Mostrando entradas con la etiqueta islam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta islam. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de septiembre de 2012

Pan con pan, comida de listos




Hace tiempo que no cuento nada aquí; y no sé si volveré a este lugar. La razón es que el maldito tiempo da para lo que da, y no es mucho. Y el tiempo que invertía aquí, estoy dedicándolo a otro sitio donde se cuenta el mundo árabe: AISHEse bocado de pan árabe hoy cumple un año; un año de esfuerzos y de satisfacciones. La explicación de cómo la celebramos se la robo a la gran Laura Casielles.

Hoy, AISH alcanza su primer cumpleaños: vamos, que ya gatea con destreza y está, casi, casi, listo para andar solito ;). Y hemos decidido celebrarlo como sabemos: escribiendo. Lanzamos un especial en el que os contamos algunas cosas que nos importan sobre este proceso.
  • - Carla Fibla, fundadora del asunto, escribe sobre como el pan que había amasado tomó vida y echó a andar, y se convirtió, quizá, en otra cosa. 
  • - Pilar Comín, jefa de correctores, poli mala del equipo, saca ternura y nos pone rostro
  • - Laila Chukair resume un año de noticias en dos folios de excelente condensación de contenidos: ¡la chuleta perfecta de lo que os habéis perdido por no seguirnos con constancia! ;)
  • - Jordi Comins explica explica por qué, en estos tiempos en que pasan tantas cosas en nuestras propias casas, nos parece de interés preguntarnos qué le ocurre al vecino. 
  • - María Blanco resucita el drama de Babel para contar en cuatro idiomas nuestras peleas con cada uno de ellos. 
  • - A mí me tocaba un texto sobre nuestros contenidos, pero creo que acabé hablando sobre el tipo de periodismo que queremos intentar. 
  • - Y, para nuestra gran alegría, Santiago Alba Rico inaugura una pequeña sección en la que a lo largo de los próximos meses pediremos a algunos expertos que admiramos que nos respondan a la pregunta que mueve esta rueda de AISH: “ ¿Por qué es importante escuchar a los árabes y darles la palabra?”
Así que nada: como quien abre las puertas de la casa, os contamos un poco más sobre nosotros. ¡Sentíos libres para repetirlo a los cuatro vientos! Toda ayuda en la difusión será bienvenida :)
Porque, claro, nadie hace pan para que no se coma.
Nosotros ya estamos preparándonos, con muchas ganas, para el año 2.
Pero solo tendrá sentido si seguís ahí detrás, leyéndonos, acompañándonos, pidiendo más pan. 
Os esperamos. ¡Feliz cumpleaños!


sábado, 14 de mayo de 2011

Imágenes familiares



Estoy harta de oír frases que empiezan con un  «En esos países…» o «Esa gente…», que se refieren, intuyo porque nadie me lo explica bien y claro, a los árabes, o a los musulmanes, o a los que son ambas cosas. Cuando no sabes nada de los otros te fijas en lo que te parece diferente: que si esa religión tan machista (como si hubiera alguna religión que no lo fuera), que si ese idioma tan difícil (como si conjugar y usar el subjuntivo en castellano fuera fácil), que si las mujeres no pueden salir solas de casa, que si se visten raro, que si las calles están tan sucias y que si comen cosas extrañas.

Y luego resulta que hacen una revolución sin avisar, rápido y sin mucha sangre. Porque, al final, quieren lo de todos: un poco de libertad, alguna opción de ganarse la vida y cierta alegría de vez en cuando. Eso ha pasado en Túnez, donde una tarde cualquiera, a la salida de un instituto cualquiera, se ve y se oye la misma tontería adolescente de cualquier ciudad del mundo. Andan con el móvil, tontean los chicos con las chicas y viceversa, todos se visten igual y quieren una moto, y no ven el momento de volver a casa, donde les esperan para cenar un plato de acelgas, una ensalada de tomate y pepino y algo de pescado. Al menos en Sfax, un día cualquiera de abril.


