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martes, 27 de marzo de 2012

Menos que pobres



Es difícil imaginar mayor pobreza que arañar la tierra con las manos para sacarle algo que comer. Y sin embargo, hay algún otro grado más de miseria: arañarla para coger la propia tierra.
En el norte del Chad, donde acaba la depresión de Mourdi, hay un pueblo llamado Demi. A 18° 45' 59,81" N, 21° 40' 0,02" E, según dice Google Earth, que no da señal de que haya casas ni gente allí. Pero hay de las dos cosas. Al llegar, nos rodean una cincuentena de personas entre mujeres y niños (ningún hombre). Intentan vender  lo que tienen, un imperdible, un aro metálico, poco más. No dicen nada. Una mujer tiene diarrea, otra estreñimiento, un niño parece afectado por la tiña, ninguno está bien alimentado. Están entre los que no se han contado para ningún censo porque no cuentan para nada.

Durante unos meses se desplazan a la salina de Teguedei se instalan entre las palmeras y sacan sal del lago. El resto del año vuelven a donde tienen sus casas, donde la tierra está mezclada con sal. La recogen con las manos. No sé quién, supongo que alguno de los hombres, de vez en cuando, va a algún sitio, no sé cómo, a vender esa tierra y con lo que le den debe de comprar grano y quizá algo de ropa. Eso y dátiles secos es lo que comerán. En Demi no se cultiva nada, no parece que haya ningún animal, no hay ninguna planta que de un fruto comestible; no hay tienda alguna ni servicios de ningún tipo. Del pozo sacan el agua salobre que beben.

Es sobrecogedor imaginar esas vidas. No llegan ni a pobres. Parece el lugar, el instante anterior a morir. Nacer en Demi es no tener ninguna opción de que haya un día mejor que los pasados ni capacidad alguna de elegir algo en tu vida —ni en tu muerte—  ni de ir a ningún sitio ni de cambiar nada. Da miedo ver en qué puede consistir la vida.


sábado, 10 de marzo de 2012

Agua: tener o no tener


Tienda-pozo en Unianga Kabir (Chad)
En los últimos días han salido publicadas declaraciones de los funcionarios de la ONU que afirman que entre 1990 y 2010, más de dos mil millones de personas obtuvieron acceso a fuentes mejoradas de agua potable, (suministro mediante tuberías o pozos protegidos), que a finales de 2010 el 89 % de la población mundial utilizaba fuentes mejoradas de agua potable y que en 2015 ese porcentaje sea el 92 %. Y yo no me lo creo. No sé a qué viene la propaganda de los funcionarios de la ONU (o si lo sé) pero para dar esa cifra (89 %, no 87 ni 90) hay que tener datos muy fiables y eso requeriría un muestreo que dudo que hayan hecho. Claro que dan ejemplos de Namibia, cuya población es de poco más de dos millones de habitantes, según datos recientes, cifra que contrasta con los más de once millones del Chad, según dice un censo de 2009 que vaya usted a saber cómo se elaboró.

Pozo Bechiké (Chad)
En Chad, solo un ejemplo si bien representativo de muchos países de África la situación es muy parecida, apenas hay carreteras, buena parte de la población es nómada o trashumante y las estructuras políticas y administrativas del país no están para censos, y menos para saber cuánta gente no bebe agua en condiciones. Pero a poco que des un par de vueltas por el país es evidente que no hay tuberías ni pozos protegidos ni control de calidad del agua. El milagro es tener agua; de hecho, la vida gira en torno a los pozos; eso significa que se planta la vivienda cerca de alguno o se camina en busca del siguiente.
Asentamiento estable en una fuente del uadi Bechiké

Otra información (de Médicos sin Fronteras y que, probablemente, adolece del mismo escaso rigor en la recolección de datos) es que la primera causa de muerte en el mundo son las infecciones gastrointestinales, cuya casusa es el consumo de agua no potable. Sé que soy arbitraria (y demagoga y exagerada) pero este dato sí me lo creo; será porque lo he visto. Lo he vistió en Chad, y en el Congo y en Ghana y en Yemen y en Mauritania, y en Burkina Faso y… Se bebe el agua que se tiene a mano, y los animales, si tienen la suerte de tenerlos, beben cerca. La ropa se lava en el mismo sitio. Las personas se bañan. Los excrementos también van allí. Y el mismo entrante del río sirve para coger el agua con la que se riegan los cultivos, si se tiene la suerte de tenerlos.
Preparando el viaje en el pozo Bechiké (Chad)

Tener o no tener acceso a agua es la diferencia entre la vida y la muerte para muchas personas. Yo no sé cuántas, pero sí sé que nadie lo sabe. No están en ningún censo. No hay un registro en los pozos por los que pasan. No se apuntan los niños que nacen al lado de los camellos ni las mujeres que mueren de parto; nadie más que su marido y sus hijos se enteran de que han muerto. Nadie ha escrito el nombre de esas dos niñas que llenaban las yerbas, que ahora suelen hacer de cámaras de neumáticos en vez de pellejos de cabra. Todas esas personas que viven en el desierto, o en las selvas o en el sahel, que no piden ni apenas consumen, no se cuentan; porque no cuentan para nada.


lunes, 17 de octubre de 2011

El hambre de los pobres


Una de las pancartas de la manifestación del 15-O en Barcelona decía "Todo que ganar. Nada que perder". Y no es cierto. Al acabar fui atravesando el centro de la ciudad y era casi más difícil atravesar las calles comerciales que la manifestación. Masas encandiladas en las tiendas, jóvenes, sobre todo, comprando cosas que no necesitan a un precio muy superior a su valor; y ya Machado dijo lo que había que decir de quien confunde ambas cosas.

