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lunes, 12 de diciembre de 2011

Dignidad


Maruja Ruiz Martos es una mujer como tantas, de un barrio obrero (sí, ya sé que queda antiguo), que las pasó canutas y por eso se metió en la lucha vecinal; y cuando empezó a irle un poco mejor, siguió en la lucha, porque de lo que se trataba era de que a todos les fuera mejor. Por eso, a pesar del orgullo de verse reconocida, cuando el Ayuntamiento de Barcelona le dio la medalla de honor de Barcelona, Maruja pensó muy bien qué hacer y cómo hacerlo. Y lo hizo: Se plantó en la ceremonia y rechazó la medalla.


La cara y la pose del alcalde Trias es la viva imagen de la torpeza y la desvergüenza, que quedarían un poco disimulada si no tuviera al lado a Maruja. Ella, una vez que hizo saber que no podía aceptar una condecoración de un Gobierno que recorta, precisamente, aquello que ella ha intentado conseguir toda la vida, evitó por segunda vez que le pusieran la medalla y se fue con sus vecinos, elegante, digna, grandiosa.

Maruja no fue  al a escuela, y por eso ha dicho en una entrevista: «Si nuestros hijos no pueden educarse y nuestros enfermos no pueden curarse ¿qué nos queda a los pobres? Cada palabra que pronuncia esta mujer es una lección, y, por lo visto, cada gesto y cada acción, también. Aquí hay diez minutos impagables de emoción y épica a cargo de Maruja la de Nou Barris. 
Si esta entrevista empieza a formar parte de currículum evaluable en las escuelas y universidades, quizá algún día Goldman, Sachs, Moody, Standard, Poors y unas docenas más de gentuza indecente (entre la que hay banqueros, negociantes, políticos y mercenarios sociales) tengan que esconderse y decir en voz muy baja a qué se dedican, como los leprosos morales que son.  

sábado, 9 de julio de 2011

Indignidad, sin más


Para los habitantes de los países sudamericanos, y muchos africanos y asiáticos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) resulta una de las instituciones más crueles y déspotas que el Primer Mundo haya inventado; porque, junto con el Banco Mundial, se dedica a empobrecer a la gente para reflotar la economía de los países. Dicen que una vez se le ocurrió a alguien en el FMI proponer que se repartiera la riqueza en un Estado en bancarrota; sus compañeros llamaron a una ambulancia y, de vez en cuando, alguien lo visita en el hospital psiquiátrico donde lo internaron.  
Chirstine Lagarde pasa a ejercer el lugar de una persona inmoral (DSK) para intentar darle un aire ético a la institución y al cargo. Parece ser que es un esfuerzo tremendo comprometerse a cumplir con “los más altos estándares de conducta ética”, así que por ese concepto, le suben el suelo el 11 %, y se pone en un sueldo de 323.234  anuales (iba a escribir «unos 300.000» pero me he dado cuenta de que con el pico hay mucha gente que vive, e incluso bien).
Me temo que la ética según el FMI consista en que Lagarde no puede retozar con un mulato macizorro en una playa tropical. No importa porque, amén de otros complementos, por si no le llega para las necesidades del cargo, le dan unos 5.000  para gastos (se te hace una carrera en las medias antes de entrar a una reunión y te compras unas en los chinos, has olvidado recargar el del móvil y le pones 5 en un cíber…); pues con ese suplemento puede contratar a quien sea, pero que sea de postín, profesional y muy discreto; nada de levantarle la falda ni bajarle los pantalones por los pasillos a un empleado de hotel, encima inmigrante. Y alto estándar ético cumplido. Porque hay otras maneras de joder a un africano (al continente entero, de hecho), y el FMI las conoce todas y bien. Está pasando, ahora mismo.
Es más que probable que en el FMI la ética no tenga nada que ver con vivir con cierta austeridad y tener algo de empatía con los condenados de la Tierra. El FMI se ocupa, entre otras cosas de reequilibrar la economía de los países y echar una mano en situaciones críticas (resumen de la verborrea de la página oficial), pero lo que se gastan en funcionamiento interno no está para echar una mano. El cuerno de África vuelve a pasar por una situación de hambruna y los campos de refugiados se desbordan de miseria y necesidad, justo ahora que por aquí arriba tampoco nos va nada bien y puestos a recortar, lo primero son los de casa y la caridad, si eso ya la atenderemos con lo que nos sobre.
Sí, todo es muy obvio; y quizá me ha quedado demagógico, ¿y qué? La rabia y el dolor me impiden razonar bien.

sábado, 7 de mayo de 2011

Zarandajas éticas


He debido de perderme algún momento histórico; uno en el que la humanidad ha decidido que aquellas puñeteras leyes y acuerdos redactados tras el horror de la Segunda Guerra Mundial para intentar que el horror fuera un poco menos cruel. Y ahora resulta que la caza y captura, el asesinato extrajudicial y sumario, y la eliminación del cadáver del ejecutado son actos políticos bendecidos por representantes democráticos de los ciudadanos de unos cuantos países. Es más, le damos vueltas a si ha sido una ilegalidad (la inmoralidad más vale que ni la pronunciemos) o un acto de guerra; mira con qué burdo tirabuzón lingüístico dejamos en orden la vida y la muerte. Y los gobiernos asienten y los ciudadanos se inmutan poco y el Tribunal Penal Internacional silba.

Eso era solo el final. Para llegar al momento culminante de la acción salvadora, se ha utilizado la tortura, esa bajeza de la que habíamos renegado y habíamos aborrecido. Y ahora no solo parece bien sino que se presume de su eficacia. Luego condecoran al escuadrón que voló en la noche, asaltó la casa de un sospechoso en Pakistán, lo mató y arrojo su cuerpo al mar; escuela pinochetista con última tecnología. A partir de ahora, nada impide que a cualquier sospechoso de un crimen muy horrible nos lo quitemos de en medio cuanto más rápido mejor. Espero que haya un listo que defina sospechosohorriblemuy y rápido. Incluso, poniéndonos cínicos, que se atrevan con útil.

Funcionábamos con unas normas (convicciones para algunos) que dificultan la lucha contra los malos pero que nos hacían mejores. ¿Y ahora? 


martes, 4 de enero de 2011

Hostias y vino, brochetas y birra



En las pasadas fiestas, tan entrañables ellas, me tragué una misa completa: con su introducción, su evangelio, su homilía, su eucaristía, su paso de la bandeja y su todo. Y va y me toca la celebración de la familia. Un señor vestido con una casulla blanca daba voces diciendo no sé qué sobre la familia tal como ha de ser; y luego algo de que hay que dar testimonio de la fe en Cristo. Luego se comió una hostia Y se bebió un vino.

Yo no hacía más que acordarme de estas familias entrevistas en Níger y de ese grupo del feisbuc que se llama Cambio tesoros del Vaticano por comida para África. Efectivamente, ellos no se dejan arrastrar por el mundo, van a la suya, incorruptiblemente fieles a su familia. Y sin embargo, tengo que dejar constancia de sacerdotes que no hablan de Dios si no les preguntas.