domingo, 6 de marzo de 2011

Egipcios -3-



Qásim Amín  (1865-1908) bebió de las fuentes de Abduh (y de al-Afgani, un personaje controvertido al que algunos consideran un intelectual y abnegado luchador, mientras que otros lo tienen por un cantamañanas y ególatra impostor). La particularidad de Amín es que se empapa no solo de positivismo (eso lo hacen muchos) sino, también, de darwinismo; eso lo lleva ―en un peligroso y poco acertado ejercicio de sociobiología avant la lettre― a interpretar la decadencia de las sociedades islámicas como el resultado de la selección natural. Opina que en la lucha por la supervivencia la ignorancia conduce a la inferioridad y sitúa el principio de esa ignorancia en la familia, en la que, dice, imperan relaciones de tiranía; y para revertir tal situación, hay que cambiar el núcleo, que es, a la vez, el elemento más débil: la mujer. La solución la resume en educación y consideración social. Habla de que la mujer debe salir del aislamiento del hogar y que debe vestir sin velo. Y todo eso lo escribe alrededor de 1900 y en Egipto (en dos libros, aquí reducidos a tres frases). No recibe aplausos, pero tampoco lo obligan a callarse, y eso es una medida del aire que se respira. Se ha imbuido de positivismo y cree que la mejor sociedad es la que se basa en el conocimiento y en la ciencia. No deja de ser musulmán, pero, como otros intelectuales liberales, tiene como objetivo paragonar la sociedad egipcia con las europeas. Hoy lo tacharían de traidor a la patria y de neocolonialista.

En ese grupo está también Lutfi as-Sáyyid (1872-1963), menos radical y más nacionalista que Amín; cree que lo que sea Egipto lo será por su historia y no por la religión que predomine en su sociedad. También tiene más carga política. El poder crea sujetos sin derechos, y el despotismo de los poderosos alimenta el servilismo de los ciudadanos y su sumisión mental: ese es el problema (eso podría ser la formulación intelectual de una expresión de uso corriente, al menos hasta ahora, en Egipto: ma aaleish; algo así como ‘no importa’ o ‘da lo mismo’). Y habla de fortaleza, confianza en sí mismos e independencia de espíritu. Las autocracias y los sentimientos no generan naciones fuertes, dice; así que la ley debe basarse en el acuerdo, y la unidad, en los intereses comunes. Pero para él, Europa no es el único modelo. Egipto tiene un pasado milenario y glorioso; esos elementos culturales y el territorio es lo que da cohesión, sin necesidad de apelar a la religión. La educación proporcionará libertad; y en concreto, la educación y la liberación de la mujer darán bienestar a la nación. Incluso si lo dijera hoy parecería revolucionario.

Ali Abd ar-Ráziq (1888-1966), de formación y carrera clásicas, era juez islámico y ulema de al-Azhar, si bien es cierto que creció en un ambiente liberal y racionalista. De hecho, estudió en Oxford, y estuvo relacionado con Abduh y con  Lutfi as-Sáyyid. En 1925, escribe un libro titulado El islam y los fundamentos del poder (trad. J. A. Pacheco. Universidad de Granada, 2007) en el que afirma que el califa no es un jefe político, por lo que si la comunidad hallara una forma de gobierno que le sea más conveniente que el califato, habría que adoptarla para defender mejor la ley de Dios. Su tesis es que el islam no obliga a tener un sistema político ni de gobierno determinados, sino que, por el contrario, da libertad para que una sociedad organice su Estado según las condiciones y las demandas sociales y económicas con las que  se encuentre en cada momento. Dicho en términos actuales, está defendiendo el laicismo de las sociedades islámicas. No hay herejía en la libertad ni contaminación colonialista en la democracia; pueden decidir cómo quieren gobernarse. El Consejo Supremo de Ulemas de al-Azhar intervino de oficio y lo inhabilitaron como ulema y como juez. Lo acusaron de radical; muy al contrario, seguía, y de manera ortodoxa, la tradición islámica de opinión y argumentación, pero las ejerció con cuatro elementos en contra. Sus iguales, los ulemas (ignorantes y miedosos); su sociedad (mucho tiempo en la pobreza y el subdesarrollo); los otros políticos liberales (ven que pueden hacerse con el espacio político que deje); y Europa, donde quien conoce el libro, lo desprecia (por intentar mantener privilegios ya insalvables se pierden oportunidades futuras; los últimos treinta años son un ejemplo).