Aún tenemos mucho más que perder.  El mapa de los lugares donde hubo manifestaciones ayer lo ilustra. Parece ser que fueron 951 ciudades en 82 países. Ahí, donde no hay puntos rojos (África y Asia, sobre todo) es donde tienen mucho más que ganar que que perder; porque para perder tienen poco, ni la vida, que se les escapa cada segundo. No es que pasen hambre; es que el hambre es su vida (mil millones de personas se van a dormir todos los días con hambre). Hace tiempo que no vivimos de otra cosa más que del hambre de los pobres, solo que los pobres ahora somos nosotros. ¿O no? Cuando el mundo estaba a nuestros pies el sistema no nos parecía tan malo, y no queríamos enterarnos de que vivíamos del hambre de los pobres, y así seguimos. Pero la culpa siempre es de los demás, nunca de nuestra codicia. 
Bien está manifestarse, pero hemos salido tarde. Teníamos que habernos echado a la calle cuando todavía atábamos los perros con longanizas, y no cuando nos hemos comido la longaniza, los perros están muertos o vagan sin saber a dónde ir y la cuerda ya solo sirve para ahorcarse. 
PS: No me gustan lemas como "que no nos representan" (a ti quizá no, pero a otras personas, sí) ni ideas como esa de que "los políticos no sirven para nada y tendrían que irse todos a su casa". Eso ya lo hemos vivido y era bastante peor. Cuidado con lo que pedimos.


sábado, 9 de julio de 2011

Indignidad, sin más


Para los habitantes de los países sudamericanos, y muchos africanos y asiáticos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) resulta una de las instituciones más crueles y déspotas que el Primer Mundo haya inventado; porque, junto con el Banco Mundial, se dedica a empobrecer a la gente para reflotar la economía de los países. Dicen que una vez se le ocurrió a alguien en el FMI proponer que se repartiera la riqueza en un Estado en bancarrota; sus compañeros llamaron a una ambulancia y, de vez en cuando, alguien lo visita en el hospital psiquiátrico donde lo internaron.  
Chirstine Lagarde pasa a ejercer el lugar de una persona inmoral (DSK) para intentar darle un aire ético a la institución y al cargo. Parece ser que es un esfuerzo tremendo comprometerse a cumplir con “los más altos estándares de conducta ética”, así que por ese concepto, le suben el suelo el 11 %, y se pone en un sueldo de 323.234 € anuales (iba a escribir «unos 300.000» pero me he dado cuenta de que con el pico hay mucha gente que vive, e incluso bien).
Me temo que la ética según el FMI consista en que Lagarde no puede retozar con un mulato macizorro en una playa tropical. No importa porque, amén de otros complementos, por si no le llega para las necesidades del cargo, le dan unos 5.000 € para gastos (se te hace una carrera en las medias antes de entrar a una reunión y te compras unas en los chinos, has olvidado recargar el del móvil y le pones 5 € en un cíber…); pues con ese suplemento puede contratar a quien sea, pero que sea de postín, profesional y muy discreto; nada de levantarle la falda ni bajarle los pantalones por los pasillos a un empleado de hotel, encima inmigrante. Y alto estándar ético cumplido. Porque hay otras maneras de joder a un africano (al continente entero, de hecho), y el FMI las conoce todas y bien. Está pasando, ahora mismo.
Es más que probable que en el FMI la ética no tenga nada que ver con vivir con cierta austeridad y tener algo de empatía con los condenados de la Tierra. El FMI se ocupa, entre otras cosas de reequilibrar la economía de los países y echar una mano en situaciones críticas (resumen de la verborrea de la página oficial), pero lo que se gastan en funcionamiento interno no está para echar una mano. El cuerno de África vuelve a pasar por una situación de hambruna y los campos de refugiados se desbordan de miseria y necesidad, justo ahora que por aquí arriba tampoco nos va nada bien y puestos a recortar, lo primero son los de casa y la caridad, si eso ya la atenderemos con lo que nos sobre.
Sí, todo es muy obvio; y quizá me ha quedado demagógico, ¿y qué? La rabia y el dolor me impiden razonar bien.

martes, 4 de enero de 2011

Hostias y vino, brochetas y birra



En las pasadas fiestas, tan entrañables ellas, me tragué una misa completa: con su introducción, su evangelio, su homilía, su eucaristía, su paso de la bandeja y su todo. Y va y me toca la celebración de la familia. Un señor vestido con una casulla blanca daba voces diciendo no sé qué sobre la familia tal como ha de ser; y luego algo de que hay que dar testimonio de la fe en Cristo. Luego se comió una hostia Y se bebió un vino.

Yo no hacía más que acordarme de estas familias entrevistas en Níger y de ese grupo del feisbuc que se llama Cambio tesoros del Vaticano por comida para África. Efectivamente, ellos no se dejan arrastrar por el mundo, van a la suya, incorruptiblemente fieles a su familia. Y sin embargo, tengo que dejar constancia de sacerdotes que no hablan de Dios si no les preguntas.