Josep Frigola vive en Niamey. Entre Burkina Faso y Níger, lleva cuarenta años en África. Habla un catalán ampurdanés con calma africana y cierta sorna. No se inmuta ante una declaración de ateísmo e incluso podría parecer que asiente cuando se despotrica contra las jerarquías católicas. Guarda la contundencia para hablar de educación. Menciona a Paulo Freire, de la necesidad de alfabetizar en la lenguas maternas además de en una lengua de alcance internacional y del derecho de todo el mundo a cierta educación básica, que no consista solo en leer y escribir, sino que debe, dice, despertar el juicio y el espíritu crítico.

A las escuelas que él coordina van alumnos entre 15 y 45 años. Acuden, si quiere, durante seis años; luego, si tienen aptitudes se facilita que sigan estudiando. Deben aportar algo de dinero (500 CFA/mes, algo menos de lo que vale una birra nigerina). Se inscriben unas 3000 personas cada año; de ellas, alrededor del 75% pasa al año siguiente, y otro 70% al tercer año. Por cierto, los maestros son musulmanes, formados para enseñar con rigor y exigencia, pero deben conocer a los alumnos, sus familias, sus costumbres, su religión, sus problemas, tener la confianza de la comunidad en la que trabajan y trabajar para ella, no para conquistarla. Josep no se plantea otra cosa. Dice, cuando se le pregunta mucho, que lo que hace da testimonio de su fe; no necesita sacarla a pasear con alharacas. Vamos acabándonos la birra y las brochetas en el restaurante de la Piscine Olimpique (es el nombre, no la descripción) de Niamey. Al salir hay un tenderete con libros de segunda mano a cuyo propietario conoce Josep desde hace tiempo; debe de ser su mejor cliente. Dice que de la pobreza solo se sale con educación y que la limosnas no llevan a ningún sitio. A él le han recortado los fondos. ¡Lástima de tesoros del Vaticano y de gasolina para el papamóvil!

domingo, 31 de octubre de 2010

Josefina



Ni el trabajo ni el pan ni la libertad ni el futuro se regalan. Marcelino Camacho



Hay pocas cosas que me conmuevan más que la integridad y la firme decisión de ser lo que se es y lo que se quiere ser; y me admira la tozuda resistencia contra los ecos fatuos del poder. No estoy segura de que yo pudiera con ellos.

De las imágenes aparecidas a propósito de la muerte de Marcelino Camacho, esta es una perfecta declaración de principios: su mujer, un amigo, su ideología y la marquesina de un autobús. Es la escueta descripción de la vida de un hombre que a esas altura podía tener despacho, coche, cargo honorífico, lugar reservado y unas cuantas prebendas. Sin embargo, parece seguir obstinado en defender algo para todos y anhelar para sí solo lo necesario para vivir. No viene al caso si lo hizo bien o mal; solo hablo de la persistente convicción de que o nos salvamos todos o no se salva nadie, de la decisión tenaz de levantar la voz por los más débiles y de una manera de vivir convencidamente honrada y entregada.

Y con todo, las imágenes que me han emocionado son las de Josefina Samper, su mujer. Ella era quien tejía los famosos marcelinos, esos jerséis de lana gorda con cremallera y cuello alto que inventó porque él tenía la garganta delicada y en la cárcel siempre estaba con faringitis. Luego siguió tejiéndolos; y él siguió llevándolos toda la vida. También ella, con toda la dignidad de una mujer sin bótox ni peluquería. Murió su marido y supo que tenía que estar ahí, aguantando el tirón con entereza, como estuvo siempre. Se puso una chaqueta de lana y fue para allá, a agradecer a todo el mundo que fueran a despedirse. Para ser la persona más digna de todos los que pasaron no necesitaba ni trajes negros ni gesto alguno, le bastaba su vida entera. Luego se volvió a su casa.

PS: Eso ocurría un día antes de celebrarse el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, otro ejemplo de dignidad y voluntad de pensar y decir, llorado por otra Josefina (Manresa), una mujer morena resuelta en lunas.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Conmemoraciones, olvidos y desvergüenzas


La diversidad de calendarios provoca coincidencias y superposiciones interesantes. Así, este año el Ramadán ha caído en pleno mes de agosto, y eso ha hecho plantearse si los trabajadores musulmanes tienen derechos similares a los cristianos a la hora, por ejemplo, de celebrar sus fiestas y días sagrados; o si hay que contemplar las creencias y los ritos religiosos en los convenios colectivos en un país legalmente aconfesional (aunque todavía no laico, por desgracia). El asunto del Ramadán también ha puesto de manifiesto el desconocimiento del islam por parte de empresarios, políticos, periodistas y, también, muchos musulmanes, que no saben que por enfermedad, trabajo o viaje, está permitido no observar el ayuno (hay que recuperarlo cuando se pueda) si bien no hay ninguna causa que dispense de suspender toda actividad bélica en ese mes.

Otra coincidencia temporal de este año es que el Yom Kippur se celebra el mismo día (hoy) que se conmemora el aniversario de la matanza de Sabra y Shatila (16-18 de septiembre de 1982), aunque nada indica que los judíos pidan perdón por aquella matanza. Uno de sus responsables paga por ello, aunque no se entere; Ariel Sharon (un geranio desde hace años como resultado de un ictus) animó a las falanges cristianas libanesas a destruir esos dos campos de refugiados palestinos, les dijo que allí había dos mil terroristas y les dio vía libre para entrar y hacer lo que quisieran. Fueron cuarenta horas de sangre y horror; entre 800 y 3.000 muertos palestinos, la mayoría de ellos musulmanes, masacrados con las manos y el beneplácito de cristianos y judíos, lo preciso por si hay que elaborar una lista de religiones asesinas y peligrosas para la humanidad. No se sabe el número, porque no dejaron ni contarlos ni enterrarlos, ni escribir sus nombres en placas conmemorativas o en memoriales de homenaje a los inocentes. Cal viva y oscuridad. Y ningún minuto de silencio mundial en estos días. Septiembre es un mes con muchos muertos: Chile, Munich, Sabra y Shatila, Nueva York; unos, los nuestros, más inocentes que otros, parece. Quizá se necesite un Día de la Expiación cada mes para pedir perdón por todos los muertos.

Claro que igual al papa le da lo mismo. Joseph Ratzinger, jefe del Estado Vaticano y embajador de un reino que no forma parte de ninguna organización internacional, cuando pide perdón por encubrir los delitos (en su reino los llaman pecados) de sus subordinados dice que hay que ser compasivo con esos delincuentes. También dice que la ciencia es peligrosa si no tiene en cuenta la religión (la suya, claro). Además ha exigido a los políticos que gobiernen con la religión (se supone que la católica) y cuestionen las democracias que se basan en el consenso social. ¡Hay que joderse! mejor que decidir entre todos va a ser gobernarse según lo que él y su panda tengan a bien dictaminar (porque es evidente que la ley que le gustaría imponer no es la de Cristo, ya que no hace que rija ni siquiera en el Estado del Vaticano ). Por fin, ahora sabemos que el señor Ratzinger es partidario de los regímenes teocráticos, también aquí en la Tierra. Y encima se permite decir que el ateísmo es como el nazismo, él, que fue miembro de las juventudes hitlerianas. Ese fascista, cómplice y encubridor de pederastas, e incitador al asesinato por contagio de sida se permite insultarnos a los ateos. A mí no me extraña que no sea muy partidario ni de la ciencia ni de la democracia ni de la justicia humana, porque la primera pone de manifiesto su ignorancia, la segunda muestra su jíbara estatura moral y la tercera lo llevaría a la cárcel para los restos si no fuera quien es.

