matricularon en la universidad hace cien años. Sus nombres merecerían ser materia de estudio, o, por lo menos, estar inscritos en una placa en cada una de las universidades españolas.

domingo, 7 de marzo de 2010

Oficios insospechados


 






 




Debe de ser la versión moderna del almotacén, aunque
ellos no cuentan su historia desde tan antiguo. ¿Cómo se llegará a ser medidor y pesador oficial? ¿Que hacen? ¿Dónde se estudia? ¿Se dedican a ese oficio por vocación? ¿Siguen una tradición familiar? Creemos que somos capaces de imaginar el mundo entero, pero hay vidas cercanas con preocupaciones cotidianas situadas en una latitud inalcanzable.

lunes, 1 de febrero de 2010

Machismos camuflados

Estudié en un instituto de provincias. Cuando asistieron a él mis hermanos, mayores que yo, era mixto. Pero cuando llegué yo, había aumentado el número de bachilleres y, como ya no cabían en el edifico viejo, hicieron otro; ante el dilema de cómo distribuirlos optaron por el segregacionismo. Así que fui al instituto femenino, si bien el patio de recreo era común. No es difícil imaginar el estado de enajenación con el que salíamos los adolescentes a ese patio de recreo, donde seguro que íbamos a encontrarnos con otras personas con sobredosis de hormonas, de las otras.

Nos costó más o menos, pero creo que casi todos (por si alguien no lo sabe, ese todos incluye mujeres y hombres, ya que en castellano el género masculino es el no marcado con sexo alguno) fuimos manejándonos con cierto desparpajo en situaciones en las que hubiera individuos masculinos y femeninos de la especie Homo sapiens. Incluso, con no poco esfuerzo, hemos ido consiguiendo que en muchos de los ámbitos en que no había mujeres, las haya, y que cada vez se sorprenda menos gente de que una mujer realice casi cualquier actividad y que asista a cualquier acontecimiento y que vuelva a la hora que quiera sola o acompañada y que se siente donde le de la gana aunque haya un hombre al lado, hasta en un bar y tomándose una copa.

A mí, todo eso me parece un avance y una conquista. Y sé lo que digo porque he experimentado la frustración de no poder darle la mano a un hombre para saludarlo, no se fuera a creer que yo era una puta; y la rabia de sentirme como una apestada cuando han intentado que en un café me meta detrás de una cortina para que no me vea nadie. Pues parece ser que no, que eso no son logros. Ahora va y resulta que es una conquista que haya taxis exclusivos para mujeres, conducidos por mujeres, claro, para que yo no me sienta agredida ni en peligro ni intimidada, sobre todo por la noche si me encuentro un hombre al volante del taxi. No han dicho si pararan para coger a travestis, gasy y lesbianas.

No sé quién es el imbécil (es la imbécil, que aún es peor) a quien se le ha ocurrido que mandarnos al gueto nos da tranquilidad; el paso siguiente es decir que si nos quedamos en casa no nos intimidarán. Tampoco sé cuántas taxistas habrán aceptado conducir taxis en los que no puedan ir hombres; les aconsejo que miren bien si en el taxi han puesto lavadora y cocina, porque eso tiene pinta de trampa para osos. Yo desde luego, antes me hago el Camino de Santiago con tacón de aguja que subirme a un taxi rosa. Es que, además los pintan de rosa chicle; ¡encima de machistas, horteras!

PS1 Parece ser que en Londres ya funciona un servicio de ese tipo. Claro que Blair es inglés, así que la idea de que un inglés sea gilipollas no es nueva.
PS2 Leo que existe un servicio similar en la ciudad de Puebla, en México. Por supuesto, es una buena idea preventiva en situaciones extremas, como las de la salvaje violencia de género que se da en muchas ciudades de México y que no son para hacer bromas.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La decencia según Rodin

Nos han traído a Barcelona unas esculturas de Rodin. Voy  a verlas y, la vuelta, desempolvo mi cuaderno de París; no por nostalgia, sino por constatar que la mirada cambia. Me encuentro, nada más abrir el cuaderno, con una cita de Mutis: «Cada día somos otro, pero siempre olvidamos que igual sucede con nuestros semejantes. En esto tal vez consista lo que los hombres llaman soledad».  Y ya me arrepiento de haberlo abierto; esto no acabará bien.  Llego a Rodin. Parece ser que fui porque estaba en la lista de los museos que tenía que ver; de semejante muestra de ignorancia y estupidez no me acordaba. Pero resultó que me quedé patidifusa  (estupendo adjetivo) y se me ocurrieron palabras como veneración, sensualidad, ensueños, terrores dolor,  vida. Y resulta que andaba yo leyendo las Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, los dietarios de Sánchez Ostiz y Cesare Pavese, y que volví varias veces al museo Rodin, y… es mejor no abrir los cuadernos de hace tanto tiempo.