Josep Frigola vive en Niamey. Entre Burkina Faso y Níger, lleva cuarenta años en África. Habla un catalán ampurdanés con calma africana y cierta sorna. No se inmuta ante una declaración de ateísmo e incluso podría parecer que asiente cuando se despotrica contra las jerarquías católicas. Guarda la contundencia para hablar de educación. Menciona a Paulo Freire, de la necesidad de alfabetizar en la lenguas maternas además de en una lengua de alcance internacional y del derecho de todo el mundo a cierta educación básica, que no consista solo en leer y escribir, sino que debe, dice, despertar el juicio y el espíritu crítico.

A las escuelas que él coordina van alumnos entre 15 y 45 años. Acuden, si quiere, durante seis años; luego, si tienen aptitudes se facilita que sigan estudiando. Deben aportar algo de dinero (500 CFA/mes, algo menos de lo que vale una birra nigerina). Se inscriben unas 3000 personas cada año; de ellas, alrededor del 75% pasa al año siguiente, y otro 70% al tercer año. Por cierto, los maestros son musulmanes, formados para enseñar con rigor y exigencia, pero deben conocer a los alumnos, sus familias, sus costumbres, su religión, sus problemas, tener la confianza de la comunidad en la que trabajan y trabajar para ella, no para conquistarla. Josep no se plantea otra cosa. Dice, cuando se le pregunta mucho, que lo que hace da testimonio de su fe; no necesita sacarla a pasear con alharacas. Vamos acabándonos la birra y las brochetas en el restaurante de la Piscine Olimpique (es el nombre, no la descripción) de Niamey. Al salir hay un tenderete con libros de segunda mano a cuyo propietario conoce Josep desde hace tiempo; debe de ser su mejor cliente. Dice que de la pobreza solo se sale con educación y que la limosnas no llevan a ningún sitio. A él le han recortado los fondos. ¡Lástima de tesoros del Vaticano y de gasolina para el papamóvil!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Lecciones africanas


Uno de los wikilieaks del día es que el presidente de Sudán escondió en bancos británicos 6.800 millones de euros. Parece ser que en muchos países africanos hay corrupción.  ¡Vaya! por fin hemos dado con uno de los mayores impedimentos para que los africanos vivan con dignidad y sin hambre. El otro es la codicia y la falta de escrúpulos del llamado primer mundo, o sea, nosotros. Para que el presidente de Sudán tenga esa pasta en bancos británicos necesita colaboradores, como los bancos que no le hacen ascos a su dinero. Entre ellos está el Lloyds, cuyo rescate han pagado los ciudadanos a escote. Igual el tiparraco este pone algo para agradecer los servicios prestados por Europa, porque esa pasta no se la hace un africano si no cuenta, no solo con la aquiescencia, sino con la participación activa de empresas y gobiernos europeos. Luego nos reímos de ellos y decimos que están en párvulos de democracia, porque al día siguiente de laselecciones, hay golpe de Estado y vuelve al poder el presidente que había. Con el consiguiente lío, fíjate, otra vez a localizar la capital de Costa de Marfil.

Nunca se sabe si los buenos eran los depuestos o los golpistas. En Níger hubo un golpe de Estado en febrero de este año. Que si el anterior quería perpetuarse en el poder, que si había cambiado las estructuras políticas contra la Constitución...  como si a los nigerinos les importara la Constitución (alrededor del 80% de analfabetismo, puesto 161 en el Índice de Desarrollo Humano). Dicen por Niamey que el presidente depuesto era nacionalista, que quería recortar los privilegios de Francia en la explotación del uranio y darle más bola a China (cuando nos demos cuenta, toda África será China). También dicen que el golpista, en realidad, tiene la muy buena intención de modernizar el país e ir modificando costumbres y comportamientos tradicionales que tanto lastran su desarrollo. Con lo que sabemos (con lo que sé) de Níger es imposible hacerse una opinión.
Hay algún indicio en Niamey de que la corrupción también allí es un problema, y extendido.  Si no fuera así, no se le habría ocurrido a alguien poner unos carteles gigantes y muy didácticos; ya hace tiempo, habida cuenta de su estado actual. No sé cuántas personas, de las que sabían leerlo, prestaron suficiente atención al cartel de marras para partirse la caja al llegar a la última consecuencia anunciada: «Retirada de los inversores extranjeros»; esos que nada tienen que ver con la corrupción. No me consta que en las ciudades españolas vayan a poner unos carteles como este, a pesar de que aquí contamos con la ventaja de saber leer. 

domingo, 14 de noviembre de 2010

Berlanguiana (in memóriam)


Con un par y sin rubor. El alcalde de Barcelona ha anunciado que vamos a gastarnos 2,2 millones de euros en la iluminación navideña. Navideña, o lo que sea, porque van a ser 36 días, que si se empeñan un poco les sirven las bombillas para marcar las estaciones del Vía Crucis. Dicen que la iluminación incentiva el consumo; suponiendo que eso sea bueno, a saber quién y cómo ha llegado a esa conclusión; son capaces de haber encargado un estudio de esos (¿Si cuando sale a por una barra de pan hay tres bombillas más y le cantan el tamborilero por megafonía se compra un abrigo y un robot de cocina?).

Lo del Ayuntamiento de este pueblo (Barcelona cada vez es más pueblo y menos ciudad) es de una banalidad y de un mercantilismo insoportable. Ese alcalde con tono y maneras de pijo, sin ideas ni ideología, con delirios de grandeza y de posteridad, sin cultura ni visión de futuro, que más parece estar a sueldo de cadenas hoteleras y empresas distribuidoras de energía que del erario está destrozando (con la inestimable colaboración de una Generalitat provinciana y populista) la fama y, lo que es peor, la sustancia, cosmopolita y culta de esta ciudad.