PS: Recién escrito todo lo anterior, tengo que dejar constancia de la obviedad de que hay cristianos y judíos decentes, algunos hacen que tenga que añadir a esta entrada la etiqueta «vidas ejemplares» como  Gilad Atzmon(de no perderse los enlaces al final) que dice de sí mismo que es ex israelí y ex judío, hace una jazz fabuloso, y no es manco pensando y escribiendo.





domingo, 29 de agosto de 2010

Impaciencias


Parece ser que es cuestión de tiempo que todos arrastremos un dolor profundo e irremediable (al menos uno); una angustia crónica, alguna herida mal cicatrizada. Un si hubiera, un por qué no hice, un tenía que haber dicho. Y probablemente si hubiéramos, nos lamentaríamos por haber. No obstante, conozco algunas personas que parecen no llevar ningún fardo a cuestas. Gente que aparenta vivir tal como soñaron y en cuya vida no parece que haya nada que no desearan. Probablemente es falso; allá cada cual con sus disfraces y sus máscaras.

Me da por aquí después de volver a ver El paciente inglés. Hermosa y triste falsa historia del conde Almasy. Yo que quise ser K, me quede en Laszlo, que diría La Cabra Mecánica (Almasy, el personaje, es más poeta de la calle que Katherine). Pero no sé si sería capaz de ser Hanna (Juliet Binoche interpreta como pocas actrices personajes con síndrome de amantes de Pont Neuf). Hay un momento que el dolor es mayor, mucho mayor que la esperanza de que desaparezca ese dolor: y la tristeza y el desaliento, más poderosos que la ilusión de que se conviertan en otra cosa más ligera. En ese momento, deberíamos tener derecho a una dosis suficiente de lo que sea y a una mano generosa; a ser posible desconocida, para evitar las lágrimas y los remordimientos.

Estaría bien un poco más de respeto por las dimisiones cuando tan poco importan los despidos forzosos; como los recientes de Afganistán. Los de los españoles llorados y honrados, sí, y también los de esos cinco niños muertos por un ataque de la OTAN y que, por alguna razón que yo no consigo imaginar, a la prensa no le han parecido dignos de ocupar portadas y merecer honores.

PS: Hace pocos días me explicaba un amigo su idea de una máquina en forma de casco a disposición de los ciudadanos una vez al año (creo que a partir de cierta edad). La máquina en cuestión ofrecería un pronóstico (¿una predicción?) del tiempo y la calidad de vida restante. Al acabar la evaluación, la máquina preguntaría «¿quiere seguir?» y uno podría pulsar sobre el sí o el no. Eso esquivaría el problema de la mano.

lunes, 23 de agosto de 2010

Aprendices de Padrino


Julian Assange tiene una biografía interesante, de la que el hito más reciente es haber proporcionado a través de wikileaks bastante más información sobre Afganistán de la que el Gobierno estadounidense (los grupos de presión, las multinacionales, los generales y algún financiero) quería que supiéramos; y mucho más de lo que sabremos, porque wikileaks se hizo con tal cantidad de documentos que no hay quien se los lea y los procese.

De los documentos se apoderó un soldado de veintidós años que dice que lo hizo por «ideología», porque «estaba insatisfecho con ciertas políticas militares y quería dañar la política exterior de EE. UU.». Yo creo que el tío está para que lo encierren y será el típico loco con gorro de Napoleón. También es para temblar que el Pentágono cree que el pájaro le birló cientos de miles de documentos clasificados, mails, videos y vaya usted a saber qué otros secretos; el Pentágono lo «cree», cuando los documentos andan por ahí de boca en boca, es decir, de web en web. Y se los ha afanado un tipo al que le rebajaron el rango por pelearse con un amigo pero le dejaron toda esa información que se supone que es peligrosa si no se mantiene en secreto. A Manning lo tienen en un centro de retención de Kuwait, pero me imagino que al psicólogo y al jefe de personal del departamento para el que trabajaba los han dejado en el desierto de Kuwauit, sin centro y sin nada.

Y mientras, a Julian Assange le encasquetan dos acusaciones de violación en Suecia, de la noche a la mañana, sin que se sepa ni a quién ha violado ni cuándo. Y de la mañana a la noche, la fiscalía anula la acusación y dice que ha sido un error. Assange, dice que ya lo habían avisado de posibles acusaciones falsas y que probablemente fueran de carácter sexual. Lo de matar al mensajero no es nuevo, y ya se sabe que en la guerra lo primero que muere es la verdad. Que quieran ocultar información, que sean torpes y que ni por asomo se les ocurra que la transparencia es la característica básica y primordial que los gobernantes deben a la sociedad democrática que les ha dejado el poder un ratito son asuntos que no sorprenden y casi ya ni indignan. Ahora bien, esta vez los métodos son donvitocorleónicos.

Pero no nuevos. A no se sabe quién de la CIA se le ocurrió difundir un video trucado en el que se vería a Saddam Hussein fornicando con un joven (homosexualidad + pederastia, todo en uno); hubiera sido un juego de metanarración y metahistoria que el video lo acompañaran unos poemas de Abu Nuwas. También se les ocurrió montar unos videos con Bin Laden borracho; y también a esto le hubiera ido bien algo de Abu Nuwas. No es la mala uva de la idea lo que me trastorna, no. Lo que me encalabrina* son los temas elegidos para hacer quedar a alguien como un ser repugnante: sexo y alcohol (drogas); no perdamos tiempo en citar el alcoholismo de Bush ni los presidentes pichabravas… Y ahora, con Obama al frente, dos acusaciones de violación (sexo, otra vez) para machacar a Julian Assange. ¡Que aburrimiento y que hartazgo! ¡Qué enfermos están! Lo de la cabeza de caballo en la cama parece una manera honrada, limpia y abierta de hacerte saber que has cabreado a alguien.


