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domingo, 2 de octubre de 2011

Me siento ciudadano antes que mujer


Honor y gloria a Clara Campoamor y el resto de las mujeres que nos hicieron la vida un poco más fácil y mejor, también a lo hombres. Ochenta años después, a veces parece que fue anteayer. Gracias sufragistas.


domingo, 12 de junio de 2011

Indignidad consorte


Sin empacho ni dudas éticas, en el caso de Dominique Strauss-Kahn me salto la presunción de inocencia. El director del Fondo Monetario Internacional (no un mindundi con aspiraciones de delincuente al menudeo) salió corriendo del hotel, dejándose pertenencias y sin pagar, se fue directamente al aeropuerto e intento largarse lo antes posible y sin llamar la atención a un continente donde no lo fueran a perseguir por lo que quizá no hizo. Cuando lo trincaron, dijo que él no había hecho nada de nada; y al darse cuenta  de que lo habían pillado con el carrito del helado (el ADN y esas zarandajas que hacen bueno el refrán ese de que antes se coge a un mentiroso que a un cojo) rectificó y aseguró que hacer sí que había hecho pero porque le habían dejado y con gusto mutuo. Así que igual no hizo lo que dicen que hizo, pero tiene toda la pinta de que hizo eso y ha ido haciendo mucho más.



Así que lo juzgo y condeno: asqueroso, hipócrita, canalla, prepotente y una docena más de adjetivos que hacen que no me sorprenda su capacidad de entrar al juzgado con la cabeza alta y sin que los abucheos le hagan sentir ni vergüenza ni arrepentimiento. Pero quien me sorprende es su mujer. Esa que entra a su lado, cogida de su brazo, elegante y sobria, pero también un punto soberbia y arrogante. Sabe lo que sabemos todos y, seguro, mucho más y peor; y es, después de la trabajadora del hotel acosada, la  persona más humillada por DSK. Una mujer culta y formada, capaz de ganarse la vida, inteligente y bien situada; entonces, ¿por qué está ahí?  ¿A qué viene esa afección incondicional? ¿Cómo no le da asco cogerse de ese brazo? ¿Puede tener tanto que perder que le compense no conservar la más mínima dignidad? ¿Qué puede sacar de ese lodazal para hacer ese paseíllo sin morirse de vergüenza? 


PS. Varias semanas más tarde. Dicen que hay inconsistencias en el testimonio de la mujer que denunció a DSK; y que había mentido en otras ocasiones; y que está relacionada con traficantes de drogas que están en prisión. Todo eso no implicaría que no sea plausible que DSK la acosara. Si se trata de juzgar a partir de hechos anteriores, el fulano tiene también su historial de acosos. Y si las inconsistencias y las mentiras desacreditan, a ver hacia donde lleva que el fulano se escapara corriendo del hotel y que intentara no ser retenido invocando una inmunidad diplomática que no tenía; por no hablar de que dijo que no toco a nadie y luego que sí pero que fue consentido. Así que si es inocente de violación, que lo absuelvan, y yo reconozco mi error (como si tuviera alguna importancia lo que yo opine), pero no dejara de rodearlo la sospecha de que ante la justicia (sobre todo en EE. UU.) el poderoso siempre tiene ventaja.



Ahora dicen que en Francia lo esperan como agua de mayo. Si este individuo (con su historial de relación con las mujeres y con su ostentación y derroche), es la esperanza del socialismo francés, los franceses se merecen unos cuantos años más de Sarkozy.

sábado, 14 de mayo de 2011

Imágenes familiares



Estoy harta de oír frases que empiezan con un  «En esos países…» o «Esa gente…», que se refieren, intuyo porque nadie me lo explica bien y claro, a los árabes, o a los musulmanes, o a los que son ambas cosas. Cuando no sabes nada de los otros te fijas en lo que te parece diferente: que si esa religión tan machista (como si hubiera alguna religión que no lo fuera), que si ese idioma tan difícil (como si conjugar y usar el subjuntivo en castellano fuera fácil), que si las mujeres no pueden salir solas de casa, que si se visten raro, que si las calles están tan sucias y que si comen cosas extrañas.

Y luego resulta que hacen una revolución sin avisar, rápido y sin mucha sangre. Porque, al final, quieren lo de todos: un poco de libertad, alguna opción de ganarse la vida y cierta alegría de vez en cuando. Eso ha pasado en Túnez, donde una tarde cualquiera, a la salida de un instituto cualquiera, se ve y se oye la misma tontería adolescente de cualquier ciudad del mundo. Andan con el móvil, tontean los chicos con las chicas y viceversa, todos se visten igual y quieren una moto, y no ven el momento de volver a casa, donde les esperan para cenar un plato de acelgas, una ensalada de tomate y pepino y algo de pescado. Al menos en Sfax, un día cualquiera de abril.


domingo, 27 de marzo de 2011

Cerebros (lipo)succionados


Una tarde noche de viernes. Una pareja en la treintena. Él camina a zancadas largas un poco por delante  y va dice: “Corre, que llegamos tarde”. Ella, detrás, responde “pues yo no puedo ir más deprisa”, mientras camina con pasos cortos, casi a saltitos, en un equilibrio muy inestable que pone de manifiesto que la muchacha tiene unos tobillos y unas rodillas de acero.

Es una imagen común. Hombres con camisa o camiseta, vaqueros, chupa o americana, deportivas, todo normal y cómodo. A su lado, mujeres con zapatos de tacón altísimo, anticipo de inevitables juanetes; faldas que dificultan el paso, vestidos de tirantes en invierno, la uñas, la cara y el pelo denotan horas de la vida dedicadas a ser más algo que los demás; o en muchos casos, los ahorros o un crédito consagrados a poner trozos de carne que no tenía o a quitar otros que creía sobrantes.

Este vídeo (en Periodismo Humano) analiza el papel del cuerpo femenino en la televisión italiana. Me temo que la estupidez no esté tan limitada. Esa berlusconización de la mujer ha trascendido la televisión y las fronteras italianas. Da lo mismo si es un programa de humor, un concurso o una tertulia, y es igual si salen al cine y a comerse una hamburguesa o si se trata de una fiesta de famosos; el aspecto de las mujeres se parece cada vez más a esa estética de puticlub: que se marquen ojos felinos, que brillen los labios carnosos, que aparezca el borde de los senos por el escote, que el pelo se agite, que el culo quede respingón, que los muslos se marquen… y ellos con camiseta y zapatillas, tan cómodos.

PS: El asunto lo remata la diferente consideración de la edad en ellos y ellas; aunque encalabrina, de tan obvio que es, aburre.