Abd ar-Raziq es, quizá, el último intelectual que escribe con libertad (y lo pagó caro : paso el resto de su vida de chupatintas en ministerios, condenado al ostracismo). Luego llegaron nacionalistas como Saad Zaglul, sectarios pseudoreformistas como Rachid Ridà y Hassan el-Bannà, y una revolución, la de los Oficiales Libres, demasiado populista y preocupada por ese quitate tú pa’ponerme yo que tanto les gusta a muchos militares como para atender a esos tres factores que tanto habían repetido quienes reflexionaron en cómo construir un Egipto moderno: la educación, la mujer y (cierto) laicismo.

domingo, 20 de febrero de 2011

Egipcios -2-


Mohammad Abduh (1849-1905) debió de ser un tipo excepcional, en sentido literal. Estudió en Dar al-Ulum y llegó a ser Gran Muftí de Egipto y a formar parte del Consejo Recto de al-Azhar (que adaptado al tiempo, al espacio y a las claves occidentales viene a ser como abogado por Harvard y jurista en el Tribunal Supremo y en la Corte Internacional de La Haya). Desde muy joven escribe sobre asuntos religiosos, pero con la inquietud de relacionar religión y sociedad, de modernizar Egipto y de dar a la comunidad araboislámica una unidad que ayude a salir del letargo y del anquilosamiento. Por ahí le pilla la revuelta de Orabi y lo mandan al exilio. Aprovecha esa temporada para ir dándole vueltas al asunto del libre albedrío, el origen del Corán y otras zarandajas teológicas y filosóficas (en términos islámicos, el kalam) y andar por París. Ya se había leído a Tahtawi y algo le ha quedado de todo eso de que la ley está por encima del gobernante, que la libertad está anclada en el corazón del hombre y que las ciencias son útiles. Es partidario de Avicena, Averroes y Aristóteles; es lo que tenía la formación en ciencias islámicas, que partía de que para refutar una idea hay que estudiarlas todas a fondo, y en ese proceso, alguna te convencía.

La preocupación de Abduh es la reforma religiosa y moral, sin perder de vista el movimiento de liberación de Egipto. En ese afán, colabora con los ingleses, porque ve que ofrecen progreso (libros, ciencia, conocimiento, técnica), y no todos sus compañeros de viaje le perdonan ese punto de vista. Que nadie se confunda, su idea fundamental es que el islam no pierda su esencia pero para eso hay que recuperarla como religión de la razón, es decir, ir a los ancestros (salaf, en árabe, y de ahí el término salafiyya para designar un movimiento renovador, al principio, y arcaizante, después y hasta hoy; por eso al mismo tiempo que inspirador de renovadores, Abduh lo será de los fundadores de los Hermanos Musulmanes; y también de las corrientes nacionalistas). En el islam que debate (antes de que se bloqueara ese procedimiento en el siglo IX) localiza preceptos inamovibles (los dogmas) y otros que tienen que ver con la vida social y el culto, en los que la normal original no es muy concreta, precisamente para poder ir adaptándola a los tiempos, mediante la razón, claro.


Así que no hay más remedio, dice, que modificar el sistema legal y la educación. Aprovechando su posición, intenta ambas cosas. La lista de las costumbres y comportamientos que le parece que son aceptables en el islam pondría los pelos de punta a muchos musulmanes actuales. Además, se le ocurre que el ser humano distingue de forma natural, sin revelación divina, el bien del mal y que es un crimen dejar a las mujeres en estado de ignorancia También intenta reformar el currículum de al-Azhar e incluir historia, geografía, literatura y lenguas, pero lo cierto es que fracasa. (No obstante, en el intento convenció a un joven Taha Husain —autor de un delicioso libros de memorias noveladas, Los días, reeditado no hace mucho y que, por cierto, merecería un traducción renovada y menos creativa—).

Cree que el islam, y las sociedades que se rigen por él, se han corrompido (¡y no había visto nada!) por la ignorancia de los gobernantes y los ulemas, que se dejan influir por doctrinas esotéricas (se refiere al chiísmo) o pierden su libertad de pensamiento cuando alcanzan el poder. Definitivamente, no le gusta el Imperio otomano. Él es egipcio, es decir, árabe y el panarabismo será la salvación (por si alguien creía que se le ocurrió a Nasser). Y aspira a un Egipto sin el subdesarrollo material e intelectual que hace que las reformas deba pensarlas y aplicarlas alguien con autoridad y mediante el autoritarismo; y poco a poco, para no crear fracturas sociales y hacer posible el gobierno mediante consejos locales y un gran consejo de representantes, con la participación de una opinión pública libre.  Mohammad Abduh hubiera sido el primero en ir a la plaza Tahrir a provocar una revolución. ¿O ha estado allí todo el tiempo?