* He aprendido el verbo encalabrinar, y lo voy a usar a troche y moche porque me va de perlas para compendiar lo que me pasa, con sus diversas acepciones, de una en una o, a veces, varias al tiempo. Es más, quizá encalabrinamientos sería un buen nombre para este blog, por que ahora ya me encalabrino aunque no me suba a la gavia.

sábado, 31 de julio de 2010

Ligerezas estivales



La semana pasada se formaron colas en todo el mundo para apoyar la guerra más cruel y el exterminio más impune en la República Democrática del Congo. Los partidarios españoles de esas barbaridades estaban muy bien representados en la Gran Vía de Madrid. Presumían orgullosos de llevar ocho o diez horas esperando para colaborar en el expolio de ese país africano. Como premio, conseguían un teléfono con nombre propio Iphone 4. Nadie que hace una cola de ocho horas necesita imperiosamente para trabajar o para vivir un móvil nuevo. Lo que quizá sí necesitan para entender el mundo es trabajar una temporada en las minas de coltán del Congo. Porque ese es el asunto: el coltán, el mineral que necesitamos para nuestros teléfonos y otras aplicaciones tecnológicas, y que exigimos con un empeño digno de defender los derechos humanos, pero no un teléfono, que en la mayoría de las conversaciones que oigo al azar por la calle solo servirá para decir sandeces.
La ONU recibió una lista de veintidós empresas que parecen implicadas en el comercio ilegal de coltán. Alguna habrá que sea legal,pero yo ya no me creo nada. Que parezca legal y limpio solo significa que saben cómo conseguir certificaciones oficiales, no que esas certificaciones digan la verdad (los ensangrentados diamantes africanos se comercializan en el mundo entero con certificaciones israelíes de cumplir todas las condiciones legales; pero ya sabemos el valor que da Israel a la verdad, a la vida y a la codicia, eterno Shylock). Entre esa empresas está Talison, australiana, con códigos éticos e invocaciones al desarrollo sostenible; y con algún otro plan; para echarse a temblar. Ahora se ha dividido en dos: Talison litio y Taliso tantalio. El 80% de las reservas conocidas de coltán del mundo están en África, y de ellas, el 80% en el Congo. Por lo que respecta al litio, hace pocas semanas se anuncio que habían descubierto ingentes reservas en Afganistán, que hay países que deberían tener por himno aquello de «si naciste pa martillo del cielo te caen los clavos». ¡Vaya karma el de los afganos! Hacen que parezca una bendición tener el clima de Benidorm y que te dejen la costa alicatada hasta el techo.
La lástima es que no haya minas de cerebros en algún país del Tercer Mundo. Si así fuera nos lanzaríamos a explotarlas y expoliarlas, y haríamos largas colas para comprarnos uno, y quién sabe si incluso alguien intentaría usarlo. Las reservas mundiales de decencia y sentido común están todas en el Primer Mundo, me temo, y los códigos éticos y las normas medioambientales deben de impedir su explotación, o quizá es que son materias contaminantes; de otra manera no se explica que circulen tan poco y que no haya campañas promocionales para su uso.
PS1:Guglear «coltan blood youtube» lleva a información abundante y detallada, pero, aviso, te fastidian el vermut.
PS2: Hace unos días volcó un barco en la RP del Congo y murieron 138 personas (por lo menos; en eso barcos nunca se sabe cuántos van, sé de lo que hablo), todos africanos, sí,que murieron aplastados y ahogados. Además, ha habido un terremoto de grado 5,7 en Irán. Y las inundaciones causadas por el monzón han obligado a 400.000 personas a abandonar sus hogares en Afganistán y Pakistán; sí, los afectados de ambos sucesos son musulmanes y asiáticos, todos pobres. Los periodistas han decidido, como siempre, que la importancia de los muertos está directamente relacionada con la nacionalidad y la religión.

sábado, 17 de julio de 2010

El barro de los ídolos


Así, en general, a mí me parece que la humanidad es idiota y que las personas tienden a la hijoputez. Creo, de verdad, que la naturaleza humana es ser codiciosos, petulantes, egoístas y soberbios. Lo que me impide que me comporte como Michael Douglas en Un día de furia es que también creo (y lo compruebo a menudo) que hay personas —muchas— que se empeñan en superar el instinto de esa naturaleza y ser generosas, solidarias y humildes. Eso requiere un esfuerzo cotidiano —gigantesco, supongo— y constante, como un entrenamiento que no se puede descuidar ni un solo día de tu vida, en aquellas personas que tienen la posibilidad de tocar mucha pasta, de presumir mucho y de pavonearse ante el prójimo.

Hay personas que lo logran y otras que no. La corriente general no ayuda; la sociedad, los medios y todas esas cosas; o sea, nosotros. Las personas eligen sus ídolos y sus héroes; les dan dinero y gloria, y, si además son jóvenes y guapos (en realidad con que tengan pasta, sean jóvenes y salgan en la tele ya casi todo el mundo los ve guapos), idolatran su imagen, imitan su aspecto, los siguen en Facebook y hacen cola para verlos. Y les ponemos alfombras y focos, o los sacamos en autobús aplaudidos por una masa enfervorizada y rendida.

Hasta yo sé quiénes son Casillas, Torres, Puyol, Villa, etc., y Vicente del Bosque, que es el que más me gusta de los flamantes campeones. Es solo que quiero aprenderme y no olvidar los nombres de las personas que han recibido (y merecido) los premios Nacionales de Investigación de este año: María Antonia Blasco Marhuenda (Biología), Enrique Castillo Ron (Ingenierías), Salvador Barberá Sánchez (Derecho y Ciencias Económicas y Sociales), Ignacio Bosque Muñoz (Humanidades) y Carlos Martínez Alonso (Medicina). Como con los futbolistas que se han llevado la gloria, es posible que haya otros que los merecieran pero el seleccionador tenía que elegir y ahí está el equipo que ha ganado la liga este año.

Y a esto he llegado por una noticia que me ha hecho saltar las lágrimas de emoción. Enrique Castillo Ron es ingeniero de caminos y matemático, lo cual, afirmo y sostengo, es mucho más importante y difícil que ser futbolista o cantante, y, además, requiere mucho más esfuerzo e inteligencia (un currículum vale más que mil palabras); por no hablar de la diferencia entre fallar un penalti o dar un mal concierto y equivocarse en los cálculos de un puente o no recordar bien cuál es el tratamiento más adecuado para una neumonía. Enrique Castillo tiene 64 años, así que podría esperar tranquilamente la jubilación en su posición de catedrático de universidad, pero no; anda pensando cómo aplicar lo que sabe a la cooperación. Y dice que no hay otra opción que destinar el dinero del premio a un proyecto de ayuda al desarrollo en Togo y Benín. ¡Con un par!

Que no digo yo que los futbolistas de la selección (cuyos sueldos suelen ser discretos y comedidos) no se merezcan que les den seiscientos mil euros, a cada uno, por hacer algo tan importante como ganar el mundial y por dedicar toda una vida de estudio y esfuerzo a mejorar la vida de los demás. Pero a mí me gustaría que pasearan a Enrique Castillo en un autobús y que le dedicaran (también a los otros premiados) horas de televisión, estatuas, calles y homenajes variados. Y, sobre todo, que fuera modelo de adolescentes y recién estrenados adultos. Mientras eso llega, hoy necesitaba dejar en algún sitio mi emoción, mi homenaje y mi agradecimiento a la inteligencia de los que se enfrentan a la naturaleza humana y ganan por goleada.

domingo, 16 de mayo de 2010

Espíritu deportivo


Ante un certamen literario o un festival de cine, esperamos que los premios se los lleven los mejores, o, al menos, las obras que nos han gustado más. Porque para eso son los premios: para distinguir la excelencia, para señalar a aquellas obras o personas que destacan y que merecen ser recordadas y aclamadas. Pero, por alguna razón que se me escapa, ese mecanismo simple y lógico no funciona con el deporte. Cuando de competición deportiva se trata, y a pesar de ser meros espectadores, esperamos que ganen unos que identificamos como los nuestros; y no es porque repartan sus beneficios, (muy elevados en algunos deportes) con nosotros, ni las glorias ni las prebendas (que tampoco son escasas). Son los nuestros porque necesitamos sentirnos miembros de alguna tribu, parece ser; debe de ser ese incontrolable miedo a sentirse solo ante el mundo, esa espantosa desolación de sufrir en soledad y de no poder compartir las alegrías.