Así que se le ha ocurrido que hay que poner muchas luces para atraer turistas (los extranjeros, por lo visto, para decidir su destino de vacaciones consultan la distribución mundial de lux). ¿Pero dónde va a meterlos? Andar por el centro de esta ciudad ya es un continuo sortear grupos de borrachas y horteras guiris consagradas por una noche a las más vulgares y ordinarias despedidas de soltera (vista la celebración no quiero imaginarme el resto de sus vida ya casadas), y mozos bebiendo y voceando por la ciudad de tal manera que hacen que aquellas fiestas de quintos de la España profunda fueran recepciones versallescas.

Quizá el insigne Hereu (hereu indigne) ha pensado en ponerles lamparitas en la mesilla de noche a los muchos indigentes que andan por la ciudad. Cada vez hay más (la crisis, dicen); en las zonas más cool de la ciudad, solitarios o en grupo, a las puertas de centros culturales y en el portal contiguo a un restaurante de moda. Tal como está la ciudad de Plácidos, es una lástima que al Ayuntamiento no le haya dado por sentar pobres a la mesa navideña, que este año tenía donde elegir y no se los acababa. Y en vez de eso, ¡hala luces! Ya ni dormir tranquilo en la calle lo dejan a uno, que diría Pepe Isbert en una de Berlanga.

lunes, 18 de octubre de 2010

Mujeres importantes



Parece ser que hay once mujeres chinas muy ricas. Supongo que la noticia tiene cierta relevancia macroeconómica, aunque no sé si porque hay muchas mujeres chinas ricas o porque hay solo algunas mujeres chinas que son ricas pero estén entre las más ricas del mundo. Yo, que sigo analizando la cuestión de la riqueza y su reparto con un sesgo ligeramente proletario, deduzco que hay once mujeres chinas especuladoras o explotadoras (o ambas cosas), porque creo que nadie se hace muy rico trabajando. Quizá haya algún ejemplo de eso que llaman hombres hechos a a sí mismos, que de la nada y solo con el esfuerzo personal han llegado a la riqueza, el reconocimiento social y, quizá, hasta la educación y la cultura. Tal vez haya algunos que han tenido mucha suerte —es decir, que han pegado un pelotazo—, y es posible que algunos de ellos, consciente de lo inmerecido de su posición, crean que deben devolver algo a la sociedad e intentar equilibrar la injusticia de un mundo que pasa de la gran sequía a la gran remojá en cuestión de kilómetros, sin ir más lejos, en los catorce que separan África de Europa.

El caso es que hay mujeres con más pasta de la que podrán gastarse en toda su vida. Alguien elabora una lista y publican en los medios de comunicación de todo el mundo nombres y apellidos, y dedicación principal (habrá que ver cómo cuantifican y suman, porque la gente muy rica, por definición y por codicia, dicen bastante menos de lo que hay y ocultan lejos  de todo lo que se parezca a un inspector de hacienda bastante más de lo que enseñan). Ya me imagino que le da igual al redactor, a quien ha preparado la lista y a las señoras, pero quiero decir que a mí esas mujeres no me importan nada.

Lo que me gustaría saber es quiénes son las más pobres. ¿Es que no van a buscarlas? ¿Nadie va a decir dónde están, cómo se llaman y a qué se dedican? ¿O es que son tantas que  no saben por dónde empezar los hacedores de listas? Una sugerencia: pueden darse una vuelta por África; tienen para no parar de escribir el nombre de las mujeres más pobres del mundo, es decir, de mujeres importantes. Si serán importantes que veneramos la tierra que pisan y, sobre todo, lo que hay debajo. 

PS: Los chinos se han apuntado a hacerse los amos de África, por varias vías. La primera es hacerse con las contratas de las infraestructuras (supongo que a cambio de cuantiosos sobornos, costes ínfimos y rendimientos inauditos). La segunda es la de los pequeños negocios y la presencia creciente pero paulatina. Se comportan como en Europa: integración nula y nada de reivindicaciones ni de hacerse visibles. 
Hay que reconocerles que montar un todo a cien en África, 
donde todo es a uno, tiene su mérito.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Endelea


Magda tiene  algo más de 40 años, ya es abuela y tiene sida. La ha repudiado su marido, su familia no quiere saber nada de ella y sus vecinos la desprecian. Tiene cinco hijos, sanos, y, como si no se le agotaran las fuerzas, ha acogido otro chaval, este sí con VIH, hijo de un primo que murió de sida. Magda dice que no se avergüenza de haberse contagiado curándole las heridas a ese primo y que no tiene que ocultar que ayudó a un enfermo, cuando nadie los ayudaba ni les explicaba cómo protegerse del virus. ¡Ah!, un detalle, Magda es africana. Vive en una zona rural próxima a Moshi. Es afortunada, en Tanzania, les dan los fármacos, solo que hay que ir al hospital. Para eso, Magda tiene que pagar una bici-taxi hasta la parada del autobús, luego el autobús y luego la visita en el hospital, para ella y para su sobrino, que con menos de 14 años ha aprendido a guardar bien su cepillo de dientes para que sus primos no lo usen y no corran el riesgo de contagiarse. Magda también tiene que alimentar, vestir y escolarizar a sus hijos, porque sabe que si hay alguna esperanza para ellos, probablemente pase por el colegio.