PS: Egipcios -1- implicaba bastantes más egipcios, pero al ritmo que van las cosas no hay manera de seguir un catálogo tranquilo a medida que van saltando chispas; así que vamos a por lo fundamental y luego ya veremos.Aunque ahora ya quede lejos, porque ya nadie se acuerda de Túnez, Un personaje notable es Jayr ad-din Basha, al-Tunisí (1822-1889), reformador en Túnez, que cambia los planes de estudio en la Zeituna, y eso facilita la línea Burguiba y todo lo demás.

lunes, 7 de febrero de 2011

Egipcios -1-


Rifaa Rafii at-Tahtawi (1801-1873) era un imán educado en al-Azhar y destinado a enseñar en al-Azhar, pero se cruzó en su camino la decisión de Muhammad Ali de mandar unas misiones educativas a París. Ali se daba cuenta de que Egipto se quedaba atrás y necesitaban jóvenes formados. Pero mandar unos jóvenes egipcios a París era una empresa arriesgada, al menos sin un líder espiritual, alguien que velara por que no se descarriarán. Ahmad al-Attar, un magebrí  que había estado en contacto con franceses, dirigía al-Azhar y cuando le preguntaron por alguien que pudiera ir con la primera misión de estudiantes, recomendó a at-Tahtawi.

El imán llega a París en 1826. Se queda cinco años, en los que estudia una especie de bachillerato, lee todo lo que pudo, y, sobre todo, observa. Al volver convence a Muhammad Ali de que cree una escuela de traductores. Él mismo se dedicará a la traducción sin descanso, convencido que que Egipto necesita todo el conocimiento europeo. Una de las cosas que ha aprendido es que en Egipto habían gobernado grandes faraones y que su país tenía una historia larga y rica que en el resto del mundo estudiaban, pero que nadie en Egipto conoce. Entra como traductor en las escuelas de Artillería Medicina (en esta acaba impartiendo clases de anatomía). No tiene límites, quiere saber de todo y escribir, para que los egipcios puedan aprender. Tras cuatro años semiproscrito en Sudán, vuelve, ya con Ismaíl  como jedive del Imperio otomano,  lo nombran asesor del Gobierno en materia de educación, En ese periodo hace que la imprenta estatal publique los clásicos árabes (como Ibn Jaldún).

Dice at-Tahtawi que el islam es compatible con la sociedad contemporánea. Cree que el sistema de gobierno ideal es una autocracia limitada por la sharíaa, la cual debe adaptarse a los tiempos, y entiende que debe haber separación de poderes, si bien piensa en algo más parecido a los estamentos medievales que a Montesquieu; los ulemas deben ser un contrapoder del rey y deben conocer los saberes modernos para poder adaptar las leyes. El asunto socava los cimientos del sistema porque implica reformar las instituciones educativas islámicas, empezando por al-Azhar, de donde él ha salido y que es (entonces y después) paradigma del inmovilismo. Propone una sociedad inspirada en los científicos (había trabajado unos años en los sistemas de irrigación del Nilo). Defiende la libertad individual de acción y de empresa y una justicia basada en la equidad y en la aplicación de leyes justas.

Impresionado por la sociedad europea, es partidario de una idea decimonónica del progreso (producción y acumulación de riquezas) motivado por el patriotismo, que es la base de las virtudes políticas; ese progreso requiere que los ciudadanos crean en las virtudes sociales y las practiquen; y a eso solo se llega por la educación, en la que hay que incorporar los nuevos conocimientos. El problema de las sociedades islámicas es que han perdido tales virtudes por culpa de gobernantes corruptos. Propugna una enseñanza primaria universal porque, afirma, una persona que sabe leer y escribir puede estudiar, aprender las innovaciones que atañan a su oficio y mejorar en él, no importa lo simple y humilde que sea. Además, el pueblo debe participar activamente en el proceso de gobierno, pero para eso debe estar educado. También cree que las mujeres deben educarse, porque una mujer está capacitada para trabajar, pero para eso necesita estudiar, y porque así educará mejor a sus hijos.

Anteayer, el portavoz de al-Azhar, dimitió de su cargo. Quería ir a la plaza at-Tahrir a manifestarse contra el régimen y por la libertad del pueblo egipcio, pero era su postura personal y no la de la institución, si bien quiso insistir en que el islam prohíbe toda forma de injusticia. Se llama Muhammad Rifaa at-Tahtawi y es descendiente de aquel imán que fue a París.