Hace unas semanas me encontré, sábado por la tarde, en un bar de esos con pantalla gigante en la que se veía el partido de fútbol del equipo local, en riesgo de sufrir una debacle, por lo visto. Como no me interesa el fútbol, me dediqué a observar a la gente; que había de todos los niveles sociales y culturales era predecible; que se mezclaban edades no es ninguna sorpresa; que los había más educados y otros más energúmenos es lógico; y que lo que los unía a todos era la más absoluta ausencia de deseo de justicia y de razonamiento sensato es la constatación de la obviedad. Todos comentaban lo mal que jugaba el equipo que querían que ganara. Pregunté si el otro jugaba bien y me dijeron que sí. Entonces pregunté que si el otro jugaba bien y se lo merecía porqué no deseaban que ganara.

Creo que fue una suerte (para mí) que estuvieran demasiado ocupados en el partido y no tuvieran ganas de hablar conmigo. Pero me ha quedado ese desasosiego que me mordisquea el esófago cada vez que descubro una nueva señal de que el mundo es un lugar inhóspito. No me resulta fácil entender ese sentimiento de pertenencia a la tribu; en general, no me resulta fácil comprender las adhesiones incondicionales. No obstante, algunas me parecen bastante inocuas; pero me da miedo pensar qué pasaría si se aplicara ese deseo de que ganen los nuestros por encima de méritos y de justicia en el reparto de premios, por ejemplo (y vamos a partir de que no pasa), en las oposiciones a catedrático, en la adjudicación de plazas de cirujanos, en la convocatoria de bibliotecarios y en la selección de personal para cubrir las plazas de guarda de seguridad de un banco. Y si queremos que gane la mejor película y el mejor cirujano, ¿por qué no queremos que gane el mejor equipo o el atleta más esforzado y de más cualidades?

No sé si somos conscientes de que aquel caballeroso y elegante que gane el mejor no solo era una expresión de buenas maneras, sino el deseo de que la justicia se impusiera sobre la fortuna y de que se reconocieran los méritos de los más aptos; eso que la evolución y la selección natural resuelve sin alharacas. La irracionalidad de querer que los nuestros ganen solo porque son los nuestros es una especie de nepotismos social peligroso, que da mucho miedo cuando, además, se junta con un que se jodan y se pudran, dedicado a los que no son los nuestros; esos otros que, a veces, son más listos, más preparados y juegan mejor.

jueves, 22 de abril de 2010

Más noticias de Somalia

Seguramente el problema es que yo estoy obsesionada, pero hoy he visto esta noticia Somalia y no estoy segura de que la haya visto nadie más. La ministra pide permiso al Parlamento para mandar unos soldados a entrenar al ejercito somalí y el Parlamento, e incluso sus compañeros de Gobierno, pasan de ella, de la propuesta y de todo, en plan bueno, vale, que no se diga que no hacenos nada por ese país que ¿dónde dices que está?.
No es mi ideal de solidaridad, pero entiendo que, tal vez, reforzar el Estado y sus instituticones es una manera de echarles una mano a los somalíes, a ver si no les dan por todas partes. Y no soy tan ingenua como para pensar que vayamos a ayudarlos más ni mejor. Quizá sería eficaz hacer un grupo en Facebook que se llame Señoras que se preocupan de Somalia y de otros africanos.
¡Vaya mierda de políticos, de medios de comunicación, de país, de sociedad y de mundo!

lunes, 8 de marzo de 2010

Los nuestros y los otros

Anoche hubo un terremoto en Turquía. No hemos mandado equipos de rescate que saquen niños que nos despierten las ganas de adoptar ni bomberos que conceden a una anciana los años que le correpondan y que la tectónicas de placas iba a arrebatarle. No se han abierto cuentas corrientes ni se han organizado maratones solidarios. Ningún artista se ha prestado para hacer un concierto ni se han acuñado camisetas que recen lemas solidarios.

Y eso que los turcos son europeos (al menos hasta Estambul), y que Turquía está más cerca que Haití y Chile. Pero no parece que este terremoto despierte actitudes solidarias y generosas. Los medios no retransmiten la última hora  (los periódicos dan la noticia de agencias) ni buscan turcos que vivan aquí (sea lo que sea aquí) para que nos expliquen cómo era su pueblo antes del desastre.

¡Ah! que las provincias a las que ha afectado están la parte asiática. ¡Ah! que no hablan francés ni inglés ni español! ¡Ah! que no rezan en iglesias! ¡Ah que no hay españoles/europeos viviendo en esos pueblos destruidos! Debe de ser la naturaleza humana lo que hace que nos preocupen más los nuestros que los otros. ¡Qué mala puta la naturaleza humana! O quizá sea porque el terremoto se ha producido al mismo tiempo que otros asuntos más importantes, como que nieva en Barcelona y se han repartido los Óscares, que es un asunto que atañe a los humanos mucho más que el sufrimiento de los turcos, como todo el mundo sabe.

sábado, 20 de febrero de 2010

¡Mandan hormonas!