Allí las esculturas grandes estaban en el jardín. Aquí, la Obra Social de La Caixa las ha puesto en la Rambla de Cataluña. Yo creo que ha habido algún majadero que ha pensado que como la mayoría de las esculturas pertenecen al grupo denominado Los burgueses de Calais, pues que debían ir a zona burguesa, y ¡toma! en una calle en la que, en invierno, apenas da el sol y las esculturas se ven mates, atosigadas por las sombras de los edificios, y siempre de fondo, un semáforo, coches aparcados, entidades bancarias y perfumerías de mucho copete adornadas con los muy horteras y previsibles motivos navideños; ¡ah! y la gente cargada de paquetes, claro. Es decir, nada que ver con la idea de Rodin, invocada en los paneles informativos, de que su escultura estuviera en la calle, entre la gente.  Por otra parte, las esculturas que yo vi (y lo confirmo revolviendo cajones hasta encontrar las fotos), especialmente  las de los burgueses de Calais, tenían esa capa verde del bronce que da pátina de tiempo y vida. Las esculturas expuestas son de un negro bruñido; así que o las han limpiado o no son las del museo.  Existen doce copias elaboradas por la técnica del vaciado a partir del los moldes de Rodin, y supongo que muchas más por otras técnicas.

Y a pesar de todo eso, impresionan y conmueven. Rodin era un genio (otra cosa es que fuera un hijoputa que martirizó y eclipsó a Camille Claudel todo lo que quiso y un poco más, hasta apoderarse de parte de su trabajo). Las esculturas de los burgueses (habitantes del burgo) de Calais cuentan con una fuerza sobrecogedora la historia de aquellos seis hombres.  Solo que Rodin, por más de una razón y con su genialidad estilística y expresiva, los representó en círculo, con posiciones muy concretas, y es esa composición y la dirección de sus miradas una de las claves de la fuerza y una de las metáforas de de la historia de esos hombres. Pero La Caixa ha decidido colocarlas como para verlas al decuido mientras se salta de tienda en tienda, para que alegren el paseo navideño de los burgueses de aquí, sin más explicación de la historia ni del significado.

En septiembre de 1346. Eduardo III de Inglaterra asediaba el puerto francés de Calais. Un mes después y tras intentar varias soluciones comunitarias y comunales, el alcalde propuso a los sitiadores entregar la ciudad si dejaba libres a sus  ciudadanos. El inglés se negó, ¡le iban a poner condiciones a él! Sus propios hombres le hicieron ver que ya estaba bien y aceptó ceder pero dando un último golpe de autoridad: exigió que seis notables de la ciudad se humillaran ante él, sin más vestimenta que una camisa, con una soga al cuello y las llaves de la ciudad en la mano.

Ante la desolación de los habitantes convocados por el alcalde, Eustache de Saint-Pierre, uno de los vecinos más ricos de la ciudad, fue el primer en ofrecerse. Lo siguieron Jean d'Aire, Jean de Vienne, Jacques y Pierre de Wissant y Andrieu d'Andres. Se presentaron ante el rey inglés, el muy miserable ni la cuerda para ahorcarlos quería poner. Los caballeros británicos intercedieron conmovidos por la nobleza de los seis burgueses de Calais, y hasta la reina intervino. A Eduardo III, ante el desprecio de los suyos, no le quedó más remedio que liberarlos.

Así que la escultura de los burgueses de Calais cuentan la historia épica de un pueblo, personificada en seis de sus ciudadanos, que piensan en la sociedad, en sus vecinos, en los demás, sin afán de heroísmo ni asomo de testosterona gilipollas, y eso en el siglo xiv, cuando todavía no se llevaba la ilustración ni el marxismo ni la solidaridad; es decir, solo por decencia.  Y esa palabra, en la semana en que la cumbre de Copenhague se ha resumido en fracaso y codicia, expresa todo su significado: Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.