Magda ha tenido fuerza para organizarse una pequeña empresa. Hace ladrillos de adobe. En su afán de no darse por vencida, busca empresas y particulares que necesiten sus ladrillos, para poder dar trabajo a cuatro personas que la ayudan a hacer ladrillos. Ahora ha comprado cuatro cerdos. Los compra gorrinos, los engorda y los vende. Un negocio con riesgos y no muy relajado. Pero a Magda no se le ocurre buscar caminos rápidos y fáciles de vivir. Para todo eso tenía fuerza y solo ha necesitado un microcrédito que le ha prestado el proyecto Endelea (‘continuar’) que ha puesto en pie  Tierra de Amani. Magda, además de salir adelante, es un ejemplo para otras mujeres de la zona de Moshi, donde trabaja esta oenegé. Unas comercian con telas, otras intentan organizar pequeños comercios en sus pueblos, pero lo primero que tiene que hacer todas es superar la depresión y la angustia. Son africanas, mujeres y enfermas de sida; es difícil acumular más estigmas. En la pequeña oficina de Tierra de Amani, dos trabajadores sociales tanzanos, Shuma y Violet, les sugieren ideas para posibles negocios, las asesoran para desarrollarlas y usar los microcréditos y, sobre todo, las ayudan a tejer una red social, entre ellas y con personas valientes que se atreven a no condenarlas.

Además de estar dándoles la vida a esas  mujeres y sus familias. Tierra de Amani es la fuente de financiación del Kili Centre. ¡otro milagro! Más de cien niños salvados de las calles. Unos viven en el centro, otros vuelven a sus casas a dormir; todos comen, se lavan, van a la escuela, aprenden a responsabilizarse de tareas, a respetar a los demás, a comer de manera equilibrada y a protegerse de la malaria, han dejado de sufrir palizas o abusos sexuales y han vuelto a encontrar palabras amables, atención e, incluso, algún abrazo. Han aprendido que son inteligentes,que pueden estudiar, decidir qué quieren ser e intentarlo. Ninguno tenía nada de eso antes de llegar al Kili Center, algunos no recordaban haber dormido nunca bajo techo y la mayoría estaban condenados a acabar sus días esnifando pegamento.

El mundo tiene caras muy feas, sí. Y también vidas ejemplares, como la de Magda, y como la de la gente que puso en pie Tierra de Amani porque decidió que le debía algo a las personas a las que les toca sufrir siempre y mucho. Solo que podemos evitarlo. El proyecto Endelea y el Kili Center son una oportunidad que nos regalan para hacer algo. Les hace falta dinero, claro,  y conociendo la vida de Magda, a ver quién dice que no le sobra para colaborar (una de esas tardes de salir al cine y a cenar nos cuesta…). No os lo gastéis todo; pronto os contaré unas vidas ejemplares que enlazan Níger con Terrassa. Se empieza con una mujer, se sigue con una familia y acabas haciendo un mundo justo. Es el peligro decidir que le vas a dar a una persona la oportunidad que nunca tuvo de salir adelante, porque sí y porque quieres.

PS: Para perezosos y ajetreados que no quieran buscar más, la cuenta corriente es Unicaja 2103-2100-60-0030000315.

lunes, 8 de marzo de 2010

Los nuestros y los otros

Anoche hubo un terremoto en Turquía. No hemos mandado equipos de rescate que saquen niños que nos despierten las ganas de adoptar ni bomberos que conceden a una anciana los años que le correpondan y que la tectónicas de placas iba a arrebatarle. No se han abierto cuentas corrientes ni se han organizado maratones solidarios. Ningún artista se ha prestado para hacer un concierto ni se han acuñado camisetas que recen lemas solidarios.

Y eso que los turcos son europeos (al menos hasta Estambul), y que Turquía está más cerca que Haití y Chile. Pero no parece que este terremoto despierte actitudes solidarias y generosas. Los medios no retransmiten la última hora  (los periódicos dan la noticia de agencias) ni buscan turcos que vivan aquí (sea lo que sea aquí) para que nos expliquen cómo era su pueblo antes del desastre.

¡Ah! que las provincias a las que ha afectado están la parte asiática. ¡Ah! que no hablan francés ni inglés ni español! ¡Ah! que no rezan en iglesias! ¡Ah que no hay españoles/europeos viviendo en esos pueblos destruidos! Debe de ser la naturaleza humana lo que hace que nos preocupen más los nuestros que los otros. ¡Qué mala puta la naturaleza humana! O quizá sea porque el terremoto se ha producido al mismo tiempo que otros asuntos más importantes, como que nieva en Barcelona y se han repartido los Óscares, que es un asunto que atañe a los humanos mucho más que el sufrimiento de los turcos, como todo el mundo sabe.

domingo, 17 de enero de 2010

De menú, compasión

La noticias —y las imágenes— de Haití son desoladoras. Las heridas, el hambre entre los escombros, niños vagando, solos para siempre, por la calle, el dolor, gente que busca a otra gente que ya no está, aquel bombero de Valladolid que ha encontrado un pequeño bajo las ruinas de una casa; todo eso, que hace exclamar al más insensible algunas palabras que expresen compasión, provoca que mucha gente ayude con algo de dinero y que los Estados y los Gobiernos de buena parte del mundo manden ayuda hospitales de campaña, comida, medicinas y se comprometan a echar una mano en la reconstrucción del país. La tercera pata de todo eso es que todos los medios de comunicación han mandado corresponsales a la tragedia (no a Haití, sino a la tragedia) para que nos informen a todas a horas y todos ellos de lo mismo: que es una tragedia.