La invocación a la libertad y la voluntad es un mecanismo de autoafirmación y autocomplacencia tan frecuente y universal como, probablemente, necesario para sentirse algo más que moléculas orgánicas tocadas por la vara, casi siempre azarosa —y un poco necesitada— de la evolución, la cual en el caso de la especie humana, ha adornado ese cúmulo químico con un cerebro de notables prestaciones, incluso, en algunos individuos, prodigioso. Pero al final somos moléculas, sobre todo al final; y lo que es más simple, estamos gobernados por las hormonas.
Entre las noticias que producen cierta estupefacción (no cabreo, indignación, dolor o rabia), están las relacionadas con Jacob Zuma y con Tiger Woods. El primero, presidente de Sudáfrica, se ha casado por quinta vez, convive con tres de sus mujeres y tiene alrededor de 20 hijos (los mismos que tuvo Bach, por cierto). El señor presidente afirma que hay mucha gente que tiene amantes y un montón de hijos a los que no reconocen, y que él ama a sus esposas y está orgullosos de sus hijos; parece ser que las esposas y los hijos no tienen queja. Está orgulloso es de sus tradiciones y su cultura, y como no cree estar haciendo mal, no se esconde. Claro que hay sudafricanos que lo critican, al presidente y a la cultura que representa (salvaje, primitivo, anticuado, machista, etc., dicen); son blancos o cristianos, y antes de señalar con el dedo deberían hacer examen de conciencia, acto de contrición y, sobre todo, propósito de enmienda, para dejar de joder al mundo, más que nada.
El tal Tiger Woods es un golfista (evitaremos los juegos de palabras fáciles) de élite, lo que significa que gana más pasta de la que va a poder gastarse en toda su vida. El tipo anda con un montón de mujeres además de la legítima; de hijos no se sabe cuántos tiene,porque además ya se sabe que una carrera inmune a la crisis es parir un hijo de un ricacho. Eso le ha supuesto un escándalo tratado en todos los medios de comunicación (tanto en la sección de deportes como en la de cotilleos), tener que apartarse del deporte, que los patrocinadores lo borrarán de sus nóminas y anuncios, un tratamiento médico y una auto de fe público que ríete tú de la Santa Inquisición. Y todo por hacer lo mismo que Jacob Zuma pero mintiéndole a todo el mundo. Se han quejado la mujer, los hijos, la suegra, las amantes, un par de putas que frecuentaba en bares, los deportistas, los clubes de fans y muchos que no tienen nada que ver con ese señor pero que tienen opinión sobre dónde deben estar los calzoncillos y las bragas de todo el mundo, aunque no se paran diez segundaos a pensar donde deberían estar el dinero, los soldados, los buitres financieros, las constructoras especuladoras, los políticos corruptos y los curas pederastas.
La biología manda que el macho fecunde tantas hembras como pueda. La hembra, una vez fecundada, durante nueve meses no puede generar nuevos individuos, pero el macho sí. Se trata de la pervivencia de la especie y nuestro funcionamiento hormonal es el producto de la evolución, precisamente porque ha resultado más favorable para tal pervivencia. La comprensión de esta conjunción de hormonas y evolución ayuda a entender un poco cómo funcionan los individuos machos de la especie humana. Otra cosa es que luego lleguen a pactos y acuerdos con una hembra, con la familia y con la sociedad para modificar el comportamiento innato y pasar toda la vida, o el mayor tiempo posible, con la misma hembra o, en cualquier caso, que sus relaciones sean monógamas; pero son convenciones (quizá adecuadas y convenientes) que van contra la biología, de hecho, las vamos cambiando a lo largo de la historia.
Así que Jacob Zuma y Tiger Woods siguen el dictado de las hormonas en vez de las convenciones sociales. Solo que uno es honrado y el otro no; uno no engaña a nadie y el otro teje una vida de mentiras y sordidez; uno va repartiendo alegría y, quizá felicidad, y el otro provoca sufrimiento, vergüenza y codicia. Y ambos dan tema de conversación en periódicos y tertulias, no por la actividad que les da relevancia social, ni siquiera por su postura ética, sino por su actividad sexual: por sus hormonas. Que en las sociedades primitivas los hombres sean polígamos puede que sea un signo de inteligencia, y de humildad: la libertad y la voluntad se inclinan ante las hormonas. Yo conozco algunos hombres con los que no soy compatible en régimen de exclusividad, pero que no me importaría tener a tiempo parcial (y a sus mujeres por amigas); creo que a ellos también les parece una lástima no ser zulúes.

lunes, 4 de enero de 2010

El horror, el horror (fotos de Emilio Morenatti)

Queda muy poco tiempo para disfrutar de las extraordinarias piezas de la exposición Los mundos del Islam en la colección del Museo Aga Khan, que se exhibe en el CaixaFòrum. Aunque había visto la exposición a trozos, ayer me fui a verla toda entera.  Es un auténtico placer ver tanta belleza y percibir el gran empeño en hacer cosas hermosas y útiles. Al salir, iba pensando en que la exposición es un buen argumento frente a aquellos que acusan al islam de todos los males del mundo. También pensé, como los pensamos todos los que nos interesamos por  la cultura árabe —tan ligada al islam—,  que tuvo momentos de esplendor, que este no es uno, desde luego, y que nos iría muy bien a todos, y especialmente a los árabes ya los musulmanes, que recordaran y emularan aquellos momentos históricos en que se medían por la capacidad de componer y recitar poemas o de construir astrolabios.
Con esa idea en la cabeza, se me cruzó en el camino el cartel que anunciaba la exposición de los premios Fotopres'09 y decidí aprovechar la ocasión.  Entré, me quedé clavada frente la primera pared, horrorizada, y hui a las otras paredes; las vi sin mirarlas y volví a la primera. Estuve un buen rato allí delante sin poder parar de llorar. Luego a mi casa a llorar; de dolor, de rabia, de impotencia, de desolación, de desconsuelo, de desesperanza.
En esa pared estaban las fotos que obtuvieron el primer premio. Diez fotos horrorosas, porque son el horror puro, el retrato perfecto del odio, de la maldad. Atónita, observaba cómo la gente podía mirar las fotos y comentar detalles técnicos y hablar de ellas. Yo solo podía llorar. Me gustaría que alguna de las personas, que las hay, que en todo ven algo positivo, se pusiera no ya delante de las mujeres retratadas, solo frente a las fotos, y me dijera un motivo para sonreír y ser feliz; a ver quién se atreve a ponerse ahí delante y ser optimista sin resultar cretino. Claro que ya sabía que eso ocurría y había visto otras imágenes; pero estas son capaces de petrificar toda la vida, todo menos las lágrimas. No es posible sostener la mirada de esas mujeres sin sentir un dolor insoportable y la perplejidad más absoluta.
Las fotos las hizo Emilio Morenatti (que no despiste el apellido; es de Cádiz), un fotoperiodista de los imprescindibles, que entre premio y premio, este verano perdió un pie en una explosión en Afganistán.  Lo he buscado en Internet, claro; su web está fuera de servicio. Entonces he ido al feisbuc, esa agenda moderna. Allí hay un grupo de apoyo al fotógrafo con veinticuatro miembros. No voy a comentar los que tienen personajes y personajillos, pero si las fotos de Morenatti muestran un mundo de horror, que no sepamos quién es nos deja ver qué feo es el mundo que hacemos.
PS: El segundo premio de Fotopres'09 muestra los horrores de la violencia tras las elecciones en Kenia, como podía haber ocurrido tras las elecciones en cualquier país africano, ese continente que nos queda tan lejos.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La decencia según Rodin

Nos han traído a Barcelona unas esculturas de Rodin. Voy  a verlas y, la vuelta, desempolvo mi cuaderno de París; no por nostalgia, sino por constatar que la mirada cambia. Me encuentro, nada más abrir el cuaderno, con una cita de Mutis: «Cada día somos otro, pero siempre olvidamos que igual sucede con nuestros semejantes. En esto tal vez consista lo que los hombres llaman soledad».  Y ya me arrepiento de haberlo abierto; esto no acabará bien.  Llego a Rodin. Parece ser que fui porque estaba en la lista de los museos que tenía que ver; de semejante muestra de ignorancia y estupidez no me acordaba. Pero resultó que me quedé patidifusa  (estupendo adjetivo) y se me ocurrieron palabras como veneración, sensualidad, ensueños, terrores dolor,  vida. Y resulta que andaba yo leyendo las Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, los dietarios de Sánchez Ostiz y Cesare Pavese, y que volví varias veces al museo Rodin, y… es mejor no abrir los cuadernos de hace tanto tiempo.