PS: El libro donde relata su experiencia en París es Tajlis al-Ibriz fi Taljis Bariz (versión en inglés: An imam in Paris) y aunque su prosa puede resultar un poco pesada para el gusto occidental, resulta casi tierno ver a ese hombre admirado porque todas las calles tengan alcantarillas o por los muebles y paredes pulcros y cuidados de las casas). 
Las transliteraciones de los nombres y otros términos árabes de esta entrada son una simplificación que busca la similitud fonética con el original al ser leídas con el valor fonético de las letras en español.

martes, 24 de agosto de 2010

Luna de Mogadiscio


Hoy el mundo está más o menos como ayer. Me encantaría ir a Mogadiscio, aunque solo fuera por pronunciar muchas veces en voz alta semejante topónimo. Pero no está la capital de Somalia como para ir de vacaciones. Allí vamos a esquilmar el mar, pero cuando se matan entre ellos (que no saben que su religión les prohíbe guerrear en el sagrado mes de ramadán) hacemos como que no nos enteramos. Hay que mirar esas fotos, quien pueda sin llorar ni encalabrinarse, para que luego las cosas no nos parezcan tan extrañas.


Pero yo quería poner algo bonito en mi blog, una vez al menos. Se me ocurrió ayer, mirando una luna llena de esas de finales de verano, blancas y serenas, sigilosas.

Quizá si en Somalia se hubieran quedado mirando la Luna... porque digo yo que tendrían la misma Luna que yo tenía en mi balcón. Esta de aquí.

viernes, 28 de mayo de 2010

Ciegos que no quieren ver


A mí se me han puesto los pelos de punta, pero confieso que no tanto al conocer la noticia como cuando he oído a una persona preguntar angustiada «¿dónde ha sido?» y, a continuación, exclamar aliviada «¡Ah, que susto!» al enterarse de que el atentado ha ocurrido en Paquistán y todos los muertos son paquistaníes.
Han sido más de ochenta personas muertas al instante, pero serán muchas más, porque unos tipos —defensores de que lo que ellos piensan es lo mejor (estúpido, pero soportable) y de que el resto del mundo debe pensar lo mismo— se han liado a tirar granadas en un recinto en el que había 1.500 personas dedicadas a sus creencias, sus aficiones y sus intereses sin molestar a nadie.

Ha sido en dos mezquitas en Lahore. Las víctimas son todas musulmanas (de la rama minoritaria ahmedi). Los atacantes también eran musulmanes (de la rama minoritaria talibán). Parece ser que en Pakistán ya han matado tres mil cuatrocientas personas, musulmanas todas. No está de más recordar de vez en cuando que la mayoría de las víctimas del terrorismo islamista (talibanes, al-Qaeda y franquicias diversas) son musulmanes; porque no nos entren paranoias y manías persecutorias, digo, y porque tengamos bien claro quiénes son los malos; y porque alguna vez sintamos algo de compasión por esas víctimas lejanas y algo de horror por el infierno que viven, aunque no lleguen hasta aquí sus gritos, aunque no sean de los nuestros.


sábado, 17 de abril de 2010

Noticias de Somalia


En Somalia han prohibido la música. Ha sido el grupo ash-Shabab, que controla por la fuerza, por el terror, e investidos de la autoridad que les confieren las armas y, según dicen, el mismísimo Dios; claro que eso, Dios solo se lo ha dicho a ellos. En las emisoras de radio contraladas por el Gobierno (¿el Gobierno?) no se aplica, pero sí para las que están bajo el ojo vigilante de ash-Shabab; en estas, para rellenar huecos usan sonidos de disparos y de coches, ambos, por lo visto, muy sagrados e islámicos, como todo buen musulmán sabe. Porque resulta que prohibir la música responde a un supuesto precepto islámico y al respeto coránico.