Pero en Haití ya había una tragedia el día anterior al terremoto, y el mes anterior y el año pasado; y durante casi toda su existencia. La primera frase de todos los periodistas que hablan del terremoto es un inciso: «Haití, que es el país más pobre del mundo». En el IDH (índice de desarrollo humano), tienen peor nota muchos países africanos y el desalmado Yemen anda a la par, pero es cierto que Haití anda por la zona del indicador por la que cabalgan casi todos los jinetes del Apocalipsis y algún otro que cuando se escribió el libro aún no había aprendido a cabalgar.

La esperanza de vida de Haití es (o era) de 52,4 años, la tasa de mortalidad infantil del 57 ‰, la de menores de cinco año ronda el 76 ‰, la escolarización, el 50 %. Durante el año 2000, el sida fue la primera causa de muerte (en el 22,7 % de los muertos de entre 25 y 44 año), la segunda fueron las infecciones gastrointestinales, es decir, la falta de agua potable, y la tuberculosis da a diestro y siniestro.

Y todo eso no merecía titulares ni movilizaciones generales ni envíos masivos de ayuda ni solidaridad ni ojos atentos a los telediarios, entre otras cosas porque hacía mucho que no se hablaba de Haití en los telediarios (medios, en general). Parece que si no hay sangre, heridas abiertas, personas agonizantes entre los escombros, posibilidad de rescates heroicos y cifras grandes todas de vez, el estremecimiento mundial es menor.  Morirse poco a poco, de pobreza crónica, de abandono endémico, de miseria absoluta, de explotación de siglos, de tercermundismo, no está en el menú de la compasión, eso es de carta y ya hay que elegirlo y es más costoso. De justicia ni hablamos; solo la tenemos en los restaurantes de ricos.

Estados Unidos dice que va a hacerse cargo del país mientras sea necesario; con qué facilidad se inventan nuevas formas de colonialismo; seguro que hay buena voluntad, y seguro que alguien que ya tiene mucha pasta va a hacer un buen negocio. Un predicador evangelista —en realidad un hijo de puta con la maldad incrustada en los tuétanos— ha dicho que el pueblo de Haití se merecía el terremoto porque pacto con el diablo para conseguir la independencia. De lo que no dice nada es de con quién pactaron los estadounidenses que ocuparon el país entre 1915 y 1934 (por no ir más atrás), y luego los dictadores de la familia Duvalier y Aristide, y todos los asesinos y ladrones que han pasado por Haití.

No es que la desgracia siempre golpee a los más pobres; es que los más pobres tienen menos medios para combatir la pobreza y viven en los peores sitios, y ante la desgracia no tienen manera de atender las emergencias y encontrar soluciones. Es decir, que los desastres no tienen nada que ver con la providencia (la gobiernen Dios y el diablo, o la circulación general atmosférica y la tectónica de placas). La auténtica desgracia es la codicia que provoca pobreza; ante eso, el desastre es tan inmenso que solo cabe la desesperanza, a pesar de los bomberos, la compasión y los periodistas que hoy se ocupan de Haití.

PS1: Los optimistas que crean que esta es una oportunidad para ayudar al país a salir de la miseria y que puede haber una solución, etc. que se apunten en la agenda de 2015, por ejemplo, pensar unos minutos en Haití e informarse de cómo está el país y cuántos correponsales hablan de sus muertos sin sangre y sus miserias sin escombros.

PS2: Es posible que países como Burkina Faso, Somalia, Eritrea, Yemen, Blangladesh, etc. pongan a rezar a todos sus ciudadanos para tener un seísmo de más de 8 en la escala Richter. Caerán unos cuantos, pero les llovera la piedad y la ayuda internacional para la reconstrucción, que tanto y desde hace tanto tiempo necesitan.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

El olvido mata


Médicos sin fronteras lanzan una campaña cuyo lema es demoledor: «Enfermedad del olvido. La padecemos aquí, la sufren allí», y nos enseñan un mapa desgarrador, aunque no sorprendente. ¿Dónde están los enfermos olvidados? ¿Por (no tener) qué ridícula cantidad de dinero muere alguien?

Aquí nos sobra todo. Pues con una ínfima parte de lo que nos sobre, y sin movernos de casa, hay gente que puede vivir
  

domingo, 22 de noviembre de 2009

Somalia, África

«Al no disponer de uniformes suficientes, las fuerzas que apoyan al Gobierno de transición de Somalia utilizan otros signos para reconocerse en combate; en este caso, gorras con el escudo del Chelsea». Lo cuenta un estupendo reportaje que parece hoy en el Magazine de La Vanguardia. También cuenta que la marina de ese ¿país? no tiene barcos porque se los robaron.

En Somalia se sucede una guerra civil desde hace dieciocho años (la de aquí duró tres años y todavía nos duele). Un millón y medio de personas desplazadas. Los muertos no los cuentan. Un ¿Gobierno? amenazado por al-Shabab (franquicia de al-Qaeda, cuyo nombre significa Los muchachos) y también por Hizbulá. Todos los días son atacados hospitales, escuelas y el centro de las ciudades importantes. La mortalidad infantil es del 116,3 ‰. La esperanza de vida, 48,2 años. El analfabetismo, del 50,3 % en hombres y 74,4 % en mujeres. Hay más datos, fáciles de encontrar en Internet. Ya se sabe que el mundo es pequeño y podemos conocerlo entero sin levantarnos de la silla; si quisiéramos conocerlo, claro. Si quisiéramos saber que los somalíes son pobres, muy pobres, y sin esperanza de dejar de serlo y, a pesar de todo, morir y matar por nada, y sufrir.