PS1: El mismo día que yo ando pensando en Rodin y en los burgueses De Calais, me hacen pensar en Guzmán el Bueno, y me doy cuenta de que su hazaña es casi contemporánea de los hechos de Calais. Pues si hay que elegir héroes nacionales, yo me pido los de Calais.
PS2: El pensador todavía queda más ridículo entre coches y paquetes de regalo; aun así, siempre es un placer y una sugerencia observarlo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Chorizos

En una conferencia sobre la culpa, Félix Pantoja, fiscal del tribunal supremo, expone una postura extraordinaria, en todas las acepciones de la palabra:  poco frecuente y estupenda. La idea consiste en utilizar herramientas como la satisfacción de la víctima en vez la cárcel, por varias razones. En muchos delitos, la víctima sale mejor librada si se la compensa de alguna manera que si el delincuente va la cárcel. Para quien debe pagar por su culpa, es más ejemplarizante hacer algo relacionado con su delito que simplemente estar encerrado (ya hemos comprobado más de lo necesario que la cárcel no rehabilita ni reinserta). Asimismo, para el Estado (nosotros) es más barato. Así que salimos ganando todos, la víctima, el delincuente y la sociedad.

Me viene a la cabeza la idea a la vista de corruptos varios en posiciones de mucho privilegio y poder. Para quien se haya llevado un céntimo a cambio de permitir, hacer, promover, aguantar, esconder o intervenir de cualquier manera en una corrupción urbanística, sugiero que se le aplique la compensación de la víctima. Es decir, que tenga que pagar la hipoteca de las personas que han comprado un piso en aquella urbanizacion o edificio en la que hubo corrupción Y, además, pico y pala, a construir pisos para albergar a todos los que están sin vivienda en su localidad.  Así hasta recompensar el montante afanado a razón de jornales de 50 euros.

Nada de mandarlos a la cárcel. Ya está bien de pagarles pensión completa, aunque sea en celda compartida. Por una vez en su vida, ¡que curren!

miércoles, 28 de octubre de 2009

Malos tiempos para el periodismo

Ha muerto Soitu. No descansemos en paz.

No digo que fuera el mejor periódico del mundo ni que todos los artículos fueran excelentes, pero eran otras voces, distintas; quiero pensar que independientes. La diversidad de contenidos que albergaba ya era refrescante, como también lo era el estilo de la gente que escribía. Daba la sensación de que se preocupaban un poco por escribir bien, y eso, a la vista de los anacolutos, solecismos y otras violentaciones del lenguaje de la prensa, no es poco. Mas que nada es que Soitu parecía respetar al lector — al ciudadano—, lo que reconciliaba un poco con los medios.

Ahora toca buscar y rescatar las firmas habituales en otros sitios, hallar nuevos blogs, esperar que Soitu resucite... y seguir aburriéndose con el esfuerzo de leer entre líneas y buscando información buena y bien expresada entre ese marasmo de personas (periodistas es mucho) que quieren colarse en las circunvoluciones de nuestros cerebros y dejarlas bien estiradas y planchadas.

jueves, 22 de octubre de 2009

Tinta electrónica -1-

Cuando un lector (una persona) va a comprar un libro no tiene que precisar si quiere que se lo hayan corregido siguiendo el diccionario de dudas de tal o cual autor ni si prefiere los pronombres demostrativos con tilde o sin ella. Tampoco hay que decidir, ni saber, el gramaje adecuado del papel. Nadie te pregunta si prefieres una tipografía de palo seco o con serifas. Para el lector (la persona) no tiene importancia si se ha trabajado con CTP o con fotolitos. Ni siquiera el autor tiene que saber qué son las sangres o si se va a maquetar en Quark o en Indesign, si pasará una de estilo en pantalla y dos ortotipos en papel o con una habrá suficiente (no es suficiente pero se ahorran unos míseros euros que se gastarán en markéting).

Pero hay que ser renacentista de la técnica. El autor, el lector (persona), el crítico literario, el profesor de literatura y hasta el padre, de profesión alfarero o comercial de cremalleras, deben conocer los entresijos del lector (aparato) o e-reader, o e-book, o.... Que si el kindle-sorpresa, el de Sony o el nook de Barnes & Noble; que digo yo que ni Barnes ni Noble saben cómo se hace una tortilla de patata ni quién es Paquirrín, así que no veo porque mi primo tiene que saber que Barnes & Noble es una librería cool de lo más.Y no pongo las cursivas de este párrafo porque sería un no parar.