Allí las esculturas grandes estaban en el jardín. Aquí, la Obra Social de La Caixa las ha puesto en la Rambla de Cataluña. Yo creo que ha habido algún majadero que ha pensado que como la mayoría de las esculturas pertenecen al grupo denominado Los burgueses de Calais, pues que debían ir a zona burguesa, y ¡toma! en una calle en la que, en invierno, apenas da el sol y las esculturas se ven mates, atosigadas por las sombras de los edificios, y siempre de fondo, un semáforo, coches aparcados, entidades bancarias y perfumerías de mucho copete adornadas con los muy horteras y previsibles motivos navideños; ¡ah! y la gente cargada de paquetes, claro. Es decir, nada que ver con la idea de Rodin, invocada en los paneles informativos, de que su escultura estuviera en la calle, entre la gente.  Por otra parte, las esculturas que yo vi (y lo confirmo revolviendo cajones hasta encontrar las fotos), especialmente  las de los burgueses de Calais, tenían esa capa verde del bronce que da pátina de tiempo y vida. Las esculturas expuestas son de un negro bruñido; así que o las han limpiado o no son las del museo.  Existen doce copias elaboradas por la técnica del vaciado a partir del los moldes de Rodin, y supongo que muchas más por otras técnicas.

Y a pesar de todo eso, impresionan y conmueven. Rodin era un genio (otra cosa es que fuera un hijoputa que martirizó y eclipsó a Camille Claudel todo lo que quiso y un poco más, hasta apoderarse de parte de su trabajo). Las esculturas de los burgueses (habitantes del burgo) de Calais cuentan con una fuerza sobrecogedora la historia de aquellos seis hombres.  Solo que Rodin, por más de una razón y con su genialidad estilística y expresiva, los representó en círculo, con posiciones muy concretas, y es esa composición y la dirección de sus miradas una de las claves de la fuerza y una de las metáforas de de la historia de esos hombres. Pero La Caixa ha decidido colocarlas como para verlas al decuido mientras se salta de tienda en tienda, para que alegren el paseo navideño de los burgueses de aquí, sin más explicación de la historia ni del significado.

En septiembre de 1346. Eduardo III de Inglaterra asediaba el puerto francés de Calais. Un mes después y tras intentar varias soluciones comunitarias y comunales, el alcalde propuso a los sitiadores entregar la ciudad si dejaba libres a sus  ciudadanos. El inglés se negó, ¡le iban a poner condiciones a él! Sus propios hombres le hicieron ver que ya estaba bien y aceptó ceder pero dando un último golpe de autoridad: exigió que seis notables de la ciudad se humillaran ante él, sin más vestimenta que una camisa, con una soga al cuello y las llaves de la ciudad en la mano.

Ante la desolación de los habitantes convocados por el alcalde, Eustache de Saint-Pierre, uno de los vecinos más ricos de la ciudad, fue el primer en ofrecerse. Lo siguieron Jean d'Aire, Jean de Vienne, Jacques y Pierre de Wissant y Andrieu d'Andres. Se presentaron ante el rey inglés, el muy miserable ni la cuerda para ahorcarlos quería poner. Los caballeros británicos intercedieron conmovidos por la nobleza de los seis burgueses de Calais, y hasta la reina intervino. A Eduardo III, ante el desprecio de los suyos, no le quedó más remedio que liberarlos.

Así que la escultura de los burgueses de Calais cuentan la historia épica de un pueblo, personificada en seis de sus ciudadanos, que piensan en la sociedad, en sus vecinos, en los demás, sin afán de heroísmo ni asomo de testosterona gilipollas, y eso en el siglo xiv, cuando todavía no se llevaba la ilustración ni el marxismo ni la solidaridad; es decir, solo por decencia.  Y esa palabra, en la semana en que la cumbre de Copenhague se ha resumido en fracaso y codicia, expresa todo su significado: Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.

PS1: El mismo día que yo ando pensando en Rodin y en los burgueses De Calais, me hacen pensar en Guzmán el Bueno, y me doy cuenta de que su hazaña es casi contemporánea de los hechos de Calais. Pues si hay que elegir héroes nacionales, yo me pido los de Calais.
PS2: El pensador todavía queda más ridículo entre coches y paquetes de regalo; aun así, siempre es un placer y una sugerencia observarlo.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Desvergüenza patológica

Blair está enfermo, muy enfermo. Creo que las unidades psiquiátricas de todos los hospitales británicos deberían aunar esfuerzos para curarlo. Incluso todos los psiquiatras europeos, habida cuenta que ese desvergonzado criminal anda en misiones de paz en nombre de todos nosostros, ¡hay que joderse con el sarcasmo!

Después de haber satisfecho su egocentrismo y su soberbia y de haber ganado una cantidad nada despreciable de pasta, podía estarse callado; esperar que se sienta culpable de asesinato y se arrepienta de su estupidez y su maldad es demasiado pedir. El miserable mal bicho da una entrevista en la que dice que no se arrepiente de nada y que no cambiaría ninguna de sus decisiones, pero que admite que debió buscar otra razón para invadir Irak que aquella patraña de las armas de destrucción masiva. También dice que la fe (cristiana) le dio fuerzas para tomar esa decisión en la soledad del poder.

Para soledad la de los ochenta y seis muertos y ciento cincuenta y nueve heridos de anteayer. Sí anteayer, 12 de diciembre de 2009, y escribo la fecha completa por si alguien no recuerda que la guerra civil, que sufren los iraquíes desde la invasión del país en 2003, sigue viva. El 25 de octubre en otra serie de coches bomba murieron, al menos ciento cincuenta y cinco personas y hubo alrededor de 500 heridos; y en agosto… y en junio…

No, no es cuestión de números. Es cuestión de vergüenza. De lo que valen los muertos, las víctimas de las humillaciones, los heridos y los condenados a sufrir según donde estén. Y de sentir, al menos, dolor por la ignominia, y hasta un poco de culpa, que todos chupamos petróleo. Y de no olvidar, y de no aburrirnos del dolor ajeno y lejano.

Pero todo eso no va con Blair. En la crisis de Gaza de diciembre de 2008, Blair era enviado europeo par a Oriente Próximo (aunque el nombre del cargo no lo mencione, se supone que lo envían para buscar una solución que conduzca a la paz) pero decidió que debía pasar las navidades con su familia en Londres y asistir a la inauguración de una tienda de Armani; ¡y va a importarle lo que hizo en 2003! Es lo que tiene la desvergüenza crónica y aguda.