El almirante jefe somalí dice que con el 10% del dinero que la comunidad internacional da a la fuerza multinacional pueden acabar con los piratas, mejor que esos buques internacionales que nada saben de los somalíes. Quizá sí, o a lo mejor no. Nos da lo mismo, porque lo único que nos interesa de Somalia —mientras no descubramos petróleo, diamantes, coltam o cosas parecidas— es que cría piratas; que nos atacan y nos humillan.

Y yo me muero de ganas de ver sus desiertos y sus manglares, y el verde del Índico en el golfo de Adén; y de leer, mejor aún, oír la poesía oral que siempre se ha cultivado; y de observar sus barcas de pesca, y saber si sus marineros van al atún y cómo; y de saber algo más del tormento de muchas de sus mujeres, sometidas al castigo y la vejación; y sobre los jóvenes reclutados y entrenados en campos militares de Kenia para luego devolverlos a su país a luchar en alguno de los bandos, no importa mucho en cuál. Los atunes somalíes me interesan menos.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Hombres infames

El corolario de Nombres ilustres es que otorgar indulgencia plenaria para las corruptelas ajenas (grandes o pequeñas, no es posible ser bastante honrado o corromperse un poco) es un síntoma —preocupante— de por qué lado de la conciencia andamos. Ese no me parece grave lo que hace Fulano es un yo haría lo mismo; y lo mismo es la corruptela, el engaño, el saltarse la norma y estar dispuesto a quedarse con lo que no nos pertenece, o con lo que no nos toca, o un apaño en la declaración de la renta, o una factura sin IVA, o colarnos en una cola; todas esas menudencias de los que decimos que, total, no hacen daño a nadie. Y sí, sí hacen, porque hay perjudicados directos y porque caer en la indignidad nos priva de todo derecho a reclamar que otros rindan cuentas por la suya. La diferencia entre el que afana mucho y el que solo engaña un poco suele ser de oportunidad. ¿O es que alguien de los de poco ha previsto cuál será la línea que no cruzará, cuando poco pasará a ser mucho? No, no es cuestión de cantidad.

Claro que se trata de millets, bartomeus y prenafetas; y también del primo de uno que conocemos de la oficina. Pero la verdadera tragedia de esa manera de hacer y ver la cosas está en aquellos Estados donde casi se convierte en la Constitución. Ocurre en muchos países africanos. El presidente es un sátrapa de primera magnitud, los ministros se llevan prebendas de empresas extranjeras y por sus manos pasa la ayuda internacional, los funcionarios provinciales algo reciben, el policía de calle saca lo que puede, el tipo de la aduana se hace con un poco de aquí y un poco de allá, y uno que anda por la calle y conoce al del puesto de policía, en cuanto tiene una oportunidad le pide a uno que tiene una tienda la mordida de rigor para no chivarse de nosequé o protegerlo de algo porque tiene un primo que conoce a alguien. Por supuesto, al final hay millones de personas que no tienen ninguna posibilidad de guindar nada de ningún sitio, sino que son, siempre los guindados.

El resultado es que la riqueza del país, poca o mucha, y las ayudas internacionales, rinden una ínfima parte de lo que podría. Solo así se entiende que en países como el Congo (ambos Congos) o Camerún, donde la naturaleza, por sí sola, proporciona riquezas extraordinarias, la pobreza —la miseria, para ser precisos— sea general, crónica y casi irremediable. Y es irremediable porque la consecuencia peor de ese estado de las cosas es la miseria moral. Parece ser que la naturaleza humana (la parte más natural de nosotros mismos) nos lleva a poder prescindir con bastante facilidad de la ética y a aprovecharnos de los demás sin mucho dolor ontológico. Para eso se inventaron las religiones, para instaurar normas morales que hieran posible la convivencia (bien es cierto que se cumplen so pena de infierno y dioses justicieros). Luego se inventaron las leyes, que imponen normas éticas , esta vez so pena de azotes, muerte, cárcel, etc., según la época, la zona del mundo y el régimen político. El escollo último siempre son los más poderosos. En el caso de los gobernantes africanos, solo los países europeos, que los ponen y quitan, apoyan o desprecian, subvencionan o constriñen, pueden no solo sancionar su conducta sino también no permitirles disfrutar de sus fortunas en nuestros cómodos paraísos, fiscales y sociales.

Sería una buena tarea pedagógica para los habitantes de esos países, y también un rasgo de dignidad para nosotros, que nos cubrimos de mierda cada vez que damos cobijo algún asesino y ladrón dictador, o le permitimos que venga a tratarse sus enfermedades en hospitales de lujo (¡qué fácil es para algunos africanos obtener un visado y pasar el tiempo que quiera en Europa!), o hacemos la vista gorda al origen del dinero con el que compra propiedades por aquí.

PS: Transparency International es una ONG (con delegación en España) dedicada a la lucha contra la corrupción política. Entre otras cosa, ha denunciado judicialmente en Europa a algunos presidentes africanos corruptos. Como a menudo esos presidentes tiene relaciones muy estrechas y negocios con Francia e Inglaterra (de los que son ex colonias), es en esos países donde se presenta la denuncia; cuando los denunciados buscan su paraíso europeo, encuentran, entre otros, España, como ocurrió en mayo de este año con el presidente de Gabón.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Hambre

Según la ONU, ya hay más de mil millones de personas que pasan hambre.Lo publica 20 Minutos, pero en los periódicos importante, los que crean opinión, la persona más relevante del día es un tipejo que lleva un reloj de seis mil euros, no ninguna persona de esos mil millones. ¡Qué lástima que el hambre no sea rotativa!, como la presidencia de las comunidades de vecinos.