A mí me gustaría encontrarme con un miembro de ash-Shabab, Corán en mano, para que me mostrara la azora de donde ha extraído semejante majadería. NI siquiera es original, solo ha copiado lo que se hizo en Irán y en Afganistán, con fracaso absoluto (con la prohibición, la parabólicas empezaron a adornar las azoteas iraníes; en las casas, las teles estaban sintonizadas permanentemente con emisoras libanesas de vídeos musicales con muchachas hipermaquilladas que movían las caderas al ritmo machacón y simple de melodías orientales). Porque un enorme problema en muchos países de mayoría islámica es que sus ciudadanos-fieles no son capaces de leer y entender los textos fundacionales de su religión y, por lo tanto, de juzgar, analizar y discutir la manipulación que sus dirigentes les imponen, unas veces por interés y otras porque son tan ignorantes como aquellos a los que dirigen.

Pero, religiones aparte, el asunto es que los somalíes están sometidos a un régimen de terror, además de al hambre, la guerra y la miseria, circunstancias todas ellas que son de todo menos nuevas. A mí se me ocurre convocar a la solidaridad con los ciudadanos somalíes, pero con la fama que los precede, no va a tener mucho éxito; además, siendo como son negros, musulmanes, africanos y pobres, no creo que  nos importe si cantan y bailan, ni siquiera si les cortan el cuello. Para que un somalí aparezca en los periódicos europeos tiene que secuestrar un barco nuestro, que aquí tenemos cosas importantes de las que ocuparnos: aeropuertos cerrados, estatutos y partidos de fútbol; perspicaz, incisiva y moderna que es la prensa.

lunes, 8 de marzo de 2010

Los nuestros y los otros

Anoche hubo un terremoto en Turquía. No hemos mandado equipos de rescate que saquen niños que nos despierten las ganas de adoptar ni bomberos que conceden a una anciana los años que le correpondan y que la tectónicas de placas iba a arrebatarle. No se han abierto cuentas corrientes ni se han organizado maratones solidarios. Ningún artista se ha prestado para hacer un concierto ni se han acuñado camisetas que recen lemas solidarios.

Y eso que los turcos son europeos (al menos hasta Estambul), y que Turquía está más cerca que Haití y Chile. Pero no parece que este terremoto despierte actitudes solidarias y generosas. Los medios no retransmiten la última hora  (los periódicos dan la noticia de agencias) ni buscan turcos que vivan aquí (sea lo que sea aquí) para que nos expliquen cómo era su pueblo antes del desastre.

¡Ah! que las provincias a las que ha afectado están la parte asiática. ¡Ah! que no hablan francés ni inglés ni español! ¡Ah! que no rezan en iglesias! ¡Ah que no hay españoles/europeos viviendo en esos pueblos destruidos! Debe de ser la naturaleza humana lo que hace que nos preocupen más los nuestros que los otros. ¡Qué mala puta la naturaleza humana! O quizá sea porque el terremoto se ha producido al mismo tiempo que otros asuntos más importantes, como que nieva en Barcelona y se han repartido los Óscares, que es un asunto que atañe a los humanos mucho más que el sufrimiento de los turcos, como todo el mundo sabe.

lunes, 15 de febrero de 2010

Suspenso en historia

Vaya por delante, por si es necesario, que los talibanes me parecen unos hijos de puta; porque intentan imponer su visión del mundo y de la vida por la fuerza y, aunque no fueran por las buenas, porque su visión del mundo implica que una parte de la humanidad es inferior y merece menos derechos y menos dignidad; me refiero a las mujeres, y esto no tienen nada que ver con el feminismo, sino que se trata del más elemental rechazo de la discriminación de un grupo humano.

Estados Unidos, país en el que es posible que algunas personas opinen lo mismo que yo de los talibanes, lidera estos días el ataque definitivo en Afganistán, diz que para que los afganos puedan hacerse con el control de su país y un Gobierno civil gobierne su sociedad. Lo primero que he pensé es que tan brillante idea ha salido del mismo cerebro al que se le ocurrió tomar una foto de Llamazares para hacer el retrato robot de Bin Laden.

Si no lo he entendido mal, la cosa va de que avanzan con contundencia, convencen a la gente de que no apoye a los talibanes, que así quedan aislados por la población y diezmados por las fuerzas aliadas. El plan es inmejorable; la pregunta es por qué no lo han hecho antes. La respuesta, me temo, es que ya lo han intentado y nada de nada, los hijos de la madre de todos los integristas como el que oye llover, que ni se rinden ni nada.