Es decir, que hay que saber de lo tuyo y de lo demás, porque si no, eres un analfabeto tecnológico, que es una forma de clasismo como otra cualquiera. No hay persona (ni humana ni extraterrestre) que pueda saber de todo ni estar al día de lo último en iríders, o ibuks (voy a empezar yo, que la RAE seguro que espera a que no haya remedio), por no hablar de la tedeté, el Windows7, la pedeá, el áipod y el güifi.

Sí, el mundo ha cambiado y hay que adaptarse, pero todas las evoluciones, hasta ahora, incluso la biológica, o precisamente empezando por ella, funcionan porque cuanto mayores son las prestaciones (permítaseme) más exclusiva y minoritaria es la especialización (ahora podría hablar del nicho ecológico, de especies generalistas y de otros asuntos, pero no creo que nadie tenga que ser un entendido en la materia). Se supone que la tecnología tiene que hacernos la vida más fácil. Si vamos a volvernos locos estudiando todos los días avances de anteayer que mañana ya estarán superados, si no vamos a ser capaces de analizar ni decidir porque la terminología y la avalancha de información nos supera, entonces hemos hecho muy mal negocio. Y si todo eso sirve, fundamentalmente, para obnubilarnos, acomplejarnos y vendernos la moto, entonces para este viaje no hacían falta alforjas, que el despotismo iustrado es del XVIII. Dicho de otra manera, ser renancentista en el Renacimiento tenía mérito, pero era posible; a finales de 2009 querría ver yo a Leonardo.

Yo salí el otro día a comprarme un televisor y volví a casa sin aparato y mosqueada con incultos (había que oírlos hablar) vendedores prepotentes. Lo del libro electrónico me parece un gran hallazgo y me hace ilusión, pero temo ese momento en que un vendedor me hable de bits, conexiones, pantallas y megas cuando yo le pregunte si puedo comprar en versión electrónica la excelente Memoria de una ciudad, de Abderrahmán Munif, o cualquier libro de Miguel Sánchez-Ostiz.

Porque, mal que le pese a quien sea, el lector soy yo, no el aparato, y lo que quiero, sobre todo, son buenos libros, y que quien lo tenga por oficio se ocupe de que esté bien escrito, bien editado, bien corregido, bien diseñado, bien maquetado, bien imprimido o bien digitalizado, bien distribuido, bien vendido,... De leerlo bien y con gusto me encargo yo, que además tengo un trabajo y una vida de los que ocuparme.

viernes, 9 de octubre de 2009

Hacerse el sueco

A mí me gusta Obama, de verdad, me tomaría unas copas con él y, quizá, algo más, pero el Nobel de la paz... Yo, que no soy la persona más prudente del mundo, hubiera esperado un poco. Claro que los señores de los Nobel han debido de estudiar el mismo curso de miembro de comité que los olímpicos; ¿o es que alguien sabe cuáles son los criterios, el funcionamiento, quién los nombra...?

Que la candidatura se presentara pocos días después de salir elegido (es decir, que se preparó antes de ser elegido) no me hace pensar en una maniobra política, noooo. Pero si el premio es porque tiene intención de que el mundo sea mejor no van a tener metal bastante en Suecia para acuñar la medalllita. ¡Anda que no conozco gente que con las mismas intenciones! Pero ya se sabe que de buenas intenciones esta el infierno lleno.

No puede ser por falta de candidatos porque había doscientos cinco, entre ellos ¡Oh cielos!  Sarkozy y Berlusconi. También había en la lista personas que llevan años (y quiero decir veinte o treinta años) dejándose la piel por la paz, sufriendo represión, persecución, cárcel, aguantando vejaciones y fracasos, volviendo a intentar la paz una y otra vez, y, a menudo, obteniendo logros, a veces pequeños, pero siempre mayores que los del muy cool presidente de los Estados Unidos. Claro que son africanos, asiáticos y sudamericanos, salen muy poco en la tele y no cuentan a las agencias de noticias todos lo pasos de sus hijos y de su perro. Por eso no sabemos quiénes son ni lo que hacen, por eso y porque somos unos paletos.

El premio vale lo que vale. Entre los que lo tienen están Kissinger (instigador de asesinatos y crueldades infinitas impunes para la eternidad) y Al Gore, al que se lo dieron por lo que dice que hay que hacer, ahora que no es más que un conferenciante carísimo, y no por lo que hizo (nada) cuando era el vicepresidente del país más poderoso del mundo.

Ojalá sea un crédito bien empleado y lo devuelva con intereses (cierre de Guantánamo y de las cárceles secreta en Europa, pacificación de la región de Afganistán-Pakistán, Oriente Próximo, Irán,...) y más pronto que tarde.