PS: Los adjetivos que adjudico a Blair son aplicables a Bush y Aznar, y aquel Durao Barroso que asomaba la patita en las Azores y ahora preside la Comisión Europea sin atisbo de rubor suyo... ni de ningún europeo, por lo que parece.
Después de escribir esta entrada veo que Ramón Lobo habla de lo mismo con menos rabia y mas argumentación.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Hombres infames

El corolario de Nombres ilustres es que otorgar indulgencia plenaria para las corruptelas ajenas (grandes o pequeñas, no es posible ser bastante honrado o corromperse un poco) es un síntoma —preocupante— de por qué lado de la conciencia andamos. Ese no me parece grave lo que hace Fulano es un yo haría lo mismo; y lo mismo es la corruptela, el engaño, el saltarse la norma y estar dispuesto a quedarse con lo que no nos pertenece, o con lo que no nos toca, o un apaño en la declaración de la renta, o una factura sin IVA, o colarnos en una cola; todas esas menudencias de los que decimos que, total, no hacen daño a nadie. Y sí, sí hacen, porque hay perjudicados directos y porque caer en la indignidad nos priva de todo derecho a reclamar que otros rindan cuentas por la suya. La diferencia entre el que afana mucho y el que solo engaña un poco suele ser de oportunidad. ¿O es que alguien de los de poco ha previsto cuál será la línea que no cruzará, cuando poco pasará a ser mucho? No, no es cuestión de cantidad.

Claro que se trata de millets, bartomeus y prenafetas; y también del primo de uno que conocemos de la oficina. Pero la verdadera tragedia de esa manera de hacer y ver la cosas está en aquellos Estados donde casi se convierte en la Constitución. Ocurre en muchos países africanos. El presidente es un sátrapa de primera magnitud, los ministros se llevan prebendas de empresas extranjeras y por sus manos pasa la ayuda internacional, los funcionarios provinciales algo reciben, el policía de calle saca lo que puede, el tipo de la aduana se hace con un poco de aquí y un poco de allá, y uno que anda por la calle y conoce al del puesto de policía, en cuanto tiene una oportunidad le pide a uno que tiene una tienda la mordida de rigor para no chivarse de nosequé o protegerlo de algo porque tiene un primo que conoce a alguien. Por supuesto, al final hay millones de personas que no tienen ninguna posibilidad de guindar nada de ningún sitio, sino que son, siempre los guindados.

El resultado es que la riqueza del país, poca o mucha, y las ayudas internacionales, rinden una ínfima parte de lo que podría. Solo así se entiende que en países como el Congo (ambos Congos) o Camerún, donde la naturaleza, por sí sola, proporciona riquezas extraordinarias, la pobreza —la miseria, para ser precisos— sea general, crónica y casi irremediable. Y es irremediable porque la consecuencia peor de ese estado de las cosas es la miseria moral. Parece ser que la naturaleza humana (la parte más natural de nosotros mismos) nos lleva a poder prescindir con bastante facilidad de la ética y a aprovecharnos de los demás sin mucho dolor ontológico. Para eso se inventaron las religiones, para instaurar normas morales que hieran posible la convivencia (bien es cierto que se cumplen so pena de infierno y dioses justicieros). Luego se inventaron las leyes, que imponen normas éticas , esta vez so pena de azotes, muerte, cárcel, etc., según la época, la zona del mundo y el régimen político. El escollo último siempre son los más poderosos. En el caso de los gobernantes africanos, solo los países europeos, que los ponen y quitan, apoyan o desprecian, subvencionan o constriñen, pueden no solo sancionar su conducta sino también no permitirles disfrutar de sus fortunas en nuestros cómodos paraísos, fiscales y sociales.

Sería una buena tarea pedagógica para los habitantes de esos países, y también un rasgo de dignidad para nosotros, que nos cubrimos de mierda cada vez que damos cobijo algún asesino y ladrón dictador, o le permitimos que venga a tratarse sus enfermedades en hospitales de lujo (¡qué fácil es para algunos africanos obtener un visado y pasar el tiempo que quiera en Europa!), o hacemos la vista gorda al origen del dinero con el que compra propiedades por aquí.

PS: Transparency International es una ONG (con delegación en España) dedicada a la lucha contra la corrupción política. Entre otras cosa, ha denunciado judicialmente en Europa a algunos presidentes africanos corruptos. Como a menudo esos presidentes tiene relaciones muy estrechas y negocios con Francia e Inglaterra (de los que son ex colonias), es en esos países donde se presenta la denuncia; cuando los denunciados buscan su paraíso europeo, encuentran, entre otros, España, como ocurrió en mayo de este año con el presidente de Gabón.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Nombres ilustres

Entre tanta indignación, a veces me entero de historias que da gusto contar; o reproducir, porque la que motiva esta entrada va a continuación tal cual me la contó Javier Romero Martinengo, hijo de uno de los protagonistas de la historia, el escritor Luis Romero; y como me la narró por escrito, copio y pego sus palabras:

… otro anarquista, Cipriano Mera. Mis padres fueron a visitarlo a París, a finales de los sesenta, y los recibió en una casa muy humilde, donde cocinaba con un
réchaud à alcohol y se calentaba con una mínima estufita. Trabajaba de albañil, y seguía con sus ideales anarquistas. Al parecer, habían pasado por sus manos importantes tesoros, y nunca usó ni un céntimo para él. Preguntado por mi padre sobre todo ello, su respuesta fue algo así como: «La conciencia, Romero, la conciencia».

Yo no había oído hablar de Cipriano Mera, pero no he dejado pasar esta oportunidad para buscar su biografía en Internet, claro. Con solo googlear su nombre se encuentra mucha información, incluso sobre una película documental reciente (Vivir de pie. Las guerras de Cipriano Mera, Valentí Figueres, 2009) y cuyo tráiler puede verse en you Tube. Lo primero que me llama la atención de la entrada correspondiente de la Wikipedia es que su ocupación era albañil y militar. Eso significa que era albañil, y que cuando se topó con la Guerra Civil, decidió que debía defender lo que pensaba por medios militares. En historias bélicas no me meteré.

Lo que me conmueve es ese «La conciencia, Romero, la conciencia», esa manifestación de honradez, de convencimiento acerca de lo que hay que hacer; ese mantenerse incorruptible, no porque no se tenga ocasión de corromperse, sino porque se ha decidido ser de una manera y vivir de acuerdo con ella, sople el aire que sople. Hay mucha gente que es así, seguro; de otro modo, no parece probable que todavía existiera la humanidad. Pero sus nombres no salen en los periódicos, ni los recuerda nadie aunque hayan tenido actitudes heroica (como Mera y tantos otros). Sin embargo, todos sabemos quiénes son Millet, Julián Muñoz, Lluis Prenafeta, Bartomeu Muñoz y unos cuantos más; los sabemos, afortunadamente, porque eso significa que los han pillado.

No estoy hablando de una cuestión política, sino de la naturaleza humana, de cómo, por qué, cuándo y quién decide ser honrado o no, de a quién elegimos como modelo, no teórico sino para hacer nosotros todos los días lo que hicieron, de por dónde tiraríamos si tuviéramos la oportunidad, sin más juez que la conciencia, de corrompernos, de engañar, quedarnos lo que no es nuestro, aprovecharnos de los demás.