Hay que ser muy tonto y muy ignorante para pensar que atacar por la fuerza una y otra vez a fanáticos islamistas va a dar algún resultado. Además, es necesario, para seguir adelante, que nadie se haya leído nada de historia del islam. El imbécil que lo ha planificado tampoco ha leído nada de historia reciente, porque Rusia lo intentó todo, pero claro que entonces Estados Unidos ayudaba a los talibanes; era su aliado, así que nadie mejor para conocer sus tácticas, sus estrategias, sus puntos débiles y sus más contundentes fuerzas, no todas ellas militares, por cierto.

De momento, las fuerzas aliadas se han cargado unos cuantos civiles y los talibanes les dan a los aliados sopas con honda a base de bombas caseras, contra la mayor potencia militar del mundo. Lo dicho, lo ha pensado un imbécil, y eso indigna mucho; o un Maquiavelo, y eso acojona.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Islam, islams

En Suiza han votado a favor de prohibir los alminares de las mezquitas.La medida es inteligente de cojones (digo por contraposicion a inteligente de cerebro): prohibir los alminares es la solución para acabar con el terrorismo islamista ¿Cómo no se le había ocurrido antes a nadie? Aquí algunos (que nunca fueron a Suiza de inmigrantes y no aguantaron el desprecio de los muy neutrales suizos, esos europeos que viven de tapar las vergonzosas fugas de capital de dictadores africanos y ricachones españoles) proponen hacer lo mismo ¿Y destruimos la Giralda o qué?

Shabana Chohdry es mujer, pakistaní y musulmana, y prefiere los valores de aquí para su hija; no se sabe si piensa eso por mujer, por pakistaní o por musulmana.

Hay otros musulmanes que prefieren definirse por una manera de ver la sociedad, la democrática , pero esos nunca salen en lo periódicos, ni en los de aquí ni en los de allá, salvo algún intento raro de contar cosas, importantes, que pasan, aunque no sean escandalosas.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Danzas, rezos e ignorancias

En las fiestas de la Mercè tienen lugar varias actividades relacionadas con Estambul, que me malicio que responden a un plan de marquéting de los actos como ciudad europea de la cultura en 2010, en el que Barcelona participa —en el plan, digo— a cambio de algún favor.

Una de las actividades es la actuación de derviches. No, no son jotas turcas, sino ceremonias de giro. Los giros forman parte —perdón por la simplificación— de técnicas con las que se busca la «disolución del yo», «la unión con el absoluto» la pérdida de la consciencia, en términos más físicos. Los derviches son sufíes, místicos musulmanes, en los que lo que domina es la ascesis, como en los místicos de cualquier religión. En la misma línea está la música qawwali, que ejecutó unos días antes un grupo (siento no recordar el nombre) paquistaní, en el que participan parientes del que fuera el mejor en esa disciplina, Nusrat Fateh Ali Khan.

Además de atender a la calidad musical de esas manifestaciones, me parece que es conveniente saber cuál es su origen, su finalidad, qué dicen y en qué piensan esas personas que están sobre el escenario. Por una parte, cierto respeto por las manifestaciones religiosas de los demás es bueno (y lo dice una atea confesa, militante y convencida de que la religión es el opio del pueblo, de muchos pueblos). Pero, además, se trata de evitar el ridículo de espectadores superenrollados bailando con aire de estar en la onda una canción cuya letra va repitiendo que Dios es grande. Vaya, como ponerse a bailar jotas al ritmo de gregoriano.

No es la primera vez; de hecho, es lo que ocurre casi siempre que se contrata algo árabo-musulmán. No se distingue bien entre los dos adjetivos de esa condición, no se entiende la lengua árabe (ni la persa ni la turco ni la amazig ni la urdu-hindi) y no se sabe casi nada del islam. Por supuesto que es el resultado del más inocente desconocimiento. Quizá quien decide que se veo eso y no otra cosa en un escenario debería pensar en explicar qué es lo que presenta; porque quiero pensar que quien toma la decisión (Ayuntamiento de Barcelona, pero podría ser cualquier otro) sabe de qué va el espectáculo, ¿no?

O quizá no. Basta echar un vistazo a la entrada derviche del diccionario de la RAE. Dice: «Entre los mahometanos, especie de monje». Después de la carcajada, me he puesto lívida, amoratada digo, de vergüenza ajena por la ignorancia y el poco rigor de quien haya escrito semejante definición.

La ignorancia es fantástica, porque es el primer paso para aprender. O lo que es lo mismo, ignorantes somos todos. Lo catastrófico es que no te importe serlo.