Ahora, al que le tienen que dar ya un premio de lo que sea es al que le lleva a Obama eso del marketing ¡qué tío!

jueves, 8 de octubre de 2009

Valientes

Hay una persona, por lo menos, que trabaja en la Generalitat que o es Juan Sinmiedo o es el tonto del bote.

Ayer, por la tarde. Suena el teléfono y un señor muy amable me dice su nombre y la empresa para la que trabaja, Me pregunta si me importa que me haga una encuesta. Le pregunto para quién es. «Para la Generalitat», ¡¡¡¡¡CHAn CHAN CHAN CHAN!!!!!

Con un par, ¡sí señor! Apenas tres días después de que haya salido en los periódicos que la Generalitat hiciera un encuesta para saber si los niños reconocían el rostro de la Consellera de Sanitat, el tío, sin temblarle al voz, me dice que si quiero participar en una encuesta para la Generalitat. 

Yo, atónita, respondí un escueto «No». Y él «¿No?». Y yo «No». Y colgué. Ahora me arrepiento, porque el tema y las preguntas de la encuesta igual era una pieza cómica de primera magnitud. ¿Habrán encargado un estudio para saber qué pensamos de que la Generalitat encargue estudios estúpidos?

miércoles, 7 de octubre de 2009

Democracia farmacológica

Vi una entrevista con Teresa Forcades en el programa Singulars (en este enlace se puede ver el programa íntegro), de TV3. Me lo encontré zapeando y casi me lo pierdo, porque vi la toca y yo soy alérgica a toda manifestación religiosa. No me gusta que lo primero que me dice alguien, con su ropa o sus aditamentos, sea en qué tiene fe; yo soy más partidaria del por sus obras los conoceréis, frase que tiene dueño, mira qué paradoja,cercano a la toca en cuestión.

Pero me llamó la atención la vehemencia de aquella mujer, y que oí la palabra medicina o salud o algo así. El caso es que aquella mujer, además de monja, es doctora en Salud Pública, especialista en Medicina Interna (Univ. Nueva York), doctora en Teología; Master of Divinity (Univ. Harvard) —¡qué cosas hacen en Harvard!— , y autora, entre otros libros de uno que tiene el poco conciliador y menos ambiguo título de Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas, que se puede descargar (en catalán y en castellano) en la web de la editorial Cristianisme i Justícia; y que el nombre de la editorial no lleve a juicios apresurados, ni sobre este libro ni sobre otros; para mí que les pesa más la justica que ninguna otra cosa.

De aquella entrevista, a mí me quedó la convicción (razonada y razonable, nada que ver con la fe) de que Teresa Forcades es una persona inteligente, valiente, perseverante, comprometida y militante con la salud y el bienestar de las personas y, por ello, razonable y sensata en la apuesta por medidas que tengan esa salud por objetivo y no se rigan ni por condicionantes ideológicos ni, por supuesto, por intereses económicos; además es mujer y monja, y no sé si ambas condiciones tiene que ver con todo lo demás que es y con lo que hace.

Hoy, en El Periódico publica una entrevista con Teresa Forcades, doctora en Salud Pública (ya sé que me repito) en la que explica porqué el tratamiento que se le está dando a la gripe A es absurdo, y no evita acusar a las farmacéuticas y a los políticos de sacudirse la responsabilidad y trabajar por sus intereses (no por la salud).

Yo ya no pensaba vacunarme, por un razonamiento un poco simple: si todo el hemisferio sur ha pasado el invierno sin vacuna y sin grandes desastres, ni en términos absolutos ni en relativos (otro día hablamos de las infecciones intestinales por no tener agua potable, la malaria, etc.), creo que yo podré pasar con caldos, zumos, y antitérmicos y analgésicos genéricos. Pero es que, además, hay que ver cómo canta esto a que viene el lobo, que viene el lobo, o dicho de otra manera, cómprenme, oh Gobiernos cobardes y ciudadanos aprensivos, unas vacunas y unos tamifluses, que este año tengo la cuenta de resultados un poco delicada; y acuérdense de que las empresillas estas las dirigimos gente con muchos contactos en todas partes. Como bien sabe El jardinero fiel.

Para lo que de verdad es buena la vacuna de la gripe A y los antigripales hiperespecializados de última generación es para la salud de la farmacéuticas; para la nuestra, igual hay que recordar aquello de con medicación siete días y sin medicamentos, una semana.