Cerca, tenemos gente que pasa hambre. Entre el dolor y la rabia, se puede hacer algo. El Banc d'Aliments (93 346 44 04) organiza una recogida de comida. Tan fácil como llevar arroz, pasta, legumbres, aceite o conservas a alguno de los puntos de recogida entre el 13 y el 17 de octubre o comprar vales de contribución a la campaña en los supermercados que participan (hay que pinchar en puntos de recogida).

¡Ah! y aunque se acabe esta campaña no se acaba la gente que pasa hambre. Que no  se acabe el dolor y la rabia.

jueves, 1 de octubre de 2009

Mujer atropellada en la Jonquera

El 19 de septiembre murió atropellada una mujer. La prensa se hizo eco de la noticia. Es fácil encontrarla en Internet; basta poner en el buscador las palabras prostituta atropellada Jonquera, que aparecían en el titulares de la noticia de la mayoría de los medios de comunicación (excepto alguno raro, como soitu.es, entre cuyos méritos está enlazar con el blog de Gervasio Sánchez, otro de esos periodistas de pluma y cámara inteligente y ética admirable).

Así que la mayoría de los periodistas nos contaron que era prostituta, que era nigeriana, que trabaja en el putiferio de La Jonquera y que no tenía papeles (y por eso cruzó la carretera sin mirar y corriendo huyendo de la policía). Hoy, en La Vanguardia, en una sección llamada Colaboran, y que consiste en "la actualidad vista por los lectores", la presidenta de la Cruz Roja en Girona nos cuenta que la mujer que murió en La Jonquera atropellada —por un tipo que salió huyendo— se llamaba Ivie, tenía veintiún años, había llegado desde Nigeria, ejercía la prostitución y participaba en un taller formativo de la Cruz Roja porque quería buscar otro trabajo. Una historia vital, una persona que era, como todas, algo más que la profesión que ejercía.

A mí me interesaban esos datos, pero los periodistas buenos, eso que trabajan en los medios grandes, no los consideraron importantes. Quizá estoy paranoica, pero lo cierto es que me da rabia que solo me contaran que era prostituta y nigeriana, y me da rabia porque me parece que me manipulaban y creo que no era casualidad que ese tratamiento de la noticia coincidiera con las que ¿informaban? de que prostitutas nigerianas ejecicían su trabajo en la vía pública y acosaban a la gente en Barcelona.

La democracia pasa por la opinión, y para formarse una opinión hay que tener información. Va a ser fácil opinar que las prostitutas son desalmadas, tontas, agresivas, incívicas, peseteras... y si son nigerianas, ¡ni te cuento!, muy diferentes de, por ejemplo, los consejeros delegados de bancos nacidos en Bilbao (o en cualquier otro sitio).

PS La vida y el nombre de Ivie me interesarían lo mismo, o más, si no hubiera seguido ningún curso de nada o no hubiera querido cambiar de trabajo; y también si hubiera nacido en Groenlandia o en Burgos.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Por nuestro bien

Leo en El País que en 2050 habrá 25 millones de niños malnutridos por el cambio climático y que si se invirtieran 7.000 millones de dolares anuales en adaptación de la agricultura, se evitaría esa vergüenza.
Seguro que José Ignacio Goirigolzarri y Francisco González no lo saben, porque si estuvieran al tanto harían algo, para evitar la molestia de que esos muertos de hambre (la mayoría de Asia y África) vengan por aquí a molestar. Para quien no lo conozca, Goririgolzarri es un señor al que prejubilan en el BBVA (ese que en vez de prestar dinero a gente agobiada por salvar un negocio, promociona y financia cosas como Operación triunfo y la liga de fútbol, todo muy social). Una situación dura por la que pasa mucha gente, sí, pero que se hace más llevadera si te pagan una pensión de tres millones de euros/año (o algo más o algo menos, da igual, sobrepasa en mucho la decencia).  Y no, a los muchos millones que se lleva en concepto de bonus, jubilación, premio al más especulador o me-río-de-la-crisis, a ese parné no le han aumentado la presión fiscal.

Al mismo tiempo, la UE decide que va a hacer que los MP3 salgan de fábrica con el volumen limitado, para protegernos de lo que podemos hacernos a nosotros mismos, ya que somos tontos y nos hacemos daño. El día que se decidan a limitar los sueldos y las ventajas de los ejecutivos, los beneficios derivados de actividades especulativas u opacas, las plusvalías de empresas que explotan trabajadores, la velocidad de los coches, la concentración del capital, los abusos de las compañías aéreas, la emisión de dióxidos de carbono (de verdad), la música en establecimientos públicos, es decir, esas cosas que nos hacen daño pero no podemos contralar. El volumen del MP3 ya lo controlaré yo.

Mientras la UE se decide, los clientes del BBVA pueden regular la contribución de ese banco a paliar la malnutrición depende de sus clientes: cierren la cuenta. El problema es dónde abrirla.

PS: Hay algunas opciones de banca ética (como el banco Triodos) para no participar tanto en esa ignomia que es la banca (especulación, inversiones asesinas, desfalcos, opacidad, control de gobiernos y países, por no hablar de cómo nos tratan a los clientes pequeños). Eso de los microcréditos que vemos que se hace en otros lugares está a nuestro alcance.